El Rioja

Los viñedos de Rioja sufren su segunda helada en tan solo cuatro días

Los viñedos de Rioja sufren su segunda helada en tan solo cuatro días

Las heladas han vuelto a desvelar a los agricultores de Rioja por segunda vez en cuatro días. La de la pasada madrugada ha sido algo más leve que la registrada el pasado martes y no pasaría de lo anecdótico si no fuera porque las previsiones no son halagüeñas. «Si no pega más podemos decir que hemos librado, pero estamos en vilo hasta el 20 de mayo», señala Roberto Salinas, uno de los viticultores afectados.

Salinas mima estos días sus viñedos de Briñas, Haro, Labastida y Salinillas, cuya superficie se ha visto afectada «en torno a un 10 o un 20 por ciento». «No es irrecuperable, pero hasta el domingo tenemos previsiones de que puedan caer más heladas y estamos preocupados», afirma. Esta pasada madrugada la brevedad de la helada ha minimizado daños. «Ha habido un grado negativo y durante poco tiempo, la helada ha sido poco severa», explica Manuel Ruiz Hernández, uno de las voces más autorizadas de Rioja.

El exdirector de la Estación Enológica de Haro resta importancia a los efectos de las últimas heladas y apela a «ser pacientes para ver qué ocurre en los próximos días». Por lo pronto, aprecia en el aire signos de optimismo: «Se ha levantado un poco de aire y eso es indicio de que el régimen anticiclónico puede debilitarse, con lo que el riesgo de nuevas heladas disminuye».

Y es que, a juicio de una de las grandes eminencias de la viticultura, «el cambio climático tiene muchos inconvenientes, pero una ventaja: estas heladas primaverales ocurrían una vez cada cuatro años y ahora suceden cada diez o doce». Además, rebobina su memoria para recordar una de las heladas históricas en Rioja: la de mayo de 1981. «Fue prácticamente nieve y lo arrasó todo, pero el otoño vino tropical y la cepa tuvo tiempo de reponerse», evoca.

Helada en unos viñedos entre Leza, Samaniego y Villabuena de Álava (28 de abril de 2017)

Viñedos entre Leza, Samaniego y Villabuena de Álava en la histórica helada de San Prudencio de 2017.

La mala noticia es que los agricultores poco o nada pueden hacer parar resguardar sus viñedos de los daños del hielo en las primeras etapas de floración de las cepas, afectando a los brotes y los racimos incipientes. «Hay quien ha empezado a prender fuego para subir la temperatura del viñedo, pero tal y como son las viñas de Rioja es muy difícil tener éxito», explica, indicando que «las heladas se defienden mejor en la zona alavesa y en la Sonsierra porque, al ser una zona muy ondulada, las hondonadas mantienen el frío y las zonas altas se ventilan mejor».

Precisamente, el uso de velas en los viñedos -habituales en el sur de Francia- ha sido una de las imágenes más impactantes de esta semana en las parcelas de la DOCa. Pero aun así los viticultores explican que las características de esta técnica la hacen prácticamente inviable en la actual coyuntura económica.

Quema de parafina en los viñedos de Bodegas Tierra, en Labastida, la madrugada del pasado martes.

A este respecto, Roberto Salinas detalla que «en San Vicente y Labastida han quemado parafina, que parece que funciona, pero sale a unos 1.500 euros por hectárea y con el precio al que están pagando la uva no es rentable; se nos van las ganancias». «Hasta que no acabe la pandemia es lo que toca», se resigna el viticultor de Rioja Alta, que considera «injustificada» la caída del precio del kilo: «El año pasado las ventas cayeron un 8,5 por ciento y nos bajaron el precio de la uva entre un 40 y un 50 por ciento».

Así, descartado el uso de nuevas técnicas para paliar daños, los agricultores tendrán que conformarse con un método inherente a la profesión desde que el hombre cultiva la tierra: mirar al cielo y rogar clemencia cuando vienen mal dadas.

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