¿Quién dijo que con 92 años no se puede estudiar? Basta con mantener activa la mente y querer empaparse de todo conocimiento. Del resto se ocupan los docentes de la Universidad de la Experiencia de la Universidad de La Rioja que cuentan con dos alumnas nonagenarias como las más longevas de la clase. También hay algún estudiante de menos de 60 años, aunque la franja media de edad ronda los 60 y 70 años. Pilar Montañés, nombrada directora académica de la Universidad de la Experiencia en 2021, asegrua que este servicio es mucho más que una formación para adultos: «Esto funciona como un lugar de intercambio, una fuente de apoyo social entre alumnado y profesorado, donde ellos también hacen amistades y desarrollan muchas más aptitudes».
En La Rioja son 551 las personas que este curso han decidido ocupar un hueco en estas aulas, tanto en los cursos anuales como en la formación permanente, una vez ya se han graduado. Un volumen de estudiantes que ha ido creciendo gradualmente en los últimos años y que nada tiene que ver con los registros iniciales. Logroño fue la primera localidad en contar con un centro para este alumnado adulto en 2005, mientras que al año siguiente se abrió una sede en Calahorra. En 2016 se hizo lo propio en Arnedo, y al curso siguiente, en Haro. El centro de Santo Domingo de la calzada ha sido el último en incorporarse al mapa de formación desde el pasado mes de octubre. «Son los propios vecinos, a través del Ayuntamiento, quienes demandan este servicio, de ahí que se haya ido ampliando progresivamente a diferentes municipios. Es un proyecto muy acogido por la sociedad riojana y creo que la gente está bastante interesada», celebra Montañés.
La formación se distribuye en tres o cuatro cursos anuales con dos o tres clases a la semana, en función del centro. Se realizan como módulos y la programación es variada e igual para todos, abarcando áreas como matemáticas, astrología, literatura, lenguaje, historia, psicología, filosofía e incluso medicina preventiva. El alumnado se gradúa cuando completa esta formación y es a partir de ahí cuando puede elegir continuar formándose en la Universidad de la Experiencia a través de la formación permanente, algo que tiene bastante demanda y donde el estudiante se apunta a varios cursos a la vez.

Alumnos del centro de Logroño.
Y al igual que existe variedad en la programación académica también la hay en el perfil del alumnado, aunque en su mayoría es un público femenino. Desde sanitarios o empleados de banca a maestros, pasando también por personas que nunca han ido a la universidad y que tal vez tan solo cuentan con una formación básica u otras que tampoco tienen experiencia laboral. «Pero todos tienen en común esa motivación, las ganas de aprender y el ser muy participativos», destaca la directora.
La también profesora del área de Psicología Social de la UR incide en que estos estudiantes ya con ardua experiencia en la vida «aportan muchas cosas en las clases, por lo que es una experiencia completamente diferente a estar con estudiantes de 20 años». La receptividad en el aula a cualquier tipo de enseñanza y conocimiento, remarca, es otro de sus potenciales. «Y así es muy bonito y gratificante dar clase porque todos y cada uno de ellos te muestran un interés enorme, se lo toman muy en serio. Se nota que no lo hacen por una necesidad, sino por gusto».

Alumnos del centro de Santo Domingo de la Calzada.
«Y que no se piense la gente que aquí no estudian o hacen sus trabajos. Esto es una formación más, así que también hacen sus presentaciones y proyectos. De hecho, hay muchas asignaturas cuyos contenidos se imparten de igual forma para el alumnado joven que para el adulto, como es en mi caso, donde doy los mismo conceptos de psicología de la intervención social a unos y a otros. Aunque en otras ramas sí que varían o son áreas diferentes que no se abordan con los chavales y se han diseñado exclusivamente para la Universidad de la Experiencia», apunta Montañés.
La directora incide en los beneficios, ya no a nivel académico, sino de desarrollo personal que ofrece esta formación para adultos, siendo en algunos casos, incluso, el único tipo de formación que han experimentado a lo largo de su vida. Por eso confía en que la demanda siga creciendo: «El que cada año vayamos sumando estudiantes a nuestras listas dice mucho de la población adulta que hay en esta comunidad, por eso creo que el futuro de la Universidad de la Experiencia va a ser muy positivo gracias a la implicación de estos alumnos».


