Firmas

Tinta y tinto: ‘Ya queda menos’

No sé si has tenido la desgracia de viajar en autobús entre Logroño y Pamplona con La Estellesa. El otro día descubrí la tortura de la que tanto me habían hablado durante años algunos amigos que estudiaron en la capital navarra. Dos horas de trayecto para recorrer poco más de 80 kilómetros y descubrir así hasta el pueblo más recóndito de la geografía de la comunidad foral: Bargota, Azqueta, Cirauqui, Lorca, Mañeru… Hay ciclistas profesionales que seguramente lleguen antes en bici que en autobús. Qué suplicio. Qué desastre. Pero todo fuera por tomar unos riojalibres en la calle Kalea para honrar a San Fermín.

Cogimos el autobús a primera hora del día muy animosos. Con la legaña todavía a medio quitar y el encierro sin empezar. El objetivo era llegar a Pamplona a la hora del almuerzo: huevos, chistorra, patatas, tomate, pimientos y pan. Y a funcionar. Con el estómago lleno, la mitad de las desgracias de la vida están descartadas. Cuando ya llevábamos una eternidad en el viaje y el sol comenzaba a picar a través de la ventana, abrí un poco los ojos para ver dónde nos encontrábamos. Con el guiño mañanero en el derecho y una apertura del treinta por ciento en el izquierdo conseguí atisbar las calles de Puente La Reina.

Al otro lado de la ventana y la acera, cual profético aviso, un bar llamaba mi atención sin parar. Aparentemente era un sitio normal con la verja todavía tocando el suelo y un par de carteles que anunciaban raciones, ensaladas y bebidas. Lo típico. Nada fuera de lo común salvo su nombre: ‘La conrada’. «Tiene que ser una señal». Se montó justo en ese momento una chica francesa en el asiento de al lado con idéntico destino y decidí no molestar bajándome del autobús. Mejor dejar volar la imaginación que ir a comprobar in situ qué quería decir aquello de ‘La conrada’. Desde entonces no he pensado en otra cosa y pretendo escribir a altas instancias como el IER, Luis María Ansón, Arturo Pérez Reverte o Alberto Núñez Feijóo. La gente que sabe.

Por el momento, tengo una teoría que me gustaría llevar a la RAE. ‘La Conrada’. 1. f. Dícese de la táctica política para sobrevivir en cualquier naufragio. Si Romario tiene la «cola de vaca», Raúl el «aguanís» y Gravesen la «gravesinha», Conrado Escobar tiene «la conrada». El último capítulo lo ha protagonizado esta semana con una campaña en la que dice que «ya queda menos», pero ojalá supiéramos en algún momento para qué. Visto que su carrera como cantautor no termina de despegar en esta legislatura, ha vuelto a ponerse el traje de líder de la oposición para aspirar al número 1 en la lista del PP por Logroño en mayo de 2023.

Hay ciertos rumores en el pequeño Logroño del poder desde hace semanas que sitúan otros nombres como «alcaldables» para los populares. El que suena con más fuerza, en caso de que Alberto Bretón consiga vencer en el eterno congreso regional previsto para algún día no muy lejano antes de la cita con las urnas, es el de José Luis Pérez Pastor. Otras voces apuestan por un rejuvenecimiento facial con Patricia Lapeña como lideresa al estilo gamarrer, aunque también consideran que es «demasiado pronto» y recuerdan que la exalcaldesa, ahora número dos del PP a nivel nacional, asumió el liderato después de un tortazo electoral que acabó con la mejor etapa política de Julio Revuelta. Otra opción no descartada es encontrar el clásico «mirlo blanco» cual Pablo Hermoso de Mendoza para el PSOE en 2019, pese a que esta idea es poco factible cuando todavía no hay ni siquiera líder regional que lo pueda convencer.

Para desactivar cualquier apuesta que no toque la guitarra, Conrado Escobar se ha rodeado de todos sus concejales en el Ayuntamiento de Logroño y ha «lanzado» una campaña con el citado lema: «Logroño, ya queda menos». Días atrás habían colgado unos carteles en varios puntos de la ciudad con esas cuatro palabras en grande, unas olas azul PP en un mar bravío y un código QR que fue boicoteado al tercer día como cuando Cristo resucitó. Algún genio imprimió pegatinas con un nuevo código del mismo tamaño y lo puso encima de las olas de Conrado, lo que provocaba que en vez de «ir» a la página web del PP de Logroño acabaras en un vídeo de unas gaviotas en la playa. Al menos, no se trataba del negro del Whatsapp o de algún vídeo porno. Sabotaje político, sí, pero sin pasarse.

Esto viene a confirmar que en España lo que nos sobra es talento, aunque no lo tenemos todavía muy bien enfocado hacia la productividad económica. El que sí parece tenerlo claro es Conrado. La última «conrada» confirma sus aspiraciones a liderar al partido en la capital riojana, a la espera del parto en el que se ha convertido el congreso regional. Ya estamos en el mes de julio, han llegado las vacaciones y han comenzado las procesiones. Los dos candidatos y medio (Alberto Bretón, Alfonso Domínguez y Carlos Cuevas) siguen de campaña pueblo a pueblo, aunque sea Génova quien tiene la última palabra. Por el momento, la dirección nacional les deja hacer, con el peligro que eso conlleva si a alguno de ellos (o de sus equipos) se le va la mano con las disputas políticas y vuelven los cuchillos del 2017.

Para que el ganador no tenga ninguna duda en la capital riojana, Escobar ya ha dado un paso hacia delante esta semana. Le quedan más «conradas», pero bien sabe que esto es una carrera de fondo. Y es que, por el momento, sólo tenemos una cosa clara. Ya sea en Logroño o en un autobús parado en Puente La Reina. «Ya queda menos». ¿Para qué? Para todo.

Subir