Entrevista

“Antes se te averiaba el camión en carretera y lo arreglabas con un alambre”

Jesús Sáez Peña acaba de cumplir 75 años y lo ha hecho en plenitud física y con el depósito de la felicidad a rebosar. No en vano, su empresa, Transportes Sáez, fundada con un solo Barreiros’hace 40 años, cuenta hoy con una flota propia de más de 400 vehículos y cerca de 150.000 metros cuadrados dedicados al almacenaje y la logística.

Su actividad profesional y empresarial parece haber llegado a su fin y, por eso, este viernes, CETM LA Rioja le hará entrega de su I Insignia de Oro como reconocimiento por parte del sector del transporte riojano a su trayectoria profesional ejemplar, su capacidad de trabajo, su esfuerzo desmedido y, muy especialmente, a su talante conciliador y cordial. Porque, además de transportista, Jesús Sáez es buena persona. Que no es poco.

– Jesús, hace 40 años usted creó una empresa de transporte, ¿cómo fue aquello?

– Hace 40 años no creé una empresa de transportes, tenía la ilusión de crear una empresa de transportes. Y esa ilusión me llevó a comprarme un camión; mis hermanos se dedicaban al transporte y a mí me gustaba. Empecé a trabajar el sector de la alimentación y también me ayudó que General Motors se instalara en La Rioja. Entre unos y otros me daban viajes, yo era serio, daba el servicio que me pedían y, poco a poco, fui aumentando mi flota.

– ¿Cuándo deja Jesús de ser conductor para convertirse en empresario de despacho?

– Al cien por cien no he dejado nunca de ser conductor. Me gusta el camión y, de vez en cuando, aún conduzco. Estuve 4 años con un solo camión, luego adquirí 5 y no fue hasta que me hice con una flota de 15 cuando me dejé a un lado ‘la rosca’. Pero claro, si no se ponía un chófer malo ocurría otra cosa y yo era el comodín que cogía el camión que se quedaba sin conductor.

– ¿Cómo era aquella vida encima del camión?

– A pesar de que parezca que antes la vida en el camión podía ser muy incómoda y sacrificada, y lo era, vivíamos mejor que ahora. No estábamos tan envenenados, éramos todos amigos, como una familia. Paraba uno con una avería y parábamos todos para ayudarle. Por supuesto, también había tiempo para la diversión, pero quienes decidieron divertirse más que trabajar no llegaron a prosperar como los que decidimos ser responsables y anteponer el trabajo a la fiesta.

– Pero el esfuerzo físico que hacía antes un conductor era enorme…

– Era brutal. Estaba de fiesta un sábado o domingo, te llamaba un cliente al que le hacían falta camiones y yo cogía el camión y hacía los viajes que hicieran falta. También estaba el esfuerzo físico, pero aquel esfuerzo no suponía trabajo porque hacías lo que te gustaba. Yo me echaba la lona al hombro, me subía encima del camión a 4 metros de altura y desde ahí tendía el toldo para tapar el camión. En Manlleu, recuerdo que llegaba con el toldo cuarteado del frío y había que subirse al camión para quitarle el hielo primero y luego retirar el toldo. Hacíamos verdaderas salvajadas.

– Y el esfuerzo de estar fuera de casa, me imagino…

– Efectivamente. Ese esfuerzo era mayor aún. Cuando empecé, yo me tiraba semanas enteras fuera de casa. Recuerdo que no me afeitaba y cuando regresaba a casa mis hijos ni me conocían. Llegaba con barba, sin dinero… ahora esos problemas ya no existen. Los conductores disponen de tarjetas de crédito de la empresa y de muchísimas comodidades en el camión. Antes tenías una avería en carretera y no tenías dinero para solucionarlo.

– ¿Y qué hacía en esas situaciones?

– Pues pedir dinero, ser formal y demostrar que lo ibas a pagar. Yo les decía que llamaran a los talleres de Logroño para que vieran qué tipo de persona era yo, que pidieran referencias y que volvería lo antes posible a pagar la avería.

– Pero eso ya es historia.

