TRIBUNA

‘Un sueño y un libro’

Cierto. Había enormes diferencias entre este último día de La Rioja, 9 de junio de 2022, y aquel primero del 8 de octubre de 1978. Los dos en Nájera.

Dos quiero señalar. La primera es que esta última celebración venía a confirmar que ya lo somos. Somos Comunidad de La Rioja. Desde hace 40 años. Tenemos Estatuto, competencias, Consejos de Gobierno, parlamentarios, bandera, protocolo, medallas, luces, sombras y claroscuros. De todo. Quién lo iba a decir…

La otra salta a la vista para cualquiera de los que hemos podido vivir las dos celebraciones. Más que el número de asistentes (en esta edición, quinientas o mil personas, la mayor parte invitados; en aquella, diez o quince mil personas, según horas, actividades y periodistas; la mayor parte por el deseo propio de empujar), quiero referirme a la actitud. La de este año 2022 era normal, ni buena ni mala, como la vida misma, todo correcto, todos en su sitio, unos más contentos, otros más serios, unos en el gobierno, otros en la oposición o en la reivindicación, quizá simples paseantes en cortes najerinas. Normal.

FOT: EFE/Raquel Manzanares.

Entonces, 1978, fue otra cosa… Miles de personas. Mucha gente joven, pero mucha. Mayores también. Emoción, empeño, los ojos brillantes, el grito en el cielo, las manos en aquellas banderas de cuatro colores, entusiasmo… Todo por un sueño que ahora firmaban y compartían cuarenta mil firmas, quizá alguna menos, muchas en todo caso.
Y de eso quería hablar. Del sueño colectivo. O del Colectivo del sueño.

De aquellos chavales, y chavalas, riojanos por más señas, que desde sus lugares de estudio o de trabajo, imaginaron que una tierra, su tierra, La Rioja, podría ser -cuando se componía el puzle de la nueva España democrática- una Comunidad Autónoma. El colegio mayor San Juan Evangelista de Madrid -el Johny de la transición- se convirtió en el buque insignia que acogió a aquel Colectivo Riojano, luego Autonomista, que desde su revista, ‘Garnacha’, y a través de un montón de actividades, soñó primero y predicó después la buena nueva. Que la provincia de Logroño debiera llamarse La Rioja. Y que La Rioja podía ser Comunidad Autónoma.

En aquellas jornadas de 1977 (gracias Manolo, Javier, Rafa…) pasamos mucha gente por el Johny. Ramón Tamames para hablar de La Rioja y su economía. Los grupos políticos (¡ay los grupos políticos!, algunos ni fueron, por aquello del tú más, o del tú menos). Luis Vicente Elías; Adefesio, teatro estudio, con Ricardo Romanos y su gente. Y para cerrar los actos, delante de una hermosa sábana pintada en el escenario («¿Y esto qué es?», «La bandera de La Rioja». «Ah…»), Iñaki, Carmen y yo cantando eso de que la hemos de hacer. La Rioja.

Y la bandera. Aquella franja blanca y vertical de la noche sanjuanera acabó compartiendo línea horizontal con los otros colores, y la roblanvera se hizo pegatina y se aposentó en relojes, coches y carpetas. Una tarde del verano de 1978 salió a pasear en un concierto en Huércanos durante la actuación de Carmen, Jesús e Iñaki, y ya fue imparable.

Porque otros colectivos, grupos y asociaciones, en particular Amigos de La Rioja, se pusieron igualmente en marcha para hacer que aquel sueño y empeño fuera de todos. No fue fácil, pero en aquella Coordinadora de movimientos sociales se discutió mucho y se acordó lo suficiente.

Como hizo, y aún era más difícil, la Mesa de fuerzas políticas. Acabaron poniéndose de acuerdo entre ellos y la Coordinadora, al menos para organizar el primer día de La Rioja.

La autonomía en ese primer día, Nájera 1978, fue el grito de miles de riojanos. Un año más tarde, en Haro, ese grito popular se convirtió en compromiso político. Lo demás estaba por llegar, pero el camino quedaba ya trazado.

Así fue y así lo podéis ver, a poco que os interese, consultando un libro que escribió quien esto cuenta sobre aquellos esfuerzos, días y circunstancias. ‘La Rioja empieza a caminar’. Libro que podéis encontrar en la tienda librería del IER y que, por alguna razón, o sinrazón, no ha tenido mucha difusión. Pero nunca será tarde para quien quiera saber de nuestra historia de siglos y encontrar un documento veraz de lo que fueron aquellos tiempos en que ‘La Rioja empezó a caminar’ (título que tomé del eslogan de aquel primer día de La Rioja).

Por no despedirme con esto de que venía a hablar de mi libro, aquí os dejo tres reflexiones que a mí personalmente me reconcilian siempre con mi sentido de pertenencia a un mundo plural y universal donde cabemos todos.

Primero. Sin las firmas, el sueño y el empuje popular de aquellos años, hoy no seríamos Comunidad Autónoma de La Rioja. Los políticos del momento (hay que recordarlo: un momento en que se recomponía España y se recobraban democracia y libertad), no hubieran dedicado muchos afanes a un tema que no estaba entre las tareas de un tiempo de urgencias sociales y políticas. Que incluso, una vez que tuvieron que aceptarlo entre sus ocupaciones cotidianas, les ocasionó problemas con sus compañeros de partido de otros lugares. Pero estuvo bien, lo decía antes, algunos lo soñaron, muchos lo gritaron y quienes tenían que hacerlo, lo firmaron.

Segundo. Sobre la bandera. Me permito citarme a mí mismo: «Una bandera, según se mire, puede ser mucho o nada. Sobre todo, es como una sábana blanca coloreada. Aunque en ciertos momentos, y por eso los he contado, es también un peldaño para ascender a la categoría de Comunidad Autónoma. Y su representación en los territorios del aire». Nada más. Una enseña por la que, como he dicho muchas veces y repito ahora (para rebajar ardores patrios, nacionalistas o regionalistas, por lo que incluyo en la reflexión a cualquier otra bandera), jamás nadie debiera pelear.

Acabo. Y esto va especialmente para esos ardorosos del punto anterior que hacen de la cuestión autonómica una carrera para ver quien va primero o, qué horror, último. Tranquilos, que vamos bien. Sí señor, La Rioja es, definitivamente, una de las diecisiete mejores autonomías de España. De estos temas, nacionalismos, otros ismos y brindis al sol, también tratamos en ‘La Rioja empieza a caminar’… Está claro, yo venía también a hablar de mi libro.

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