Un trasiego continuo de tractores impregna el patio trasero de la Cooperativa Bodegas Sonsierra pasado el mediodía. Tractores, todos ellos, con pequeños remolques de un eje la mayoría que van y vienen sin detenerse. Otro motor se escucha a lo lejos y la fila en la báscula de San Vicente de la Sonsierra va ganando integrantes en su primer día de apertura de campaña. Pesaje. Pincho adentro, pincho afuera. Y así unas tres o cuatro veces consecutivas. A descargar y vuelta a la viña.
Las primeras uvas blancas ya reposan en el interior de esta gran nave (con capacidad para tres millones de litros) y durante las próximas dos jornadas estarán entrando en la tolva antes de un descanso previo a la ‘tormenta’ tinta. Los viticultores ya han entrenado bien sus muñecas para afrontar una nueva edición de esta carrera sobre la tierra, porque en este pueblo monocultivo no hay vendimiadora que valga y la tijera y el cesto son las únicas herramientas que hay a pie de viña en este municipio al otro lado del Ebro. Y con el remolque sobre la báscula, las conjeturas de los paisanos se han cumplido.

Vendimia en la Cooperativa Bodegas Sonsierra. | Foto: Leire Díez
Javier Díaz se asoma por la cabina de su tractor con una sonrisa. Será que aún no arrastra las suficientes jornadas de campo para que su rostro muestre el cansancio acumulado. «¿La vendimia? Pues parece que va bien, pero eso mejor decirlo cuando acabemos, ¿no? Este es el primer remolque que traigo y ya veo que viene más mermadito en peso que el año anterior», vocea sin bajarse del tractor aguardando su turno para pasar por el control donde los auxiliares del Consejo Regulador, que durante estas semanas se reparten por las diferentes bodegas de la denominación, toman nota.
Y en efecto, el remolque de viura viene con merma. «Unos dos mil y pico kilos me ha pesado. El año pasado yo creo que me acerqué a los 4.000, pero es que con el calor que ha hecho este verano las uvas se han quedado pequeñas», explica el agricultor oriundo de esta villa conocida por su tradición vitivinícola mientras abre las compuertas del remolque para descargar. Le quedan por delante un par de semanas de vendimia, «si no llueve antes y hay que parar», pero tiene el apoyo de su hijo, que le precede en la cola y que ya ha vaciado su carga.

Vendimia en la Cooperativa Bodegas Sonsierra. | Foto: Leire Díez
Desde la báscula, Félix Mato, el presidente de esta cooperativa con algo más de un centenar de socios gestionando unas 500 hectáreas de viñedo, hace repaso de esta primera jornada pasadas las 14:00 horas, cuando ningún tractor se oye de lejos y ya están limpiando el ‘pincho’: «Se han hecho 39 pesajes con 72.000 kilos de uva acumulados. Respecto al año pasado, calculamos que hemos perdido un 14 por ciento de producción en estas variedades blancas, pero confiamos en que las tintas se comporten mejor».
La capacidad habitual de los remolques que por estas instalaciones discurren no supera los 5.000 kilos, «si es caso alguno viene con unos 7.000, pero es que aquí no verás a nadie portando uva con un tractor de los que labran el cereal porque aquí, al otro lado del río, todo son pequeñas parcelas, de cepas viejas, donde una hectáreas es algo enorme». Mato asegura que la «singularidad» de este municipio debería verse reconocida en todos los aspectos «porque aquí lo que se practica es una viticultura cien por cien tradicional».
Algo tendrá que ver todo esto para que Bodegas Sonsierra sea nombrada, por tercer año, ‘Mejor Cooperativa de Rioja’ según Tim Atkin (2019, 2021 y 2022). Se caracteriza, además, por ser la única de la denominación en contar con otra homóloga a pocos metros de distancia donde solo se elaboran las joyas más preciadas del entorno. En Viñedos de Sonsierra, la bodega destinada a los vinos de ‘Viñedo Singular’, comenzarán la vendimia el próximo 20 de septiembre con una meticulosidad única tanto en la gestión de las parcelas como de los racimos una vez pasa la muralla de la bodega.


