Agricultura

Que llueva, que llueva… «O la simiente se quedará en la tierra»

Lo que se ha vivido, y continúa, este 2022 meteorológicamente hablando ha sido de libro. Alertas por altas temperaturas, tres olas de calor, un mes de julio que batía récord como el más cálido de La Rioja desde 1961, cuando comenzó la serie histórica de datos, y con un incremento sobre la temperatura media de 2,7 grados. El último rastro lo deja octubre, como el mes más caluroso de la historia (con temperaturas medias de 18,6 grados centígrados, cuatro grados por encima de lo normal).

Ese estrés hídrico ya se muestra en el campo estos días que, tras la siembra de los barbechos, comienzan a aflorar los primeros brotes verdes de trigo y cebada al tiempo que se intercalan viñas recién podadas y otras (la mayoría) que aún no han tirado las hojas tostadas. La nascencia del cereal viene en un momento drástico de sequía para el campo riojano, que no ha visto agua en abundancia desde hace meses, y si no cae una gota, habrá mal escenario para la próxima cosecha, por no hablar de que hasta que no llueva no se podrán labrar los rastrojos para continuar con esa siembra.

La «incertidumbre y preocupación» barren el sector después de dejar atrás una cosecha del cereal con merma del peso específico de en torno a un 30 por ciento, que se combinó además con las alteraciones de los precios de mercado que poco han variado desde finales de campaña. Algunos ya han sembrado la colza, pero esta no termina de implantarse en la tierra, «por lo que van a ser muchas hectáreas las que se acabarán levantando». Así lo considera del cerealista de Foncea, Óscar Salazar, quien asegura que el trigo tampoco va por buen camino: «Un agricultor de Briones sembró hace unos días y asegura que los granos que han germinado ya se están secando porque no llueve nada, lo que provocará que la simiente se quede en la tierra. Y súmale a eso el precio al que está ahora la simiente, porque el coste de la siembra por hectárea va a superar los 1.000 euros, junto con la reducción en el importe de las ayudas de la nueva PAC».

Ante este escenario de sequía, que se teme se repita en años sucesivos y con consecuentes rebajas de producción, el agro riojano tantea posibles alternativas que hagan frente a esta situación. El retraso de la siembra es una de ellas. «Todavía hay tiempo para sembrar trigo hasta principios de diciembre, al menos en zonas de La Rioja Alta, pero si no llueve en abundancia en estas fechas, habrá que mirar por el girasol y las cebadas que se siembran en enero y febrero. Eso implicaría quedarnos sin trigo y en muchas zonas de La Rioja Baja sería incluso tarde para sembrar cualquier cosa. Esto derivaría en una pérdida de sembrados y, en consecuencia, una pérdida de muchos de los fondos de la PAC», añade Salazar.

En lo que respecta a la campaña del girasol pasada, los números tampoco han salido para muchos agricultores. Con la medida excepcional que se habilitó a finales de marzo  para poder sembrar esta oleaginosa en los barbechos, y de la que salieron un total de 720 hectáreas cultivadas esta última campaña (el 90,7 por ciento del total de superficie declarada como cultivo en barbechos de interés ecológico), se reflejó así la responsabilidad del sector para suplir esa escasez de aceite de oliva que inundaba los mercados con motivo de la invasión de Ucrania. «Pero aquello fue un desastre», califica este profesional de Foncea, «porque esta medida les ha acabado costando dinero a los agricultores».

«El girasol necesita una preparación correcta de la tierra previa, pero cuando se estableció esta excepción ya era tarde. Por no hablar de que la sequía no ha favorecido nada la situación porque en muchas fincas prácticamente ni llegó a nacer. Para este año, además, la nueva PAC dice que no es obligatorio dejar ese porcentaje de barbecho fijado en años anteriores porque se necesita producción. Sin embargo, luego los ecoregímenes apuntan a que se puede dejar un mayor porcentaje de barbecho. Es decir, una pura contradicción; la contradicción de una política agraria que va a entrar en vigor el 1 de enero de 2023. Ahora no toca reducir producción porque esto solo garantizará que siga creciendo el precio de los alimentos», afirma contundente Salazar.

La tensión en el sector se palpa también con el asunto de las leguminosas, donde escasean las semillas y las pocas que hay están a altos precios. «Se van a perder muchas ayudas porque el valor de esta simiente nos va a robar mucha parte del dinero que suponen los ecoregímenes. Y la gente al final optará por no acogerse a ellos porque, como se dice, van a costar más las cintas que el manto. En la época que estamos viviendo actualmente, con la sequía extrema y la situación socioeconómica de inflación y escasez de alimentos no tiene ningún sentido que se siga adelante con la reforma de la PAC, que se define con unas políticas pensadas para no producir».

Subir