La Rioja

El yin y el yang; nieve en invierno, fuego en verano

El yin y el yang es un concepto del taoísmo que explica la existencia de dos fuerzas opuestas y complementarias, esenciales en el universo: el yin, asociado a lo femenino, la oscuridad, la pasividad y la tierra; el yang, vinculado a lo masculino, la luz, lo activo y el cielo. Algo así es la vida de David Somovilla. Si en invierno es profesor de esquí en Andorra, en verano se convierte en una de esas personas que luchan contra los incendios forestales en su comunidad de nacimiento: La Rioja. Todo ello lo compagina con una empresa de remontes en bicicleta que tiene con unos amigos.

Desde hace catorce años dedica sus veranos a trabajar en la cuadrilla de Acción Rápida de Incendios Forestales. Son cuatro o cinco meses al año, los suficientes para ejercer un trabajo que tiene mucho de pasión. Todo comenzó hace casi tres lustros. Entonces trabajaba en Valdezcaray como monitor de esquí y en una empresa de butacas durante los meses que la estación estaba cerrada. «Un listero me comentó la posibilidad de trabajar en este servicio en verano, hice las pruebas y desde entonces estoy aquí», cuenta. Él trabaja en la brigada de helitransporte. Son los primeros en llegar a los incendios.

«Nosotros nos encargamos de ver desde el aire la situación con la que se van a encontrar sus compañeros, hacer videos de reconocimiento, ver los puntos peligrosos y desde los cuales pueden trabajar en tierra, si pueden afectar o no a poblaciones», detalla.

Su día a día en el trabajo consiste en estar preparados para cuando llegan los incendios. «La mayor parte del verano la pasamos preparándonos y conviviendo, esperando a que llegue el momento de un incendio», cuenta. Gran parte del trabajo pasa por la preparación física, preparación de herramientas, estudios de protocolo, clases teóricas y algunas prácticas. «Los protocolos de actuación tienen que estar muy mecanizados, que no tengas casi que pensar cuando llega el incendio, que salga todo mecánicamente». Hay que estudiar los embarques, las salidas, cómo actuar cuando el fuego está presente.

Durante estos años ha estado presente en todos los incendios importantes que ha sufrido la comunidad. Quizás el más complicado fue el del año pasado en Ezcaray. «Lo sufres de otra forma porque además es en casa y te toca lo emocional». Aún recuerda que después de su turno se quedó un turno más para colaborar con sus compañeros. «Me tuvieron que mandar a casa para que descansase algo para cuando llegase mi siguiente turno. Se fue complicando y tuvimos que estar varios días», comenta con las imágenes en todavía en la retina.

Lo importante en su trabajo es que el equipo funcione. «Los objetivos se cumplen porque trabajamos en equipo», asegura. «Nosotros somos sólo una pequeña parte de un gran dispositivo y yo soy sólo una parte de mi equipo, eso lo tenemos todos muy claro, el incendio se apaga si todos estamos al cien por cien», resume. No es un trabajo fácil, «especialmente porque al trabajar sólo durante cuatro meses hay muchas personas que están con nosotros de paso, la gente en cuanto encuentra algo más estable se marcha». Lo demás es gente como él que compagina el trabajo de agente forestal con otros trabajos de invierno. «También hay gente que está opositando para bombero pero si sacan la plaza nos dejan», se lamenta.

Todo ello hay que compaginarlo con la vida familiar. En su caso con su mujer y sus dos hijos. «Vivimos unos meses en Andorra y el resto del año aquí en Ezcaray. Nos vamos apañando, los niños hacen medio curso en un sitio y el otro medio en otro, de momento no hay demasiados problemas», dice esperando que este año el trabajo sea sencillo y los bosques riojanos no necesiten de su trabajo. «Eso significa que no ha habido incendios», resume.

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