El Rioja

Salamero: «Rioja la propagamos las bodegas comerciales y eso no se ha agradecido nunca»

Fernando Salamero: «Rioja la propagamos las bodegas comerciales y eso no se ha agradecido nunca»

Fotos: Rafael Lafuente

Fernando Salamero (Elciego, 1950) nos recibe una nublada mañana de otoño en la biblioteca de Marqués de Riscal. Los tonos ocres que colorean las viñas nos acompañan en una charla con el ya expresidente del Consejo Regulador -vocal en el Pleno desde 1982-, quien reconoce que ha vuelto a su «vida de antes». ¿Y cómo es eso? «Pues muy bien y muy tranquilo».

Cuatro meses después de dejar el testigo a Fernando Ezquerro, Salamero comenta entre risas que ha dejado el «pluriempleo» y que ahora se dedica en exclusiva a dirigir las finanzas de Bodegas Marqués de Riscal -es miembro de una de las familias propietarias de la centenaria casa-. «Eso no es óbice para que, como presidente de Grupo Rioja, atienda los temas de la denominación en sus organismos y la Interprofesional», apostilla.

– ¿Se le han acumulado muchos papeles en estos cuatro años?

– He llevado todo al día gracias a los colaboradores que tengo en el Grupo Rioja y en el Consejo Regulador. Aquí en casa también se han portado de maravilla.

– ¿Cómo ha sido la transición de poderes con Fernando Ezquerro?

– La he visto con tranquilidad porque Fernando, además de ser un señor y un gran amigo, es conocer de tiempo a de la denominación. Tiene las dos vertientes: es viti y es vini. Con lo cual, creo que nos da tranquilidad. Además, es sensible a los problemas que hay y apuesta en la misma línea que nosotros.

– ¿Le ha dado algún consejo?

– No porque conoce muy bien la denominación. Le deseo toda la suerte del mundo con todo el cariño.

– Creo imposible que haya una Presidencia tan accidentada como la suya. Empezó con la helada de San Prudencio, luego llegó la pandemia… ¿cómo ha vivido esos momentos?

– Nos unimos una vez más todos y, desde el Consejo Regulador, tanto el personal como las bodegas, los vocales, los técnicos… buscamos fórmulas para paliar la grave situación que teníamos y sacar un poco la cabeza hacia delante. Ayudamos en lo que se podía.

– A pesar de los accidentes, seguro que ha habido momentos divertidos.

– El momento en el que mejor me lo pasé fue en ese brindis de las denominaciones de origen. Fueron actos, aunque sólo hemos podido hacer dos en mi mandato, que celebramos en Elciego y en Viana. Mi idea siempre ha sido sacar la denominación a los distintos territorios y esas fueron dos acciones bonitas y emotivas. También llevar a Vitoria la Final Four de la Euroliga con un stand de la denominación en el Buesa Arena. Pudimos ver a grandes jugadores de baloncesto y disfruté muchísimo. Ese ha sido mi premio (risas).

– ¿Qué balance hace de los cuatro años al frente del Consejo?

– Ha sido positivo, pero no es propio mío sino de todo el equipo. Ha habido grandes colaboradores desde el Grupo Rioja como en el Consejo Regulador. Los vocales han trabajado honradamente aportando temas, llevándolos a las comisiones… el presidente ha sido un protagonista de suerte porque la gente ha ayudado muchísimo. Estoy muy contento porque hemos conseguido temas templando muchas veces la faena, como se diría en el argot taurino. Hemos logrado consensos que dan acuerdos importantes, los que tienen futuro, como normatizar los vinos de zona y los vinos de municipio o sacar adelante los vinos espumosos. Son hitos que ahí van a quedar, que son pasos importantes para la denominación.

– Se han dado pasos, pero parecen no ser suficientes para parte del sector. Incluso nunca son suficientes. Se acusa al Consejo de ser un gran buque que se mueve con mucha lentitud.

– La denominación tiene casi cien años y en estos últimos veinte se han dado pasos importantes. En el año 82 se quiso pasar de una denominación de origen a una denominación de origen calificada, que conseguimos en los 90. Conseguimos transformar el voto o el personalismo de los vocales a que sean las asociaciones las que decidan, agrupando así los intereses como se estructuró en la política que vivimos hoy en día. Le dimos una estructura, que eso da a la larga estabilidad y ahí participa todo el que quiere. No son votos como antes que se daban a fulano o a mengano, que eran personalismos lo que había y nos creaba problemas. La DO se ha conseguido vertebrar, en la mesa están todos los agentes de la denominación y eso es un paso importantísimo.

– Es usted el presidente del Grupo Rioja, al que se acusa a veces de ser la «bola negra» dentro del sector. ¿Tiene realmente tanto poder?

– Yo creo que las asociaciones tienen el poder de los asociados. ¿Tiene más poder el partido tal que el partido cual? Pues depende de los votos. Aquí nos ocurre igual. El Grupo Rioja aúna intereses comunes y tenemos bodegas de todo tipo: grandes, pequeñas, medianas, centenarias, nuevas… somos la realidad viva de lo que es la denominación. Ahí se suman intereses profesionales y creo que es injusto lo que se dice del Grupo Rioja. No hay más que mirar un poco al pasado porque ahora lo vemos todo desde el presente, pero hay que hacer justicia mirando hacia atrás. El Grupo Rioja es el embrión del Grupo de Exportadores, que eran bodegas que salíamos al mercado con nuestras botellitas a vender Rioja. La marca la propagamos las bodegas comerciales y eso no se ha agradecido nunca.

