Este es un mensaje específicamente dirigido a ti, que este domingo pisarás por primera vez Las Gaunas para presenciar un partido de la Unión Deportiva Logroñés. Vaya por delante que eres bienvenido -nunca es tarde si la dicha es buena- y, precisamente por eso, me siento en la obligación moral de advertírtelo: es muy posible que presencies circunstancias a las que la ciencia tradicional no encuentra explicación. Porque la UD Logroñés es Matrix, y si creías que ver aterrizar un helicóptero del Ejército con los Reyes Magos a bordo es lo más extraño que puede pasar en un estadio de fútbol, lo lamento, pero estás en un error.
Que la UD Logroñés es Matrix lo sabemos de sobra quienes llevamos ya unos cuantos años frecuentando citas blanquirrojas. Como en la peli de las hermanas Wachowski, este domingo presenciarás estampas que seducen a la retina, pero es probable que se te fría el cerebro si acabas entrando en la trama. Si finalmente te gusta la experiencia y repites, tarde o temprano te sentirás como Neo, preguntándote quién carajo te ha conducido hasta ahí y buscando a la desesperada una salida a tremenda encerrona.
Los designios de la Unión Deportiva Logroñés los dicta una inteligencia artificial y -al igual que esas imágenes creadas por algoritmos en las que se cuela un individuo con siete dedos- en ocasiones el sistema se vuelve tarumba y depara situaciones alucinantes. Y no me refiero a que de repente te veas un sábado adelantando una comida familiar para llegar a tiempo a un partido contra la Mutilvera, no. O que te hagas un Logroño-Guijuelo en el día sin mayor propósito que ver jugar a tu equipo. Qué va. Hablo de cosas flipantes de verdad.

Aficionados en Guijuelo: 900 kilómetros para ver un partido de la cuarta categoría del fútbol español. Un error claro del algoritmo.
Mira este domingo a tu alrededor y pregúntale a alguno de los veteranos de grada qué fue aquello de Torrent contra el Huracán. O qué pasó en Formentera (si tienes la suerte de dar con alguien que te cuente una historia de una gitana vendiendo lotería el día previo al partido, flipa, creételo porque ocurrió de verdad). Evita fingir que estuviste en La Rosaleda -«Menuda fiesta, ¿te acuerdas?»- para ver el ascenso a Segunda División, porque un reverso tenebroso de la IA propició que 28.500 butacas de plástico fueran testigos del mayor hito del fútbol riojano en el siglo XXI.
La UD Logroñés es Matrix. Y a lo largo de tu camino te asaltarán agentes Smith (a diferencia de en la peli no visten trajes italianos con gafas oscuras) con la única intención de infectar tu ilusión para que te bajes del barco. Lo harán con troyanos que, quizás, te resulten familiares: «Yo, cuando estemos en Primera, ya si eso», «en Logroño el fútbol no interesa», «Félix Revuelta vende el equipo este verano»; «es que en Logroño, con dos equipos, es imposible». Y ojo, que los virus se actualizan y mutan a mensajes como: «A ilusionar».
La UD Logroñés es Matrix. Y hay toda una generación que no lo sabe porque el código binario corre por sus venas. Para ellos la distopía es, curiosamente, el recuerdo de un pasado que respetan aun sabiendo que no va a regresar por mucho que se le invoque. Son los hijos de una generación perdida que, como el «hacedor de llaves» de la película, no tienen mayor interés que abrir nuevas puertas para encontrar al otro lado la gloria deportiva. Y que, pudiendo comprarle ahora a sus hijos la camiseta de Jude Bellingham, prefieren calzarles la blanquirroja. Pobres criaturas.

Mayoría de camisetas blanquirrojas entre niños que han nacido del barro. Cosa, sin duda, de Matrix.
La UD Logroñés es Matrix y aunque creas que esta película ya la has visto, tarde o temprano aparecerán las guionistas para plantarte ante una nueva secuela de naturaleza desconocida e inverosímil. Y quizás ahí sigas tú, que sin saberlo habrás ingerido ya la pastilla blanquirroja. Quién sabe, lo mismo hasta la tomas aun a pesar de un mal resultado (Dios no lo quiera) contra el Marbella FC. Te habrás convertido en otro error de un sistema que te predetermina a ser de Barça o del Madrid porque, claro, ¿qué puede igualar la gloria de unas vitrinas repletas de trofeos? ¿Apoyar a un equipo que, vale, es de tu ciudad, pero solo ha conquistado una fase regional de la Copa Federación? Amos, hombre. ¿Para qué complicarse la vida con lo bonito que está el Bernabéu en 4K?
No le busques sentido, que no lo tiene: esto en realidad no va de ganar o perder. Va de categoría, no de división. Va de disfrutar el camino, aunque el GPS te lleve por carreteras repletas de socavones y te destroce los bajos en cada curva. Tú, que vendrás este domingo por primera vez a Las Gaunas para ver un partido de la UD Logroñés, goza y abraza el lema que Diego Martínez ha legado ya a la historia del club: «Cuando Las Gaunas juega, Las Gaunas gana». Es el momento de jugar.



