El Rioja

Pablo Franco: «La añada 2022 será la de la gran heterogeneidad en Rioja»

Pablo Franco hace un balance final de la cosecha

Pablo Franco, director técnico del Consejo Regulador de la DOCa Rioja.

Falta todavía alguna que otra entrega de uva en bodega. Los últimos y más rezagados racimos de una vendimia que ha dado guerra en los campos de Rioja. La Denominación de Origen Calificada acumula ya un total de 419,8 millones de kilos de uva, 49 de ellos procedentes de las variedades blancas. Desde aquella inauguración de cosecha un 10 de agosto, pasando por el pico de los 22 millones de kilos que se recepcionaron en un solo día, el 22 de septiembre, hasta el cierre oficial de campaña con cerca de 410 millones de kilos, exactamente dos meses después del inicio.

Para Pablo Franco, director técnico de esta casa que es Rioja, «la añada 2022 se va a caracterizar por la gran heterogeneidad, diferenciación y diversidad que ha dejado en el paisaje de esta denominación». Comenzó con un adelantamiento de la cosecha marcada por las altas temperaturas del periodo estival y la falta de lluvia durante todo el ciclo, aspectos que condicionaron especialmente a los viñedos de la parte más oriental de Rioja. Eso se contrarrestó con un ciclo muy cambiante en el periodo de maduración en otras zonas, donde la vendimia se retrasó más días, pero siguiendo las fechas habituales de años anteriores.

«Es importante resaltar lo sucedido durante el invierno y que también marcará mucho las características del vino resultante. Primero, noviembre de 2021 fue bastante húmedo y propició a generar una buena acumulación de agua en los suelos. Tras unos meses secos, llegó marzo también con precipitaciones intensas que ayudaron a completar y llenar de nuevo las reservas hídricas del suelo del viñedo. La brotación llegó, por tanto, en una situación extraordinaria en cuanto a reservas hídricas corresponde, pero la sequía apareció con fuerza una vez entrado mayo. Todo este ciclo de escasez de lluvias ha condicionado mucho la maduración y todo el desarrollo del viñedo», destaca Franco.

Unas condiciones, además, que han dejado este año un viñedo con un vigor mucho más moderado y contenido que en campañas anteriores. «La brotación fue buena y la fertilidad, media. Todo ello auguraba que iba a tener una cosecha, si bien moderada respecto a la media de la denominación, sí suficiente para cubrir las expectativas comerciales en Rioja», reconoce el técnico. Lo positivo, añade, es que ha habido una sanidad extraordinaria en la entrega de uva, «algo clave para la vinificación de vinos de calidad».

Vendimia en San Vicente de la Sonsierra. | Foto: Leire Díez

Lo cierto es que el verano hizo temer lo peor, pero las cepas resistieron contra rayos que penetraban intensos y termómetros disparados, también gracias a ese menor vigor y a las reservas hídricas que algunas raíces conseguían llegar. «El 24 de agosto llovió por fin, pero esas precipitaciones se concentraron en la parte media de Rioja Alta y Alavesa. Un agua fundamental para el desarrollo de estos viñedos que estaban en situación de envero, por lo que la maduración fue más lenta y el desarrollo del ciclo vegetativo, extraordinario. Algo diferente, sin embargo, a lo que sucedió en Rioja Oriental, donde el agua no llegó mientras que ya estaban concluyendo la vendimia en muchas zonas», asegura.

A pesar de todos los contratiempos meteorológicos sobrevenidos durante esta cosecha, Franco asegura que en las zonas más orientales de Rioja «sí se llegaron a alcanzar plenas maduraciones, dejando unos vinos que muestran un buen equilibrio y, sobre todo, una gran redondez y melosidad en boca». Mientras tanto, en Rioja Alta y Rioja Alavesa, «donde la maduración llegó con apenas unos días de adelanto respecto a un año habitual», el técnico incide en que ha habido un buen equilibrio entre la maduración alcohólica y fenólica y unos buenos parámetros de color, «por lo que hay unos valores muy interesantes para la vinificación de vinos de guarda y longevos, especialmente». Vinos todos ellos que, a su parecer, serán un buen instrumento educativo gracias a la diferenciación que mostrarán en función de la zona de procedencia.

