Dos exigencias se había autoimpuesto. La primera, llamar todos los días a casa, para decir dónde estaba y hasta dónde pretendía llegar el día siguiente. Y la segunda, disfrutar al máximo de su moto, de la carretera y de las personas y momentos que se fuera encontrando por el camino. Javier Echeverría es el protagonista de dos viajes en moto y un punto de ruptura. El primer viaje le llevó hacia el sur. Se trataba de saber hasta dónde podía llegar. «Solo eso. No había mayor pretensión», indica. El segundo viaje le llevó al este, en busca del lejano oriente. También para saber hasta qué lugar llegaría.
Pero para meterse más de 27.000 kilómetros en moto, este riojano, Javi Echeverría tuvo que superar ese punto de ruptura que toda persona acaba teniendo. Solo hay que sentirlo como tal para aprovecharlo de forma positiva. Fue en 2021. Y nada tiene que ver con la pandemia. Aunque quizás había entonces más ganas de sentir el aire en la cara. Ese año, Javi Echeverría, Guardia Civil de profesión, tuvo una operación de espalda. «Y no es que me hiciera ver la vida de otra manera».
Porque Javi es una persona bastante normal. Tras haber recorrido buena parte de África y una parte bastante extensa de Asia, Javi no se cree alguien especial, ni estos viajes «me han hecho ver la vida de otra manera». Asegura que «tengo un gran familia, un buen trabajo, una vida normal…», pero le gusta viajar. Le gusta mucho viajar, sobre todo en moto, y esto le obliga a hacerlo en solitario. Y la moto, la soledad, Mauritania, Senegal, Irán, Irak… todo esto tiene su riesgo, y un gran premio al final de sendas rutas: «Conocerse un poco mejor, y recordar aquella sensación en esa playa tan oportuna, o aquella conversación con esa persona tan especial o cómo resolví algún problema inesperado que fue surgiendo por el camino».

Javi, sobre su moto, por una carretera en Mauritania.
«Me operé de la espalda y tenía una moto de esas más deportivas, en las que te da el viento en el pecho y eso acaba pasando factura a la espalda». Se pasó a un maxi trail. Y si las motos deportivas son para correr, las maxi trail son para cubrir largas distancias. Y a ello que se puso Javi Echeverría. Primero, hacia el sur; después, hacia el este, y luego… «ya veremos, de momento tranquilidad», explica.
Son 27.400 kilómetros en dos años. El primer viaje lo inició en 2022, tras superar la operación de espalda. Le llevó desde la puerta de casa hasta Gambia pasando por España, Marruecos, el Sáhara Occidental, Mauritania y Senegal. «Y vuelta, porque siempre hay que volver». En total, «13.200 kilómetros», mira en sus apuntes de viaje. El segundo, del que acaba de llegar para celebrar a tiempo su cumpleaños, el 10 de junio, en casa, le ha tenido desde el 13 de mayo fuera de casa. Desde la puerta de su casa a Barcelona, ferry a Roma, en Italia ferry a Albania, Kosovo, Macedonia, Bulgaria, Turquía, Irak, Irán… y vuelta por Grecia para volver a casa. «Siempre hay que volver a casa». En total, «14.200 kilómetros», tal y como tiene apuntado en su libreta del viaje.
«Tengo alguna buena historia que contar a los amigos, pero lo importante siempre está en casa», advierte este viajero insaciable que habla poco inglés, menos francés, pero se apaña bien con las personas. «Estoy seguro que ser Guardia Civil me ayuda a tratar con las personas», explica Javi. En sus viajes ha buscado en todo momento «la experiencia de estar solo montado en la moto. Para mí eso ya es algo excepcional, a lo que hay que añadir parajes increíbles y encontrarse con gente del todo desconocida que siempre te sorprende para bien».

