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CIBIR, una institución de referencia en la formación de futuros científicos

La Fundación Rioja Salud tiene su sede en el Centro de Investigación Biomédica de La Rioja (CIBIR), pero sus servicios van mucho más allá de esas cuatro paredes. Su parte asistencial incluye unidades como las de mama, paliativos, medicina nuclear o radioterapia. Además, cuenta con una parte importantísima de investigación, otra de innovación sanitaria, otra de gestión y una base importante de formación.

Esta formación está orientada en dos vertientes. Por un lado está la formación de los profesionales sanitarios a lo largo de todo el año a través de cursos, congresos… «Hay todo un programa de formación que se pone todos los años en marcha y que incluye casi trescientas acciones formativas por el que pasan al año más de 2.500 profesionales», explica Sergio Martínez Astola, gerente de la Fundación. Por otro está la formación a estudiantes: de Medicina, pero también de Química, Bioquímica, Biología… Un auténtico centro de referencia para estudiantes de diferentes universidades del país. Llegan de León, de Lérida, de Salamanca, de Navarra ,y por supuesto, de la Universidad de La Rioja.

Aunque durante la pandemia la labor de prácticas se paralizó, este año han vuelto con más energía que nunca. Un total de 34 estudiantes han pasado o van a realizar en 2022 prácticas; Nueve de ellos están en el área asistencial, uno en el área administrativa y la mayoría, un total de 24, en el área de investigación, repartidos por todos y cada uno de los grupos que hay en el CIBIR. Entre 2014 y 2019 completaron las prácticas un total de 344 alumnos de diferentes universidades.

El objetivo de esta formación no es únicamente dar conocimiento a los alumnos, sino «crear sinergias que permitan dar a conocer la institución y despertar el interés de los estudiantes por la ciencia», dice Martínez Astola.

Decenas de estudiantes han pasado por unas prácticas muy valoradas: «Todos nuestros investigadores son muy didácticos y trabajar con ellos es muy interesante; además, el músculo del CIBIR desde el punto de vista de la investigación es muy reconocido y eso lo valoran los chavales».

Andrea Martínez Pinillos y Aurora Santamaría son dos de estas alumnas. La primera acaba de terminar tercero de Biología y la segunda ya ha completado su carrera de Bioquímica. Juan Cabello es su tutor durante estas prácticas, que duran un mes.

Aurora vive estos días su segundo año de prácticas en el CIBIR. Lo eligió porque «quería ver cómo era el trabajo de un investigador, una cosa es lo que aprendes en la facultad y otra lo que se vive aquí día a día. Elegí el CIBIR porque era una oportunidad única tener al lado de casa un centro de investigación referente».

Andrea habla en los mismos términos: «Quería descubrir qué se hacía en un centro de investigación. Tener el CIBIR aquí es muy importante para los estudiantes que tenemos que buscar formación fuera de La Rioja, pero que luego podemos hacer prácticas aquí, con gente tan importante, tan buena, que son los que mejor te pueden formar».

Ella lo tiene claro. «Aprendes más  en un mes de prácticas que en tres años de la universidad». Y es que a trabajar se aprende trabajando. «Lo que das en clase es muy diferente. Esto es mucho más apasionante. En clase te da un guion de prácticas y te ciñes a seguir un protocolo, no da pie a pensar por qué algo te sale bien o mal. Aquí tienes un imprevisto y lo tienes que resolver».

En las prácticas han conocido de primera mano la dureza del trabajo de investigador. «Hay que trabajar muy duro, Además de tu proyecto, en el que hay mucho trabajo de investigación, pero también mucho de técnica, hay mucho de papeleo», explican ambas. «Hay trabajos que a veces no salen. Tú vas con la idea de que va a salir bien pero no siempre sale», dice Aurora. «Pero ahí descartas, puedes encontrar tendencias, o ver por qué no funciona, en una investigación siempre sacas resultados, aunque sea a muy largo plazo», cuenta Andrea.

Este aprendizaje lo ratifica su tutor con la experiencia de muchos años. «Hay proyectos a muy largo plazo, se van consiguiendo metas parciales pero hay proyectos con que llevamos más de diez años. A veces no sale y hay que tener planes de contingencia para demostrar que no es cómo pensábamos en un principio. Muchas veces hay que reorientar los proyectos», comenta Juan Cabello.

Las prácticas en el CIBIR no sólo les aportan a los alumnos, «Es muy interesante para ellos, pero también para nosotros. Contar con gente que viene muy motivada, que viene a trabajan en el contexto de un proyecto real y ayuda a sacarlo adelante es muy interesante. En unos años acabará su formación y serán investigadores que hagan sus propios proyectos; eso crea unas redes de relaciones que permite que alguno empiece su carrera investigadora aquí o mantener relación con ellos allá donde la terminen», dice.

También han aprendido que «es un mundo muy competitivo, pero siempre hay que tener aliados», dice Andrea. Para su tutor, esas alianzas van mucho más allá. «En ciencia, hoy en día, es imposible llevar a cabo  un proyecto de investigación, ya no solo una persona, sola sino un laboratorio. Solo por eso es tan importante crear este tipo de redes y alianzas».

A las dos les encantaría terminar trabajando en un futuro en el CIBIR. «A mi me encantaría vivir aquí, en un sitio tan moderno, tan puntero. Cuando decidimos en 4º de la ESO estudiar ciencias sabes que tienes que salir de aquí ,y tener la oportunidad con el CIBIR de poder volver es maravilloso», dice Aurora. «Sería la bomba venir aquí, porque lo que se hace en formar a profesionales excelentes que luego se tienen que ir, y que algunos puedan volver es muy interesante».

Para Juan, el proceso de volver al CIBIR como trabajador debería tener una parada obligatoria en cualquier otro centro del mundo. «La experiencia de salir es enriquecedora, hay laboratorios muy punteros fuera de aquí. Salir durante unos años y luego poder volver es bueno para el científico, pero también es enriquecedor para nuestro centro porque es compartir conocimiento. La mayoría de los investigadores que trabajan aquí han pasado tiempo en el extranjero, esa etapa de formación en otros laboratorios es buena a nivel personal y científica. Lo importante es poder tener la oportunidad de volver».

Son jóvenes con inquietudes y mucho interés eb aprender. «Es muy fácil trabajar con ellos, tienen muchas ganas, tienen una formación ya sólida, algunos ya han hecho prácticas otros años y tienen la base teórica de lo que hacemos y manejo experimental. Suponen una gran ayuda, porque se integran en el equipo y en los experimentos», asegura.

Educación en ciencia, tan importante en estos tiempos, y un centro referente en investigación y formación: una alianza perfecta para seguir siendo cantera de los científicos del futuro.

* Contenido especial para el Gobierno de La Rioja

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