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Gol en Las Gaunas: «En la encrucijada»

Mutación a carne viva. Piel agrietada. Despellejarse en el fútbol quinqui para recuperar algo de brillo. Objetivo para la temporada que está por comenzar.

El último partido de la Unión Deportiva Logroñés fue ante el Amorebieta con gol de Ander Vitoria para firmar tablas en Las Gaunas y seguir a trece puntos de distancia liderando el Grupo 2 de Segunda B. No me convenceréis de lo contrario.

Ahora el Amorebieta está en Segunda, Ander Vitoria en la Cultura Leonesa, y la Unión Deportiva Logroñés se sitúa de nuevo en la encrucijada de su historia.

Nada es fácil en el fútbol riojano. Veinte años después, la Segunda pasó por La Rioja sin verla, y dejó no tanto un rastro de dolor como sí de frustración. Porque no duele lo que no se ha tenido. Solo habrá fotografías de vacío en los libros de historia de las pírricas victorias del fútbol riojano. Las Gaunas vacías bajo el embrujo del logotipo de la LFP en la manga de la camiseta blanquirroja.

Tanto esfuerzo para (casi) nada. Porque se está produciendo una mutación a carne viva, la piel a jirones para afrontar el reto de adaptarse de nuevo al fútbol quinqui y recuperar cuanto antes el bañado en plata. Y Rubén Miño, héroe del ascenso, en el Talavera.

El florecimiento del fútbol riojano surge a través del agrietado asfalto del sinuoso camino que conduce hacia Las Gaunas. Dicen que cayó algo de agua de lluvia a tiempo para favorecer una germinación espontánea. Porque hay quien mantiene que todo esto fue flor de un día en medio de una pandemia. Solo el tiempo le dará o le quitará la razón.

Sin embargo, otros siguen convencidos de que se acabará ocupando el espacio que se desea en la LFP, solo hay que hacer más méritos de los conseguidos hasta ahora. Ser mejores en todos los aspectos una vez visto lo rápido que va todo por ahí arriba. Un primer vistazo al sol que más calienta que debería servir para tener una visión más clara de la que se tenía hasta hace una temporada. Aquello era un sueño, ahora es una realidad que se debe recuperar cuanto antes. Con Gorka Pérez, en el Badajoz.

Porque la Unión Deportiva Logroñés se encuentra en su encrucijada… de nuevo. Paso atrás, sin duda, sobre el parcheado asfalto hacia la élite de este deporte. De carreteras de asfalto agrietado del que surgen endebles florecillas que embellecen el lento transitar por el fútbol quinqui a autopistas de tres carriles no exentas de curvas que otros clubes como Mirandés, Ponferradina, Fuenlabrada Huesca o Alcorcón, entre otros, han ido solventando no sin tropiezos.

El primer vistazo al fútbol profesional ha permitido observar lo rápido que va todo por ahí arriba y lo lento del paso en los escalones inferiores. Estar en Segunda B es perder el paso del tiempo, es no encontrar el ritmo adecuado para la modernización que requiere el balompié riojano, por tanto, es seguir en el siglo XX de este deporte cuando otros han conquistado el presente y se preparan para el futuro. Por eso, además de hacer un buen equipo y pelear por el ascenso, el club debe profundizar en su proceso de profesionalización (en eso anda el equipo de trabajo de Mere Hermoso y la directiva blanquirroja), y la ciudad deportiva es ya un asunto que no se puede retrasar mucho más en el tiempo después de muchos años de promesas incumplidas, a pesar de que recientemente el club compró los terrenos y dio por tanto un primer paso más que importante.

Y la responsabilidad de encender las luces como ya lo hicieran en su momento Haro, París y Nueva York recae sobre los hombros de la Unión Deportiva Logroñés, mejor preparada que nadie para volver a intentarlo. De ahí que haya tomado la decisión estratégica e histórica de despellejarse viva para recuperar el espacio que le ha permitido mirarse al espejo, observar sus debilidades, conocer las fortalezas de esos equipos profesionales y tener una primera fotografía de lo poco o nada que se parece este fútbol profesional al que vivimos los riojanos hace ya más de dos décadas. Con Roni en el Algeciras.

De ahí que la Unión Deportiva Logroñés parezca un club nuevo. De momento, como no ha comenzado a competir, ni mejor ni peor que el anterior. Pero sí nuevo. Nada o casi nada queda de una plantilla para la historia, ésa que logró un ascenso histórico y un descenso frustrante. Con Rubén Martínez en el Albacete, y con Zabaco jugando en Segunda con el Burgos de Andy Rodríguez, que se enfrentarán al Amorebieta de Olaetxea y al Mirandés de Iago López.

