La Rioja

Tradición y vanguardia se dan la mano en una campaña olivarera pasada por agua

Miguel Martínez, de la Almazara El Alberque en Ollauri

La campaña de la aceituna ultima sus semanas de recolección en un año marcado por los bajos rendimientos en el campo riojano y las aguas que durante la temporada de recogida han alterado las jornadas de muchos. Partiendo de una cosecha rica en 2020, las abundantes lluvias de junio que coincidieron con el momento de la floración y afectaron al cuajado, así como la sequía que las acompañó el resto del año, han motivado unas producciones que podrán verse mermadas en hasta un 30 por ciento en algunas zonas de la región.

La calidad, eso sí, se mantiene un año más en las cerca de 1.400 hectáreas que componen la Denominación de Origen Protegida Aceite de La Rioja con sus trece almazaras elaboradoras y 700 olivicultores. Una marca de calidad que se sostiene sobre 70 marcas y cuyos orígenes se remontan a principios del presente siglo, cuando nace la Asociación de Trujales y Olivicultores de La Rioja (ASOLRIOJA) como única entidad que trabajaba por el sector con el fin de mejorar la calidad y la producción. Y, sobre todo, para no dejar morir un cultivo ancestral.

 

Miguel Martínez es uno de estos olivicultores que apuesta por romper la tendencia del monocultivo de la vid en La Rioja Alta. Desde Ollauri fundó hace catorce años la primera y única almazara de esta comarca para recuperar aquellos olivos viejos pero abandonados que decoraban las viñas. Y lo consiguió. El Alberque, coincidiendo con el nombre del término donde se asienta el trujal, ha pasado de molturar 28.000 kilos en 2007 a meter hasta 400.000 en los últimos años. “Este año, sin embargo, esperamos bastante menos y tal vez alcancemos los 250.000 kilos. No ha habido enfermedades, pero la escasez de fruto es generalizada en muchas más zonas, también en Portugal. Aunque también es cierto que las lluvias de las últimas semanas han ayudado a que la aceituna engorde ligeramente”.

Compagina su cargo como alcalde de la localidad con su pasión por hacer aceites y también vinos, porque también ostenta el título de enólogo. “Al principio, como en todas las cosas, me trataban un poco de loco diciéndome que para qué montaba una almazara si no había apenas olivos. Pero gracias a que seguí mi intuición ahora el paisaje es mucho más rico y bonito. Das una vuelta por estos pueblos de alrededor, desde Uruñuela, Fuenmayor, Hervías, Huércanos, Tricio, Nájera hacia Villalba y toda esta comarca, y ves todos esos olivos centenarios y cuidados”, incide Miguel.

En total son cerca de 600 proveedores de aceituna los que cada año acuden a El Alberque, desde aquellos que traen unos escasos 100 o 500 kilos a los que vienen con varios miles. “Tenemos más olivicultores que muchas otras almazaras de mayor tamaño, porque aquí todo tiene valor sin importar las dimensiones sino el afán de mantener esta tradición con la que se apuesta por el territorio y su desarrollo”. La mayoría destinan el aceite que sacan para autoconsumo y si algún año la producción es superior a lo que van a necesitar, lo venden a la almazara para comercializarlo bajo la marca.

El Alberque busca introducir en sus prensas una aceituna más verde que madura, aunque eso suponga unos rendimientos menores (en torno a un 16 por ciento), para alcanzar así parámetros de mayor calidad, con aceites más picantes y amargos que a su vez perduran más en el tiempo. “Y esto están empezando a hacerlo también en el sur. Pero está claro que nuestra guerra no es ir a precios, sino a calidad, porque aquí en La Rioja no hay grandes extensiones”. Y, además, para orgullo de Miguel, son muchas las bodegas que ya están apostando por este recurso como complemento a sus vinos.

Destaca que “poco a poco, la gente va entendiendo más del aceite, pero lo que hace falta es que se animen a probarlo, porque una vez lo hacen ya se acostumbran a su sabor y lo usan para todo, tanto para crudo como para freír. Ollauri ha llegado a conocerse fuera por sus aceites, así que algo estaremos haciendo bien”.

 

Para ello, la labor que desempeña la Denominación de Origen Protegida (DOP) Aceite de La Rioja es fundamental. La presidenta del Consejo Regulador, Clara Espinosa, destaca que el éxito alcanzado es fruto del “buen hacer de los elaboradores riojanos y de la adaptación a modernos sistemas de elaboración y cultivo”. A los mandos del sector, remarca que “la línea de actuación de la DOP se basa en la formación y la investigación, con las que se consigue una mayor profesionalización y rentabilidad del sector, así como en la comunicación, a través de la promoción y acciones divulgativas tanto dentro como fuera de La Rioja”. Y para ello, pequeños y grandes productores son claves en la partida.

En la otra punta de la región, Emilio Abad mantiene en pie los olivos que heredó de su padre, pero también se animó a plantar alguno más por su cuenta hace doce años en el entorno de Arnedo, donde reside. “Unas dos hectáreas en total entre árboles de redondilla, negral, machona y arbequina que me sirven para abastecerme de aceite durante todo el año. Es un privilegio ver tu oliva convertida en aceite, como ocurre cuando tienes una huerta, y no todos tienen esta oportunidad”, destaca.

Este ingeniero agrícola de profesión coincide con Miguel en esa escasez de cultura en torno a la olivicultura: “Hay que entender que con estas prácticas se fomenta un estilo de agricultura que mantiene vivos los pueblos y del que se benefician el resto de sectores derivados, por lo que no deben dejar de lado su rentabilidad y promoción porque emprender en este ámbito ya de por sí es complicado”.

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