El Rioja

La vendimia cuando las hojas cambian de color: La Pasada

En un rincón escondido de La Rioja Baja, llamada en los asuntos vinícolas Rioja Oriental, hay un lugar en el que se vendimia cuando la hoja ya ha cambiado de color. La explosión del marrón entre el verde, el amarillo y el naranja. Paleta de color Rioja para enamorar las miradas de cuantos aquellos pueden disfrutar de la tierra con nombre de vino. Casi al final del camino entre las faldas del monte Yerga y sus imponentes molinos de viento, una finca aparece tras varios kilómetros de pistas de tierra que serpentean parcelas llenas de almendros, olivos y viñedos: La Pasada.

Es la última parada de la vendimia de Queirón, que empezó en ‘El arca’ el pasado 3 de octubre sin salir del mismo municipio: Quel. En el viñedo singular con garnachas de 1892 arranca la cosecha del sueño de Gabriel, terminando dos meses más tarde a 780 metros de altitud sobre el nivel del mar con tempranillo. «Dos meses de vendimias para buscar la perfecta maduración fenólica», nos cuentan desde Queirón. ‘La Pasada’ y ‘La María’ ponen el broche final a un trabajo quirúrgico, ya que sólo recoge 90.000 kilos por temporada (alrededor de 30.000 de garnacha, 40.000 de tempranillo y 15.000 de graciano en 2021). Una cantidad prácticamente irrisoria de uva en ocho semanas para un proyecto que apuesta exclusivamente por la calidad de sus vinos.

«¿Vienes a vendimiar el último día de La Pasada?», me preguntó hace unos días mi amigo Pablo al encontrarnos de vinos por la calle San Juan. «Mientras no me toque coger el corquete y hablemos de hacer un reportaje…». Con la seguridad de que no tocaba agachar el riñón, el pasado martes nos fuimos a ese lugar en el que los sueños se convierten en realidad y en líquido elemento. Bajo un sol engañoso del mes de octubre con el que se cogen los catarros, dieciocho personas rematan el trabajo cuando nos acercamos al mediodía. «Sólo seleccionan los mejores racimos». Una primera criba, aunque en bodega habrá dos más.

¿Por qué se ha tardado tanto este año en vendimiar? «La vendimia venía con mucho retraso. Una semana respecto a la anterior, pero la altura es un factor muy importante. Hemos esperado a vendimiar cuando la hoja ha cambiado de color porque en ese momento detectamos que la maduración fenólica era perfecta». Tan sencillo de explicar y tan difícil de cumplir. Los viticultores siempre tienen un ojo en el cielo y otro en la viña para hacer sus apuestas. Y en ellas, como en todas las decisiones importantes de la vida, aparecen los miedos, los nervios, las dudas y, a veces, pequeñas certezas a las que agarrarse fruto de la experiencia, el conocimiento y el talento.

A principios de septiembre cayeron cuarenta litros por metro cuadrado sobre el viñedo. Tromba de agua que durante décadas ha perfilado el paisaje de esta zona de Rioja Oriental, llena de barrancos y yasas por donde el ser humano no puede pasar debido a lo escarpadas que son sus pendientes. Algunas harían sufrir incluso a los más intrépidos escaladores como Juanito Oiarzábal, Jesús Calleja o el joven campeón olímpico Alberto Ginés. En cambio, a más porcentaje imposible para ciclistas, más facilidad para crear corrientes de aire durante el día por la diferencia térmica entre las zonas más altas y las más bajas. Y de esa ventilación, la ausencia de enfermedades. Gloria bendita.

«Sabíamos que la altura y la sanidad de la viña iban a permitir una maduración perfecta», confiesan en Queirón. El que esperó, acertó. Las lluvias propiciaron las prisas justo antes de que toda la comarca comenzara a vendimiar de forma generalizada. Sin embargo, en La Pasada los tiempos son diferentes. Allí todo transcurre más lento. Desde la vendimia a la vida. Basta situarse en su punto más alto para vislumbrar el valle del Cidacos como punto de referencia, desde Arnedo hasta Calahorra, y Los Pirineos como horizonte alcanzable. Tranquilidad cual clase de yoga que no tendría precio.

Bien lo sabía o lo intuía Gabriel Pérez hace cuarenta años. Cuando ni siquiera intuíamos que el cambio climático aparecería en nuestras vidas y empezáramos a hablar de altitudes y variedades con maduraciones más lentas, él plantó la variedad más característica de Rioja y la dejó al albor de los «tres climas» con los que cuenta La Pasada: la influencia atlántica de la Sierra de Cantabria; la continental de las estribaciones de la Sierra de la Demanda y la luz mediterránea y cálida de la apertura hacia valle del Ebro.

Los trabajos se demoran tres días en esta parcela si hablamos de nuestro manejo temporal, apenas un suspiro si utilizamos los tiempos agrícolas. En cuanto a las sensaciones para esta cosecha, según explica el enólogo de Queirón, Rubén Pérez, es de vinos con muchísima fruta. «Quizá algo menos de color, pero con la selección en bodega se encuentra concentración aromática». Tocará esperar algún año para comprobarlo, aunque en La Pasada apenas transcurre el tiempo. Sólo cuando llega la vendimia.

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