Agricultura

No es oro todo el grano que reluce: la cara B de unos precios históricos

No es oro todo el grano que reluce: la cara B de unos precios históricos

Avanzan a paso ágil los cortes de las cosechadoras por los campos de La Rioja Baja y La Rioja Media mientras comienzan a ganar ritmo en La Rioja Alta y los labradores no pierden detalle de la evolución meteorológica para las próximas horas ante las tormentas que se avecinan.

Con los almacenes de recepción funcionando sin parar, los rendimientos que se sacan de las cebadas tempranas se encuentran entre los 3.000 kg/ha en La Rioja Baja y los 4.000 en La Rioja Media, según datos del Observatorio de Precios Agrarios de la Consejería de Agricultura, una cifra que se prevé que descienda en las cebadas sembradas más tarde.

Lo que no deja de subir es el precio de los cereales, con diferencias sustanciales entre unas lonjas y otras, aunque la Consejería no publica todavía ninguna cotización. Las compuertas de Ucrania permanecen cerradas a cal y canto y Putin está dispuesto a crear una situación de hambruna y desajuste económico en el resto de países importadores, con unas 25 millones de toneladas retenidas en el país invadido que fueron cosechadas antes de comenzar la guerra.

Aunque el mercado se mantiene en un periodo de inactividad ante esas cifras desbaratadas, los primeros contratos arrojan unos precios que abruman al sector, tambaleante entre el asombro por lo que cobrarán esta campaña y la preocupación por la próxima temporada de siembra, con los precios de los fertilizantes y la simiente disparados. Aunque no todos los agricultores se muestran partidarios de firmar estos contratos que, por un lado aportan seguridad ante posibles fluctuaciones de precios en el mercado, pero que también implican no cobrar hasta varios meses después.

«En la Cooperativa Garu se han cerrado contratos a 59 pesetas (354 euros) la tonelada de cebada y hasta 63 pesetas (378 euros) la de trigo. Una auténtica locura. Estos desfases no son buenos para nadie, porque aunque ahora cobremos caro el cereal luego tocará volver a sembrar. Pero eso sí, el día que bajen los precios del cereal, los de los abonos no van a ir en consonancia», asegura el cerealista Honorio Pinilla.

Aunque opina que los precios actuales se mantendrán al menos un tiempo, la incertidumbre se posa sobre los sombreros de paja de los labradores que estos días se turnan entre cosechadoras y tractores: «Puede llegar Rusia un día de estos y abrir las puertas, lo que automáticamente bajaría los precios del mercado mundial. Pero si la guerra continúa, también pueden seguir subiendo. ¿Y quién va a pagar esos precios? Pues quien tenga hambre, pero no hay derecho que un ganadero tenga que matar a sus animales porque sea incapaz de alimentarlos».

Honorio lleva ya dos semanas con las máquinas funcionando, «lo cual tampoco es normal porque solemos empezar más tarde» y sosteniendo un puñado de grano en la mano valora: «Parece que no está saliendo tan malo como se esperaba finalmente. De kilos no viene mal, dependiendo de las zonas de cultivo, pero de peso específico… Las cebadas tardías habrán perdido entre un 20 y un 30 por ciento de rendimiento».

«La culpa es de los especuladores»

La Unión de Agricultores y Ganaderos de La Rioja (UAGR-COAG) culpa de la gran diferencia que existe entre los diferentes precios de los cereales en las distintas lonjas de referencia a las prácticas especuladoras de los comercializadores de grano: «La cebada oscila entre los 335 euros/tonelada en la Lonja de Albacete y los 360 en la Lonja del Ebro, mientras el trigo panificable se encuentra entre los 352 euros/tonelada (también en Albacete) y los 410 en las Lonjas catalanas».

La organización agraria critica esa situación de anormalidad de la que «no se benefician los agricultores ni los ganaderos, sino que son los comercializadores de granos quienes hacen su agosto al inicio de la cosecha, marcando unos precios que, si bien son más altos que los de anteriores campañas, difícilmente sirven para compensar el incremento de los insumos que utiliza el sector agrario (abonos, semillas, fitosanitarios, electricidad, gasóleo)», señala su presidente, Óscar Salazar.

En el sector ganadero, por su parte, los piensos con los que se alimenta al ganado no cesan de subir (un 68 por ciento en el último año, en el caso de las granjas de pollos camperos), mientras que los precios que cobran por su trabajo aumentan en mucho menor proporción: «Un 29 por ciento la ternera, 4 por ciento el porcino, 19 por ciento el conejo, 17 por ciento el pollo, el 28 por ciento los huevos o el 8 por ciento el cordero de cebo (el de leche está ahora incluso más barato que el año pasado por estas fechas)».

El Índice de Precios en Origen y Destino, elaborado por la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), marcaba para mayo que un alimento se multiplicaba de media por 4,24 entre el campo y la mesa. Para la UAGR todo esto es posible gracias a «unas políticas agrarias que desregulan y liberalizan los mercados agrarios, sometiéndolos a las leyes de la selva de los mercados de futuros en los que se permite cotizar a los alimentos. Esto se observa ahora con más detalle, evidenciado por la pandemia y la guerra en Ucrania».

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