La que define Franco como una «vendimia de emociones», servirá por tanto para poner de manifiesto la diferencia que hay entre las diferentes zonas de Rioja, «lo cual supone uno de los valores que nos hacen únicos». El director técnico aplaude además el que haya habido distintas vendimias a lo largo del ciclo, «porque eso ayuda a escalonar mejor la cosecha y da herramientas para poder jugar en bodega y elaborar los grandes vinos de Rioja porque potencial no le falta a esta denominación».

Las voces del sector

Luis Larrea, enólogo de la bodega Pago de Larrea en Elciego, está inmerso ya en el último depósito de este año. Concluyó la recogida de uva hace ya un mes y destaca que, a diferencia de otros años, «la mayoría de vinos han hecho ya el málico, todo seguido, gracias a este ‘veroño’ que todavía nos acompaña». Despide así una vendimia que partió, a su parecer, de «unos muestreos en campo un poco a ciegas porque era difícil sacar conclusiones fiables sobre los parámetros de las bayas como la acidez o la graduación».

Larrea define la de este 2022 como una cosecha «rara, sana y problemática a la vez». Rara desde el punto de vista de la maduración, «ya que ha habido viñas que maduraron muy pronto, mientras que aquí hemos seguido las fechas habituales de otros años», así como más corta y mermada en producción a pesar de las lluvias que ayudaron un poco (en torno a un diez por ciento menos, calcula). Una vendimia muy sana también gracias a esa ausencia de lluvias, pero a la vez una vendimia problemática debido a la escasez de temporeros: «Ha habido muchos problemas para dar con mano de obra en vendimias».

El desenlace de toda esta vorágine de sensaciones es, sin duda, los vinos resultantes. «Han salido vinos muy buenos, con mucha fruta y muy estructurados. Vinos, en pocas palabras, muy sanos y correctos que no han hecho difícil el trabajo en bodega, a pesar de que los niveles de acidez hayan venido bajos este año», incide el enólogo de Pago de Larrea.

Vendimia en Sajazarra. | Foto: Leire Díez

Desde Bodegas Manzanos, en Haro, sí apelan al gran papel que va a tener este año el trabajo en bodega «para corregir las carencias que la añada ha dado y poder reflejar la identidad de cada viñedo en su botella». Allí iniciaron la campaña un «temprano» 18 de agosto, pero ha concluido en fechas similares a las de vendimias pasadas: el 10 de octubre. «Se esperaba que fuera una corta, tras un verano cálido y seco, más extremo que el 2012. Pero ha sido larga y escalonada. Ese calor que ha acentuado más las diferencias de unas viñas a otras y que ha permitido conocer las diferentes respuestas adaptativas de cada viñedo».

Así, explican desde Manzanos que «las fincas con tierras franco arcillosas con buena gestión de la vegetación y del riego han aguantado muy bien, mientras que las fincas de terreno arenoso han sufrido más». También se han apreciado grandes diferencias entre las viñas más jóvenes y las más viejas: «Las viejas, con raíces más profundas y más madera, nos ha seguido dando la misma calidad a la que estamos acostumbrados».

Tras recoger las variedades blancas, la bodega aprecia cómo este año «los blancos son un poco más mediterráneos, ya que su acidez es un puntito menor y son más corpulentos en boca, tienen más volumen». Aromáticamente las notas a fruta de hueso han reemplazado a las notas herbales y tiólicas. Por otro lado, los tintos han dado más heterogeneidad en función de la procedencia de las uvas: aquellas con gran vocación de vinos aromáticos jóvenes, otras con mayor estructura y nariz más madura y aquellas destinadas a la crianza.

«Para estos tintos ha habido dos vendimias: la de las fincas que, como hemos mencionado, han sufrido más las condiciones climáticas de este año (viñas más jóvenes, terrenos más arenosos, zonas con déficit de agua) y el resto. Las zonas más frescas han estado a la altura y el adelanto de la fecha de vendimia ha sido menor. La meteorología ha sido óptima, por lo que hemos podido recoger cada finca en su momento, tanto en las garnachas, los gracianos y los tempranillos, donde se han visto vinos elegantes a la vez que robustos, con carácter de terruño», aseguran desde bodega.

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