La Rioja

Logroño definirá su zona de «bajas emisiones» cuando conozca la normativa nacional

Eduardo Palacios

Mientras varias ciudades españolas han definido ya cual será su zona de bajas emisiones desde enero de 2023, Logroño espera, para tomar una decisión, a que un decreto nacional precise los requisitos de esos espacios, donde no podrán circular coches sin una etiqueta medioambiental, los más antiguos.

La Ley de Cambio Climático establece que, desde enero de 2023, todas las ciudades de más de 50.000 habitantes -en La Rioja solo afectará a Logroño- deben tener una zona de bajas emisiones. Muchas ciudades tienen ya el proyecto de qué calles tendrán esa determinación y las consecuencias que conllevará.

Logroño, por su parte, dispone ya de «ideas», pero «esperamos al decreto que regule esa ley», ha explicado a Efe el concejal de Desarrollo Urbano Sostenible, Jaime Caballero. «De momento, solo hay un borrador del decreto, en el que se marcan las restricciones que debe tener esa zona respecto a los vehículos sin etiqueta medioambiental», pero «hay otros parámetros que se dejan al criterio de los ayuntamientos», ha relatado.

Así, «hay que aclarar si esa zona debe propiciar una reducción de emisiones medible» porque «existe la posibilidad de que Logroño declare el centro histórico», pero ha reconocido que «ahí ya tenemos poco tráfico, no habría una reducción destacable».

«Además, si solo se regula el que circulen coches con etiqueta medioambiental, ahora va a haber una reducción, sí, pero, en unos años, el nivel de tráfico sería el mismo cuando se renueve el parque móvil», ha considerado Caballero.

Para él, «si lo que se busca es reducir el tráfico y el ruido en las ciudades, es lógico pensar que habrá más condicionantes que solo esa etiqueta» en la futura regulación, por ejemplo, en horarios de paso para quienes no sean residentes.

Si el decreto que desarrolle la ley establece la obligación de reducir emisiones en un determinado nivel, «en una zona peatonal se puede hacer poco, las emisiones son ya bajas», según Caballero, por lo que, «quizás, el centro histórico no sería válido» para establecer esa zona en Logroño.

No ocurre solo en la capital riojana, «sino que hay ciudades que están planteando que no se puede echar por tierra el trabajo de décadas para crear zonas peatonales pacificadas» y obligar a que la zona de bajas emisiones se cree en calles de más tránsito o de paso.

«La verdad -ha explicado- es que el debate es muy intenso entre las ciudades, ya que algunas han pedido que se declaren de bajas emisiones todos los entornos de centros escolares; mientras que otras plantean hacer diferentes tipos de estas calles».

En cualquier caso, asume que existe la posibilidad de que haya que implantar el espacio de bajas emisiones «en una zona de más intensidad de tráfico» que el casco histórico de la capital riojana. «Lo cierto es que, en fechas muy concretas, ya se han hecho experiencias piloto en Logroño al restringir el paso por Muro de Cervantes y Muro del Carmen y no se colapsó la ciudad», ha recordado.

Sin embargo, «tenemos que esperar a ver cómo se regulan las cosas», ha insistido el edil, quien también asume que «hay poco tiempo para tomar decisiones» con la tramitación burocrática que conllevan, «pero no podemos avanzar en una ordenanza porque no hay decreto».

No obstante, cree que «el debate va más allá de establecer una restricción pura y dura al tráfico en una zona» y pasa por «ayudar a transformar el centro de las ciudades» porque, «en algunos aspectos, da igual que los coches que pasen por unas calles sean coches eléctricos o no».

«Si te limitas a poner unas señales con unas restricciones al tráfico, no cumples el propósito final», que es «transformar el centro de los municipios», ha puntualizado. Admite que, en ciudades mucho más grandes que Logroño, «sí puede tener un efecto cribar el tráfico en una zona», pero en municipios como el de la capital riojana «hay que atender también a la parte operativa».

Así, explica, cuando se establezca esa zona, «hay que pensar en cuestiones como los vehículos de reparto, que en su mayoría no son eléctricos». «También hay que tener en cuenta que por una reforma así no se puede perjudicar a quienes cuentan con menos medios», ha subrayado, que son quienes tienen coches más antiguos, y, «por eso, queremos que el decreto aterrice de forma operativa y razonable» en la realidad de las ciudades.

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