Sucesos

Un año sin Salwa: el crimen machista que estremeció a La Rioja

El asesinato machista que estremeció a La Rioja y convirtió a la refugiada siria en un símbolo contra la violencia sobre la mujer

Tal día como hoy, hace un año, los termómetros casi se derretían con los 40 grados de aquel tórrido sábado. Los logroñeses que no habían migrado al pueblo o a la playa se refugiaban en las piscinas o en las frigorías de los aparatos de aire acondicionado. Las calles echaban humo y no había un alma en la capital riojana, que en torno a las dos de la tarde se estremeció al calor de las noticias que llegaban desde dos enclaves de la ciudad: La Isla y la Plaza Martínez Flamarique.

Al primero de ellos acudieron de urgencia dos patrullas de la Policía Nacional, alertada de que un hombre intentaba arrojarse al Ebro en presencia de tres menores. No era el primer auxilio de estas características al que se enfrentaban los agentes, que se quedaron petrificados cuando Samer (de 44 años) les balbuceó que su mujer podría estar muerta en su domicilio.

En cuestión de minutos, varios coches patrulla y dos dotaciones de bomberos se arremolinaron en torno al número 1 de la Plaza Martínez Flamarique. Samer no había mentido en su declaración: cuando los policías accedieron a la vivienda encontraron en el suelo el cuerpo inerte y desangrado de Salwa (de 45 años). La noticia avanzada por NueveCuatroUno corrió como la pólvora y rompió un periodo de trece años sin asesinatos machistas en La Rioja.

En un piso de la segunda planta se había desatado el terror machista en su más cruda expresión. La motivación fue la recurrente en el problema estructural de la violencia de género: Salwa (de 45 años) no soportaba más el infierno en el que se había convertido su relación y Samer (de 44) no estaba dispuesto a permitir que su esposa decidiera sobre su propia vida sentimental. Antes de ver cómo Salwa iniciaba los trámites de la separación, y justo el día en el que iba a jurar la nacionalidad española, Samer optó por la solución más cruel y cobarde posible.

No solo la mató con extrema violencia, sino que después recogió a los tres hijos del matrimonio de la Biblioteca Rafael Azcona y se dirigió con ellos al Cuarto Puente. En sus declaraciones a la Policía, el asesino machista defendió que intentaba suicidarse arrojándose en el Ebro y que sus hijos (de entre 7 y 11 años), conscientes de que su padre no sabe nadar, trataron de ayudarle introduciéndose también en el agua. Otras versiones apuntan que su intención era la de asesinar también a los menores ahogándolos en el río.

Lugar en el que el asesino trató de ahogar a sus tres hijos y suicidarse. | FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Del terror en Siria al terror en Logroño

Samer y Salwa huyeron en 2012 de su Siria natal, amenazada por el imparable avance del Estado Islámico. Su primera escala fue en los campos de refugiados de Líbano, donde nacieron los tres hijos del matrimonio. Y cuatro años después llegaron «un poco desorientados y con algo de miedo» a La Rioja para asentar definitivamente su proyecto de vida.

Precisamente, en su declaración, el asesino machista confeso aseguraba -tal y como avanzó El Día de La Rioja el pasado mes de marzo- que había sufrido un secuestro a manos de terroristas en Siria y, desde entonces, oía «ruidos en su cabeza» que se manifestaban cuando discutía con su esposa. Samer llegó a asegurar que el día del crimen discutió con Salwa porque ella quería marcharse a Alemania y en ese momento «pasó a ver a miembros de la banda terrorista Daesh en lugar de a su mujer». Pese a ello, ni el forense ni los psicólogos consideran que dichas alucinaciones «objetivan alteraciones volitivas», es decir, que esas voces no influyeron objetivamente en su decisión de asesinar a Salwa.

Desde un primer momento, Salwa se afanó en echar raíces en Logroño e intercambiar lo mejor de la cultura siria y la riojana. Era una mujer «delicada, dulce y súper educada», recuerdan desde la Asocación Color, entidad que agrupa a inmigrantes colombianos en la región. Conocían a la mujer asesinada, precisamente, por su implicación en el tejido comunitario de la capital riojana. Colaboradora habitual de Arabella (la asociación de mujeres árabes en La Rioja), Salwa participaba activamente en iniciativas de Logroño Intercultural como la ‘Biblioteca Humana’, en la que compartió su experiencia vital para derribar estereotipos y prejuicios contra el colectivo inmigrante.

El sueño roto de una vida tranquila lejos del terrorismo lo encarnan los tres hijos del matrimonio (dos chicas y un chico, que hasta hace solo un mes estuvieron tutelados por los Servicios Sociales del Gobierno de La Rioja. Casi un año después del macabro asesinato de su madre, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer concedía a la familia de la fallecida -residente en Alemania- la custodia de los menores.

Una ilustración de Salwa presidió la primera concentración mensual contra la violencia machista en Logroño. FOTO: EFE/ Raquel Manzanares.

Por lo trágico de su historia, Salwa se ha convertido en este último un año en un símbolo contra la violencia machista en la sociedad riojana. El Ayuntamiento de Logroño organiza cada mes una concentración en repulsa de este problema estructural. En la primera de ellas, precisamente, una ilustración de la propia Salwa para una de las actividades de Logroño Intercultural sirvió para simbolizar el rechazo de la ciudad contra la violencia contra la mujer.

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