Salud

Guía de salud: ¿Por qué mi [email protected] se comporta así?

Artículo de Carmen Castroviejo, psicóloga y fundadora del centro Apóyate

Los niños son una mente en blanco, unas personas desorientadas que necesitan a su lado unos padres que les inspiren seguridad y confianza dejándole claro lo que puede y lo que no puede hacer. Vamos a ponernos en la piel del niño por un momento.

Imagináos vuestro primer día en una gran empresa de la cual sólo os han dicho dónde se encuentra vuestro despacho. Nadie os ha explicado qué tenéis que hacer, qué horario tenéis, cuáles son las normas de la empresa… Muy probablemente os sentiréis perdidos, confundidos, desorientados, deseando que venga alguien, con cierta autoridad, capaz de dejaros claro qué tenéis que hacer, cómo tenéis que hacerlo y qué no podéis hacer.

Este alguien, en el caso de vuestros hijos, sois vosotros, sus padres. Los niños tienen que aprender que las normas existen. Hay normas en la escuela, hay normas en el cine, hay normas en el súper, hay normas para pasear por la calle. Si, desde casa, no les enseñamos que las normas existen, después no podemos esperar que se adapten a las mismas, sin dificultades, fuera de casa.

Es fundamental aprender a establecer límites durante la infancia. Durante esta etapa, las conductas inapropiadas son más fácilmente reconducibles. En cambio, si alcanzan la adolescencia sin aprender a respetar que la autoridad la tienen los padres, las probabilidades de que presente conductas disruptivas, situaciones de violencia filio-parental, problemas de adicciones, etc. aumentan significativamente.

Esto es algo que llevo comprobando ya desde hace siete años con mi trabajo en ARAD como Psicóloga del Programa de Coordinación con el Sistema Público de Salud. Una circunstancia que comparten muchos pacientes, es la falta de límites durante su infancia y adolescencia en el contexto familiar.

En Apóyate queremos cubrir esta necesidad y de esta forma favorecer también la prevención en materia de adicciones desde la infancia y el ámbito familiar. Uno de los servicios ofrecidos por el centro son las sesiones de orientación a progenitores.

Poner límites significa establecer un marco de referencia que guíe al niño y le muestre lo que puede o no puede hacer, respetando, dentro de esos límites, su libertad de acción.
Vemos, pues, la necesidad de poner límites a los niños pero…

¿Cómo?

– El secreto se encuentra en el estilo educativo más adecuado, la exigencia positiva.

– Los padres tienen una gran influencia en el comportamiento de sus hijos. El comportamiento es aprendido y puede modificarse.

– Los padres deben aprender a identificar qué conductas están reforzando y cuáles no, y si las conductas que refuerzan son las adecuadas.

¿Cómo se aprende un comportamiento?

– Poco antes de los 2 años los niños buscan atraer nuestra atención con sus actuaciones.

– El niño ha descubierto que su comportamiento provoca algunas reacciones en el entorno. ¡Es poderoso!

Ejemplos 


– «Si corro en el súper, papá y mamá, comienzan a perseguirme y a gritar. ‘¡Estate quieto!’ ‘¡Para!’ ¡Esto es fantástico!. 
Pero eso no es todo. Si no paro, al final me dicen: ‘Si paras te compro una cosita’ ¡Qué bien está esto de correr!».

– «Si quiero salir de casa con mi muñeco, sólo es necesario que insista. Mamá me dirá tres o cuatro veces: ‘¡Déjalo!’. Chillará y se enfadará, pero si insisto me dejará. Además, sé que si lloro muy fuerte, me dirá: ‘¡Venga, deja de llorar y cálmate! Vámonos y si te portas bien te compraré un lápiz de aquellos que te gustan’. «Fíjate, si quiero salir con mi muñeco sólo tengo que gritar más que ella, llorar un poco y, además, tendré un premio».

– «Si por las mañanas soy lento y no hago las cosas, papá y mamá comienzan a gritar ‘Vamos Mateo’. ‘Todos los días igual’. Esto es fantástico. Y si dicen que todos los días igual, será que hoy también.

¿Qué debo saber?

– La atención de sus padres es lo más importante para un niño. 


– El comportamiento de mi hijo depende de cómo yo reacciono frente al mismo. 


Si presto atención a un comportamiento inadecuado, aumento las probabilidades de que ese comportamiento se repita.

Si mi reacción es agradable para el niño entonces repetirá el comportamiento. Y en este sentido, es muy importante puntualizar que toda reacción que implique prestar atención, aunque la forma en que se preste atención sea negativa (reñir, castigar,…) para el niño será agradable.

Si mi reacción es agradable para el niño porque evita hacer algo que le resulta desagradable entonces… ¡cuidado! Un cachete o un castigo detienen rápidamente el mal comportamiento del niño, pero no impide que vuestro hijo vuelva a reaccionar, al día siguiente, de la misma manera.

Cuando no obtiene ninguna consecuencia positiva o negativa de la acción, entonces asistimos progresivamente a la disminución y después a la desaparición del comportamiento.

En las sesiones de orientación a progenitores, uno de nuestros objetivos fundamentales es instruir a los padres en estrategias prácticas en este sentido. Se pretende enseñar a los padres cómo se aprende la conducta infantil y formarlos en las técnicas conductuales adecuadas para incrementar los comportamientos adecuados de su hijo/a y disminuir o eliminar los inadecuados.

El motivo de consulta más frecuente por el que se solicitan citas de orientación a progenitores es la desobediencia y la agresividad infantil, pero existen otras circunstancias que son indicativas de que resulta conveniente acudir a asesoramiento para padres, como son la instauración y mantenimiento de hábitos de autonomía y hábitos de estudio; problemas a la hora de comer o a la hora de ir a dormir, divorcio, etc.

Los niños humanos aprenden por imitación. Es decir, no importa lo que les digas, importa lo que haces.

Los límites, factor imprescindible en la educación y desarrollo de los niños

– Los límites son más que necesarios, imprescindibles.

– Poner normas y límites a los niños no forma parte de un estilo autoritario de educación. Los niños necesitan esos límites para saber cómo actuar y para obtener el reconocimiento por haberse esforzado por conseguir los objetivos marcados. 

– La permisividad como estilo educativo que no aplica ni normas ni límites, tiene consecuencias negativas en los niños. Hay que utilizar límites siempre, no importa que sea verano. 

– Las dificultades a la hora de poner límites son muy frecuentes.

– Las consecuencias de la falta de límites en la educación de los hijos son numerosas: inseguridad, baja autoestima, falta de autocontrol, desprotección,  dificultades en sus relaciones sociales, etcétera.

– La aplicación adecuada de límites en la infancia, reducirá significativamente las probabilidades de problemas conductuales y emocionales en la adolescencia.

– El establecimiento de límites es una escuela de vida que estarás dando a tus hijos.

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