– ¡Cómo lo sabes! Ahora se avería un camión y el conductor ni se baja de él. Llaman por teléfono y ni tan siquiera saben lo que ha pasado. Antes levantábamos la cabina y con un alambre conseguías arrancar el camión. Claro que lo que antes costaba dos horas en ser arreglado, ahora son dos días. Actualmente no saben ni levantar la cabina y tampoco si la avería se debe a que el camión pierde aceite o agua.

– Podemos decir entonces que la vida del conductor ha cambiado para bien.

– No te creas. En cuanto a comodidades, sí, por supuesto. Antes, el conductor lo era por vocación y disfrutaba con lo que hacía. Ahora no, el conductor de hoy lo es por obligación, no le gusta el camión y eso es un problema. ¡Cómo se puede dedicar alguien a esta profesión sin gustarle! Es imposible, pero, lamentablemente, cada vez hay más gente en esta situación.

– Hablamos de camiones, pero los avances tecnológicos vividos últimamente en las empresas de transporte son increíbles.

– Piensa que yo cuando empecé transportando congelado, el pescado se salía de las cajas de cartón porque el hielo que lo conservaba se había derretido. Ahora, en cambio, se sabe a qué temperatura ha ido una carga durante toda la operación de transporte, si se ha roto la cadena de frío, cuándo y dónde se han abierto las puertas del camión… por no hablar de la tecnología aplicada en los procesos logísticos y de almacenaje…
Son avances necesarios, pero que el sector siempre ha visto con cierto recelo. Pero llega el cliente, te lo exige y no queda otra que poner en marcha esas mejoras, que luego son siempre positivas.

– En estos 40 años habrá habido algún momento malo.

– Ha habido de todo. Una vez, la única, nos limitaron mucho el acceso al crédito y ahí pasamos una temporada mala en la empresa. Mi filosofía siempre ha sido la de tirar adelante, afrontar el día a día profesional como un reto. Siempre que surge un problema, hay una solución que no hay que tardar en buscar.

– Muchos más momentos felices, claro.

– Por supuesto. Si no hubiera sido feliz no hubiera estado aquí estos 40 años. Miro atrás y todos los recuerdos son bonitos y satisfactorios. Cuando ves tu flota funcionando lejos de casa te sube el ego. Y las instalaciones que he ido diseñando son motivo de orgullo. Porque cuando empiezas, empiezas con lo poco que tienes, que es con lo que tienes que tirar hacia adelante. Y ahora veo que mucho de lo que tengo está hecho a mi gusto, y eso es un motivo de gran felicidad.

– ¿Puede empezar un transportista desde cero hoy en día?

– Lo veo muy difícil. Hace falta mucho dinero para poder subsistir en el sector. Los que hoy empiezan con un camión tienen un mérito enorme, pero si no tienen un respaldo cuando llegan las averías y los problemas les resulta imposible salir adelante en muchas ocasiones.

– Este viernes CETM La Rioja le impone su I Insignia de Oro.

– Sinceramente, creo que no me lo merezco. No soy tan bueno como dicen que soy… Pero no puedo estar más agradecido. La CETM en La Rioja engloba a la práctica totalidad del sector y es un orgullo recibir el cariño y el reconocimiento de las empresas de transporte más importantes de La Rioja. Es regresar a los inicios, como te decía antes, volver a sentirme en familia con el resto de los compañeros, tal y como cuando empecé.

– ¿Va a saber vivir a partir de ahora sin trabajar?

– Estoy aprendiendo, que no te creas que no cuesta dejar de pensar si un camión llegará a tiempo, si un cliente pagará a fecha de vencimiento o si un conductor romperá o no el camión, Pero sí, intentaré disfrutar de los nietos lo que no he disfrutado de los hijos, disfrutaré viajando al lado de mi mujer y seguiré yendo al frontón con más asiduidad para ver partidos de pelota.

– Tenía que dejar un tiempo para escribir sus memorias, que tienen que ser, cuando menos, curiosas.

– Jajaja. Me lo han dicho más veces. ¡Bah! No dejan de ser batallitas que, con el paso del tiempo, pierden aliciente. Pero no sé. No lo descarto.

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