Cuando se vertebró y estructuró bien la denominación de origen es cuando han entrado a participar y a saber lo que vale un peine todos los que componemos la denominación. Los que se echaron el peso a la espalda fueron las bodegas del Grupo de Exportadores, luego Grupo Rioja y luego ha habido crecimientos o separaciones, pero ahí están ABC -parte del Grupo de Exportadores-, gente de Provir, ARAEX o los cosecheros, que se arropaban ahí para tener sitio en el Consejo Regulador. Iban en la lista conjunta con voto y vocal. Y todo eso no se ha agradecido nunca. Hay que tirar de la historia para saberlo y conocerlo. Y en esta vida, de bien nacidos es ser reconocidos.

– ¿Por qué hay tantas tensiones en Rioja? Volviendo al argot taurino, ¿es la denominación más complicada de torear? Las quejas de Bodegas Familiares, la posible creación de ‘Viñedos de Álava’.

– Como bien dices, es la denominación. La gran denominación. Una gran denominación, muy viva, y como está viva tiene que haber tensiones. En otros sitios no hay, aunque empieza a haberlas. Por ejemplo, proximidad y simpatía, vemos en Rueda y Ribera. Pasarán también el sarampión y las enfermedades que los niños pasan al principio. Rioja lleva ya muchos años de camino y estamos inmunizados para muchos temas, pero el resto todavía tienen que pasarlo. Nosotros teníamos estudios que nos decían que debíamos arrancar viñedo y, a la vuelta de dos años, teníamos que plantarlo a todo correr. Menos mal que sólo hicimos caso al sentido común y a la experiencia vital.

¿Tensiones? Yo creo que hay que saber estar y no ser caprichosos. Los temas se consiguen poco a poco, madurándolos y consensuándolos. Decías antes lo del gran buque. Es que los intereses que se mueven en Rioja son muchísimos y de mucha gente. Un paso en falso es una quiebra para muchos y hay que tener esa responsabilidad a la hora de tomar acuerdos. Tienen que ser muy maduros y por eso cuesta tanto. Lo que a uno interesa, a otro perjudica. Hay que buscar encuentros.

– ¿De qué está más orgulloso a lo largo de estos cuatro años?

– Del respeto, el cariño y la colaboración de todo el mundo.

– ¿Y la espinita clavada?

– No tengo. Me he ido con la conciencia tranquila del deber cumplido y dejando amigos.

– Una vez finalizado el mandato, ¿a qué retos cree que se enfrenta Rioja?

– La hoja de ruta la hemos recogido, una vez más consensuadamente con los actores y componentes de la denominación, en el Plan Estratégico que ya se ha puesto en funcionamiento. Hay que apostar por el valor y la sostenibilidad. Son los dos pilares de futuro y en esa línea hay que moverse. Son seis ejes y el equipo que ha entrado ahora en el Consejo Regulador tendrá que trabajar en ellos. Tienen una línea clara.

– Recopilando una entrevista que hicimos en NueveCuatroUno en 2018, le recuerdo una frase suya: «Tenemos la gracia de Dios de tener un paisaje único y diferente». Viniendo hacia aquí esta mañana lo he vuelto a recordar porque el viñedo está precioso. ¿Aprovechamos suficiente tanto el paisaje como el poder que tiene Rioja? ¿Nos lo creemos?

– Yo creo que sí, pero tenemos que avanzar más. Vuelvo a repetir la frase porque lo sigo pensando. Es algo sobrenatural el don que tenemos en esta bendita tierra. Se hacen cosas importantes y se están haciendo bien, aunque es importante acertar y no dormirnos en los laureles. En todos los sitios, no con nuestros mismos medios naturales, lo están haciendo muy bien y tenemos que copiar cosas que hacen en otros sitios. Hay que perseverar para ser todavía mejores porque lo tenemos todo a favor.

– ¿Miramos demasiado a Burdeos o a Borgoña con complejo de inferioridad?

– Pienso que no, aunque eso es muy español. Los riojanos, de las dos orillas para que la gente me entienda bien, somos gente experimentada. La denominación y las bodegas están presentes en más de 120 países, por lo que conocimiento y roces tenemos, pero además tenemos relación con otras denominaciones a través de la Red Internacional de Grandes Capitales del Vino. Ahí tenemos otros diez países para intercambiar información. Por proximidad, con Francia e Italia también tenemos contactos. No estamos tan mal como muchos siempre predican ni tampoco vamos a ser unos fanfarrones. Estamos en un buen momento, aunque no nos lo tenemos que creer y hay que seguir luchando, avanzar en esa línea: apostar siempre por mejorar.

– Por último, un deseo para el Rioja.

– Me voy a repetir como la cebolla, como se dice en los guisos, pero lo siento así. Mi deseo es que no haya ninguna ruptura, pues nadie sobra y juntos somos siempre más fuertes. Esta denominación es única, singular, fuerte y prestigiosa. Dentro de la misma existen herramientas suficientes y posibilidades para que cada operador diferencie adecuadamente su producto sea de la zona que sea y del municipio que sea.

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