En Irán.
Sí ha tenido esa sensación tan extraña de «sentir que he sido la primera persona que ha pasado en moto por ese lugar». Reconoce que eso le ha pasado sobre todo «en África». Y, asegura, «que como África no hay nada igual». Para lo bueno y para lo malo, África se graba en el corazón del viajero. Para Javi viajar es «llegar destrozado a un sitio, encontrar un lugar en el que poder dormir un rato, y sin esperarlo descubrir un río, una playa o un lugar en el que de repente todo ese cansancio ha merecido la pena por estar en este lugar en ese momento». Para Javi, «viajar no es ver los sitios, es encontrarse con una persona que ya formará parte de tus recuerdos por mucho tiempo».
Como ese policía de aduanas, entre Senegal y Gambia. Aquel teniente de Senegal estaba tocado con la boina de la Guardia Civil. «Fue increíble que ese policía se había formado en Logroño. Encontrarse con él fue del todo inesperado y es un recuerdo que permanecerá», apunta Javi. Lo del instituto armado le ha venido bien para comprender mejor qué está pasando a su alrededor, sobre todo «en los momentos más complicados». Como los pasos de fronteras. No se le olvidarán jamás aquellas cinco horas en la frontera iraquí. «No les cuadraba que un Guardia Civil quisiera entrar solo a su país». Fue pasando de despacho en despacho, y por los uniformes fue comprendiendo que cada vez estaba un poco más alto en el escalafón. «Hasta llegar a un mesa con unas esposas. Ellos sin hablar inglés y yo sin hablar su idioma. Pero había unos calabozos justo detrás de mí, y comprendí que las esposas no eran para mí», advierte Javi, consciente de que alguien sin su formación, de verse en esa situación, hubiera vivido un momento de incertidumbre que realmente «te puede llevar al límite». Asegura que «ser Guardia Civil te permite tener un trato más directo con las diversas policías de los países porque al final la formación es más o menos parecida».
Las dos vueltas en moto de Javi han estado motivadas por un hecho de lo más humano: la curiosidad. Curiosidad por conocer otros lugares, curiosidad por conocerse a uno mismo un poco mejor, curiosidad por saber hasta dónde se puede llegar, cuál es su meta. Por eso se viaja, para descubrir, por ejemplo, que Irán es un país de «gente maravillosa que tiene prohibido el uso de motos de más de 250 cc. «Nadie supo o quiso decirme la razón». Y en el país donde las motos como la suya están prohibidas, «salvo para los extranjeros que viajan por el país», sucedió lo que teme todo buen motero, además de al accidente, la averigua en el lugar menos adecuado. «Se me rompió la cadena de la moto. Y no sabía dónde encontrar esa pieza en un país en donde están prohibidas este tipo de motos». Dio con un taller de motoso grandes, un talle por tanto ilegal, con motos todas ellas sin matricular. «Ahí encontró la pieza que necesitaba». Lo de acabar de noche dando una vuelta por Teherán con su moto y unos cuantos iraníes manejando motos de más de 250 cc queda en otros de esos recuerdos que ese momento le generaron mucha inquietud y que ahora es «una buena anécdota que contar a los amigos».
Consejos para moteros viajeros
Javi no se extiende en grandes discursos motivadores. Todo lo contrario. Habla desde la normalidad, desde la satisfacción personal de lo vivido. Sin más pretensiones. Pero sí que hace una petición a los que se animen a viajar cómo él lo ha hecho. «El sentido común es el mejor aliado, pero nada va a salir bien si el viaje no se prepara en condiciones». Y pone un ejemplo, «mi viaje hacia Irán arrancó en mayo. En enero fue cuando comencé a prepararlo todo». Porque viajar en moto exige un conocimiento de la ruta muy preciso, porque en ciertos lugares «los errores se pagan caros». Viajar solo y en moto requiere de una preparación muy exhaustiva. «Hay foros para moteros que son perfectos porque son pocas las guías que se centran en los viajes en moto, con las necesidades que podemos tener los que vamos en moto».

En Senegal
Así que sus dos vueltas en moto por el mundo han sido un éxito, está en nuevo en casa, por ese trabajo de preparación que le permite disfrutar de esa sensación de rodar sobre su moto en la más absoluta soledad por lugares del todo desconocidos por donde no muchas personas han pasado. Él, sin duda, ha alcanzado su meta.


