Toros

Diego Urdiales pincha una gran faena repleta de ‘momenticos’

Desde que explotara el chupinazo ayer a las doce del mediodía, la palabra ‘momentico’ se ha convertido en una especie de mantra. La salida de los gaiteros a eso de las doce y diez cada seis de julio es un ‘momentico’. El ‘ánimo pues’, otro. También es un ‘momentico’ el ‘riau-riau’. Y la jota que se canta al terminar el primer cántico del encierro el siete de julio es otro ‘momentico’. La procesión de San Fermín, claro está, es uno de tantos ‘momenticos’. Como el despeje de plaza a galope nada más romperse el paseíllo. O cuando los mozos entonan ‘la chica yeyé’, el estribillo de ‘no hay tregua’ o la sintonía de la Metro Goldwyn Mayer. Todos son ‘momenticos’. También lo es la copiosa merienda en el cuarto toro.

Pero el caso que la faena de Diego Urdiales a su primero hoy ha estado repleta de ‘momenticos’. De ‘momenticos’ rebosantes de torería, gusto, empaque y pellizco. Como el inicio de faena sobre las piernas salpicado con un trincherazo de cartel, dos ayudados por alto barriendo el lomo del toro o un molinete marca de la casa. Más ‘momenticos’ regaló Urdiales en dos series por el pitón derecho plenas de sabor y ciencia. Porque supo dar Urdiales con los terrenos, las distancias, los tiempos y las alturas de las telas. Y así surgieron derechazos con ritmo, cadencia, compás y mucha reunión. Fue la reunión, que es lo cerca que pasa el toro del torero, y el gusto las notas predominantes en la obra de Urdiales. También la limpieza, fruto del excelente temple.

El mismo nivel mantuvo la obra cuando Urdiales se echó la muleta a la mano izquierda. Fluía el toreo como antes en series largas y mandonas que aprovechaban los buenos viajes y las inercias con las que se iba moviendo el toro de la La Palmosilla. Fue este un animal cinqueño, de generoso cuello que enseñaba las vueltas de unos pitones que se recogían mirando al cielo. Se llamaba ‘Gallardio’ y era el toro castaño que por la mañana se paseó dos veces por el rebosante ruedo pamplonica sin tirar una cornada el ‘momentico’ de la mañana. Así de suelto se comportó durante los dos primeros tercios de la lidia, sin que nadie, salvo el picador en un primer encuentro consiguiera fijar aquellas desabridas embestidas. Ya en la muleta, la movilidad y la nobleza fueron las virtudes de unas embestidas que carecieron de profundidad.

Cambió (o no) Urdiales el estoque simulado por el de verdad y aún citó de frente al tal ‘Gallardio’ para robarles dos naturales. Bien es cierto que, estando Urdiales tan vaciado y abandonado, el final de la bella faena se esperaba aún mejor. Y pinchó Urdiales antes de dejar una estocada contraria que necesitó de demasiados golpes de cruceta. Y llegaba el ‘momentico’ de pitar cada pinchazo olvidando el buen toreo del riojano. Poque otro de los ‘momenticos’ de San Fermín es no entender que se ha hecho el toreo.

A media que se abrían las tarteras de albóndigas y los tápers de macarrones, apareció ‘Escandaloso’ por la puerta de toriles, tan destartalado de pitones como de hechuras y kilos: 610. Estampa de toro incapaz de embestir y así fue. Intentó Urdiales hacer todo a favor de aquel animal de más boceto que estampa, dando tiempos y distancias e intentando alargar cada muletazo. Cuando fue Urdiales a exprimir aquellas desabridas embestidas se supo que no quedaba ni gota de acometividad.

Hubo más ‘momenticos’. Como el de premiar a Fernando Adrián con una oreja del quinto por un trasteo en el que hubo más barullo que limpieza. Se quedaba Adrián mal colocado entre muletazo y muletazo y, o no corregía la posición, o enmendaba ésta con un pase por la espalda. Pues eso. Perdía pasos Adrián y el toro las manos. Sobre todo, al principio de faena. La estocada resultó caída, pero el ‘momentico’ de premiar un trasteo insulso no se hizo esperar.

El toro más feo del desigual encierro de La Palmosilla fue el segundo. Tan terciado, tan poca cosa y hasta acapachado de pitones. Impropio de Pamplona. Nunca terminó de humillar y casi siempre se quedó corto en los engaños de Adrián. El diestro madrileño, que lo había recibido con varios faroles de rodillas, trató por todos los medios de llegar a los tendidos y volvió a pasárselo por la espalda unas cuantas veces. Un pinchazo privaba ahora del ‘momentico’ de la oreja barata.

Triunfó Borja Jiménez que fue herido de muy feas maneras cuando estoqueaba al sexto toro de la tarde. Fue este el mejor astado del conjunto con diferencia. Tuvo prontitud, nobleza, recorrido, humillación y repetición. Y, por encima de todo, un viaje largo que hacía que se alejara de los vuelos de la muleta entre muletazo y muletazo. Un largo inicio de rodillas en los medios puso el triunfo en bandeja al diestro sevillano. A aquel inicio le siguió una serie por el pitón derecho de buen trazo, mano baja, ritmo y firmeza. Pero el buen toro de La Palmosilla fuer acortando los viajes y la faena entrando en barrena. Un pinchazo precedió una estocada de la que Borja Jiménez salió gravemente herido. Brotaba la sangre del muslo de Jiménez al tiempo que el toro doblaba las manos. Llegó el doble trofeo con Borja Jiménez casi inconsciente entrando en la enfermería. La épica.

Jiménez, que recibió a su primer oponente a porta gayola, comenzó su trasteo sentado en el estribo y este mejoró cuando irguió la figura para sacarlo al tercio con torería y sabor. Fueron diluyéndose las embestidas del toro y también cualquier atisbo de triunfo.

La ficha: Plaza de toros de Pamplona. Lleno de ‘no hay billetes’ en tarde agradable.
Toros de La Palmosilla, desiguales de presentación y juego. Destacó por movilidad y nobleza el lidiado en sexto lugar, siendo el mejor del encierro. Buenos y con opciones de triunfo fueron los corridos en primer y quinto lugar. A menos fue el tercero. Deslucido el segundo y sin opciones resultó el cuarto.

– DIEGO URDIALES, silencio tras dos avisos y silencio.
– FERNANDO ADRIÁN, palmas y oreja.
– BORJA JIMÉNEZ, silencio tras aviso y dos orejas.

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