Nuevo director deportivo, nuevo entrenador, nuevo segundo entrenador, nuevo preparador físico, nuevo entrenador de porteros, nuevo analista, nuevos fisioterapeutas… vamos, que cuando los aficionados acudan a Las Gaunas no conocerán absolutamente a nadie. Nuevos porteros, nuevos laterales, nuevos centrales, nuevos centrocampistas, nuevos extremos, nuevos delanteros, nuevos suplentes… Salvo Iñaki, Andoni, Sierra y Siddiki, todo lo demás es nuevo. Así que la pérdida de identidad es más que evidente. Un factor que habrá sido valorado en los despachos del club, y más cuando el mayor éxito deportivo de esta entidad y del fútbol riojano en las dos últimas décadas llegó como es sabido con un claro sello riojano en todos los espacios deportivos de la primera plantilla. Con Pablo Bobadilla en el Racing de Santander.

Se cede espacio identitario en favor de lo que se observa en el club de Las Gaunas como una apuesta más segura para pelear por el ascenso. No quieren arriesgar como tuvieron que hacer Carlos Lasheras y Sergio Rodríguez para fabricar con menos presupuesto un equipo que se creyera, primero, que podía ganar; que, luego, ganó; y que, finalmente, pasó a la historia. Pero estas cosas tan románticas y auténticas suelen pasar una vez en la vida, y ya ha pasado. Con Miguel Santos en el Real Unión y César Caneda y Paredes en la SD Logroñés.

El final de la era ‘Sergio/Lasheras’ (ahora de año sabático) no debería llevar a sus aficionados a un luto eterno. No debería suponer una paralización del trabajo desarrollado hasta ahora. Todo lo contrario. Se está buscando tras una primera semana de duelo por el descenso un nuevo impulso hacia la profesionalización total de todas las estructuras del club. Es el objetivo con el que ha llegado un nuevo equipo de trabajo con amplia experiencia en el fútbol profesional. Manu Franco, ex de la Ponferradina, y Mere Hermoso, con banquillos en Segunda y creador de un Fuenlabrada que ascendió al fútbol profesional, como líderes de este nuevo proyecto. Ha llegado un amplio staff técnico acostumbrado a metodologías de trabajo típicas de la LFP, para implantarlas aquí, siempre, eso sí, con la debilidad más importante que tiene la entidad blanquirroja, la de no disponer de una instalación de trabajo a la altura del fútbol profesional.

Pero nada garantiza un ascenso. Tampoco una gran ciudad deportiva. Aunque sabido es que lograrlo sin todo esto resulta realmente complicado. En esta nueva encrucijada, la Unión Deportiva Logroñés quiere transitar con paso firme, sabiendo que en este deporte lo único seguro son las derrotas cuando no se hace el mejor trabajo posible.

Nada ni nadie garantiza las victorias, y como novedad importante un elemento que ahora sí será determinante para analizar los resultados de la nueva Unión Deportiva Logroñés: que ahora sí que el tiempo corre en su contra. El fondo de compensación salarial le va a permitir al conjunto riojano competir durante las dos próximas temporadas con cierto doping financiero. Y debe aprovecharlo como lo hicieron en su momento la Ponferradina, el Mirandés o el propio Albacete: subieron, bajaron, se sobrepusieron, dieron con la tecla y volvieron a la LFP como si resultara fácil, aunque no lo es.

La presión se va a incrementar de forma exponencial. Las exigencias de antaño nada tendrán que ver con las que a buen seguro deberán aprender a llevar unos futbolistas con nulo bagaje en este club que han llegado para jugar, competir, ganar y ascender de nuevo a Segunda a un recién descendido. Poco o nada sabrán de que este club ha asumido una deuda con todos los riojanos, que no pudieron ver a su equipo jugar en Segunda división tras más de veinte años de espera. Iñaki debería comentárselo en el vestuario.

Esta temporada, la Unión Deportiva Logroñés es uno de los cuatro recién descendidos, por tanto, uno de los cuatro principales candidatos a recuperar la Segunda. Y hemos visto suficientes e importantes naufragios como para no reconocer la dificultad que entraña volver a ascender tras haber caído. El Racing, el Deportivo de la Coruña, la Cultural, el Rayo Majadahonda, el Extremadura, el Nástic, la Llagostera, el UCAM… son ejemplos recientes de que volver a Segunda, a pesar del doping financiero, no es cosa menor.

Una nueva plantilla en una nueva categoría con una novedad importante (el campeón sube directamente a Segunda) para un viejo objetivo, ascender; y una necesidad, permanecer en el fútbol profesional para en esta encrucijada tomar la dirección correcta hacia la modernización del fútbol riojano. Que buena falta le hace.

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