Decía la antigua presidenta de una peña que con el programa de una de las que componen las fiestas en Calahorra se hacía un programa entero en otro municipio. No es exageración, las peñas de Calahorra tienen decenas de actos a lo largo de la semana más importante del año en la ciudad. Estos días, sus presidentes no paran. Llevan semanas dejando a un lado su vida personal para dedicarse en cuerpo y alma a organizar su programa. Delegan «en las veinte mismas personas de siempre», pero son las que deciden y las que están al pie del cañón.
Después de recuperar los festejos hace un año, todo ha vuelto a la normalidad para ellos. Pero es una normalidad poco habitual para el que no lleva a una de las peñas en el corazón y el alma. Se dejan cada día la piel. La organización de los actos lleva mucho más de lo que se ve a simple vista. Cuadrantes de responsables, horarios de barras, comprar las necesidades, contratar las actividades, la elaboración del zurracapote, la entrega de las entradas…
Este año, a todo eso, se suma los quebraderos de cabeza por la subida de los precios de todo. «Vamos a tener menos porrones que nunca. Casi se ha triplicado el precio del año pasado a ahora. Es una barbaridad», comenta uno de ellos. Algo parecido ha pasado con los huevos para las degustaciones. El caso más curioso ha sido el de los melocotones. «Nos ha costado la vida encontrar las cantidades que necesitábamos para el zurracapote. Es que no había por ningún sitio».
El trabajo es tanto estos días que uno de ellos ni siquiera ha tenido tiempo para acudir a una foto en la que pretendían estar todos. Chechu (peña Riojana) se estrena este año como presidente. Los nervios ya están pululando por el estómago estos días. También en los del resto. Laura (peña El Hambre) vive sus últimas fiestas como presidenta. «Mi hija ya es más mayor y empieza a echarme de menos. Me ve en foto durante el mes de agosto».

Miran al cielo esperando que las temperaturas acompañen estos días. «Parece que el viernes va a hacer mucho calor para el chupinazo y que luego bajan las temperaturas», comentan, esperando que no sea una bajada tan drástica como anuncian los meteorólogos. «El buen tiempo es imprescindible para que la gente pueda disfrutar en la calle».
Mientras, van revisando todos los actos. Los hay para todos los gustos. Sobre todo, citas gastronómicas. Cada vez más. A las tradicionales degustaciones se han unido en los últimos años los concursos gastronómicos. Tortillas, paellas, zurracapote, careta, pochas… «Llenar bien el estómago siempre es algo importante para unos días que se pasan por la calle desde el amanecer hasta bien entrada la madrugada».
Comer, saltar, bailar y acudir a los actos también organizados por los ayuntamientos. Ellos, en fiestas, no paran tampoco ni un minuto. «Son, sin lugar a dudas, los mejores días del año».


