TRIBUNA

Dicen que estamos locos de la cabeza

Dicen que estamos locos de la cabeza. La frase que nos ha acompañado a todos desde el inicio de todo. Un cántico que ya se ha convertido en una de nuestras señas de identidad y que todos los aficionados hemos ido cantando en cada uno de los campos que hemos visitado en todos estos años con Doña Unión Deportiva Logroñés. Una frase que este domingo gritarán al unísono las más de 11.000 almas que se congregarán en Las Gaunas para vivir la gran final contra el Marbella FC.

Qué camino el que nos ha tocado recorrer, eh. Siempre remando contra viento y marea. Han sido años de trabajo arduo, de luchar contra la adversidad, de levantarse tras cada caída, de subir, de bajar y seguir adelante con más fuerza después de los golpes. Y a pesar de todo, gracias a todo lo que hemos vivido, hemos logrado construir nuestra identidad sobre la base del sacrificio y la solidaridad, sobre la certeza de que el fútbol es un reflejo de la vida misma: a veces injusta, a veces dura, pero siempre digna de ser vivida con pasión.

Y me van a permitir decir que, para los que nos ha tocado estar lejos de casa, es especialmente duro. Esa sensación de ‘traición’ que recorre todo el cuerpo al no poder acudir al templo a animar al equipo o al no poder viajar en un partido crucial es absolutamente terrible. Cuántos partidos sin televisión, sin radio -hasta que aparecieron los valientes Moreno, De Pablo, Íñiguez y compañía-, sin cobertura de ningún tipo en medios de comunicación, sin aplicaciones de resultados en directo porque al ser infrafútbol sólo te cuentan el resultado final y no siempre llega a tiempo, pudiéndolo seguir muchas veces únicamente gracias a todos aquellos aficionados que deciden comunicarlo a través de las redes sociales.

Cuántos goles celebrados en silencio, cuántas lágrimas de felicidad contenidas, y cuántas de tristeza y frustración he tenido que derramar encerrada en un baño porque las obligaciones laborales me han impedido estar con mi equipo. Supongo que, por este tipo de cosas, dicen que somos locos de la cabeza. Animar a un equipo que, muchas veces, no sabes ni cómo juega porque no lo has podido ver con tus propios ojos y te haces a la idea según lo que te lo han contado otros.

Ser aficionado de la UD Logroñés no es solo un acto de fe, es un desafío diario que exige una pasión inquebrantable y un amor por el fútbol que va más allá de los resultados y de la categoría en la que compita el equipo. Ser aficionado de este equipo es enfrentarse a la indiferencia de quienes podrían proporcionar un impulso desde su posición privilegiada, pero que eligen ignorar el esfuerzo colectivo de miles de seguidores.

Y por eso hoy quiero dar las gracias, gracias a todos los que estuvieron en los inicios, a los que presenciaron el escándalo de San Gregorio, a los que visteis cómo eliminábamos al Villarreal B de Rodri y luego cómo nos la pegábamos en Sevilla. A todos los que, a pesar del resultado, salimos del Rico Pérez con la sensación de que podíamos remontar, pero no fue así. Gracias a todos los valientes que fuisteis a Málaga, incluso sin poder entrar al estadio, para vivir el mejor momento de nuestra historia. Pero, sobre todo, gracias a los que no habéis dejado de alentar al equipo pese a esos dos dolorosísimos descensos y a quienes habéis estado, jornada tras jornada, acompañándolo por el barro de Segunda Federación.

Dicen que estamos locos de la cabeza. Y qué, si es verdad. Locos por nuestra ciudad, por nuestras raíces, por nuestra tierra, por nuestros colores y por un equipo que, de forma inexplicable, nos ha robado a todos el corazón. Así que, bendita esta locura que nos mantiene a todos cuerdos.

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