La Rioja

El convoy más esperado entre los veteranos del Camero Viejo

Las primeras dosis de Pfizer ya se han inoculado a la población mayor de 80 años de la sierra camerana

Juanjo Riaño visita a una vecina de Soto en Cameros para administrarle la vacuna de Pfizer

Las serpenteante carretera que recorre la sierra camerana se antoja más larga que de costumbre este martes. Apenas han dado las 9:00 horas en el campanario de la iglesia de Soto en Cameros cuando Elías hace sonar su claxon. El fresco mañanero no sorprende a los moradores de la villa cuando las cumbres más altas se teñían de una fina capa blanca el día anterior y alguno que otro ya sale a recoger el pan que llega desde Villamediana de Iregua.

Patricia, Sofía y Leire llegan con las vacunas de Pfizer a Soto en Cameros.

Pero los vecinos aguardan impacientes otra cita más importante. Es «el comienzo del fin de esta pesadilla», definen algunos. Y mientras tanto, Patricia, Sofía y Leire acaban de aparcar frente al consultorio médico de Soto con la joya de la corona: las primeras dosis de Pfizer que se administrarán a las personas mayores de 80 años. Estas tres enfermeras de Atención Primaria vienen desde Logroño con los viales descongelados listos para reconstituirlos con suero fisiológico y sacar hasta seis dosis de 0,3 mililitros.

Manos a la obra antes retomar el viaje hacia Torrecilla, que el Camero Nuevo también está de celebración este martes. Al mismo tiempo, la médico Rosa Stolle junto al enfermero Juanjo Riaño, ambos titulares del Centro de Salud de San Román de Cameros y con competencia en todo el Camero Viejo, preparan el listado de vecinos que mostrarán su brazo durante la jornada. Por el momento, Soto se lleva a los seis primeros.

Juan Antonio, primer vacunado de los Cameros.

Con Juan Antonio, de 89 años, comienza una carrera a contrarreloj con el tiempo como gran timón de esta historia. Seis horas desde que se reconstituyen los viales antes de que la vacuna quede inactiva, 37 dosis a administrar (de las cerca de 275 personas que componen el cupo médico del Camero Viejo) y ocho pueblos por recorrer entre curvas, barrancos y cumbres. A las puertas del consultorio del municipio, llega junto a su mujer Lucía y su hija Marimar, con muchas ganas y también tranquilidad: «Los serranos somos valientes».

Primer pinchotazo de los Cameros. «Esto no duele nada». Mientras tanto, las palabras de Lucía al reconocer a Rosa tras la mascarilla están cargadas de emoción: «Qué alegría veros. Ya me acordé de vosotros por Navidad, pero ya no salgo de casa, que ando muy torpe». Y entre tanto, segundo pinchazo. El primer matrimonio («¡Ojo! 65 años de casados y cinco de novios») se despide con su resguardo de vacunación en la mano para dar paso a Felisa, que llega también acompañada de su hijo: «El día que me llamó Juanjo para avisarme que ya nos tocaba vacunarnos me puse muy contenta, a ver si esto se va normalizando».

Rosa mira el reloj y apura los últimos preparativos mientras el enfermero recoge las dosis y las deposita en la nevera. Ahora la campaña de vacunación en Soto en Cameros continúa con un servicio a domicilio para quienes acudir al Centro de Salud es todo un reto casi imposible. «Algunas personas viven en lo alto del pueblo, están mal de las rodillas o demasiado cansadas y agilizamos más el trabajo yendo a sus casas que esperando que vengan a la consulta», asegura la médico.

«¡Pilar!», alza la voz Juanjo, mientras poco a poco gira la manilla de la puerta de madera. Las vistas desde la casa de Pilar son todo un espectáculo, más si cabe cuando los rayos de sol acarician las fachadas de piedra escalonadas a diferentes alturas y la torre de la iglesia, un astro muy lejano de esa neblina del valle que casi alcanzaba Ribafrecha a primeras horas de la mañana. El equipo sanitario asciende hasta el primer piso de la vivienda y ahí se encuentra la que será la cuarta camerana en vacunarse.

Juanjo Riaño y Rosa Stolle.

«Buenos días», saluda Pilar, mientras apunta que «si va a haber fotos, mejor sin la bata». Hace falta buen fondo físico para llegar hasta su casa sin que te falte el aire, así que «Pilar debe tener las piernas más fuertes de todo Soto», bromea Rosa. «Y, ¿qué pasa ahora con esta vacuna? ¿Va a tener reacción?», les pregunta mientras se remanga la manga. «Lo que puede pasar es que te duela un poco la zona del pinchazo o que te de algo de fiebre, así que en el resguardo hay un teléfono por si tenéis alguna reacción fuerte», le informa la médico.

Y a seguir. Próxima casa, la de Sara. Hace pocas semanas que salió del Hospital San Pedro tras ingresar con COVID-19. El miedo todavía se refleja en sus ojos, pero mantiene la calma mientras Juanjo le administra la dosis. Todavía se encarga de algunas labores de la panadería que lleva su hijo en el pueblo, pero las fuerzas ya van remitiendo con el paso del tiempo.

Ya al otro lado del río Leza, Soledad es la última soteña que va a recibir el pinchotazo de Juanjo, también en su domicilio. «¡Ya es hora!», saluda. «Ya es hora, sí, Sole. Que hoy vamos un poco a la carrera, pero mañana vengo a visitarte y miramos esas piernas con calma», apunta Rosa. Pero, aunque la travesía parece haber sido larga, apenas son las 11:00 horas de la mañana y por delante todavía quedan muchos pueblos que visitar y vacunas que inyectar. El tiempo apremia, así que la pareja de sanitarios se monta en su Suzuki Vitara destino San Román de Cameros. Allá la lista de pacientes todavía se prolonga más.

Soledad recibe la primera dosis de Pfizer.

Al sol serrano aguarda algo más de una decena de mayores de 80 años a las puertas del consultorio médico del centro geográfico del Camero Viejo. En San Román de Cameros está previsto que se vacunen unas 14 personas, algunas del propio municipio y otras procedentes de otras villas como Hornillos o Laguna de Cameros. Todo sea por facilitar a Rosa y Juanjo el desarrollo de esta jornada excepcional. «Hace una mañana fenomenal. Yo ya tengo ganas y como hemos pasado los 80, al ataque, que además Juanjo pincha bien», comenta Francisco, vecino del pueblo. Y respecto a los posibles efectos secundarios, «que sea lo que Dios quiera».

Isabel, natural de Laguna de Cameros, es la más mayor de este grupo y recalca con orgullo que todavía se vale por sí misma. A sus 94 años no muestra ningún signo de miedo hacia la vacuna. Será que comparte esa opinión social de que «Juanjo tiene las mejores manos». «Parece mentira cómo ha cambiado el cuento. Hace unos meses nadie se quería vacunar y ahora estamos expectantes de conocer cuándo es nuestro turno», comenta su hijo.

Jacobi, al fondo, y Mercedes aguardan su turno en la consulta de San Román de Cameros.

La partida de dosis que las enfermeras dejaron a primera hora de la mañana en Soto en Cameros ya van menguando. Ahora Rosa y Juanjo cargan de nuevo todo el equipamiento en el todoterreno y se preparan para conducir rumbo a Rabanera, donde también harán visitas a domicilio. Ajamil, Jalón y Laguna de Cameros son los sucedáneos. Para el final del día, todos los cameranos mayores de 80 años estarán vacunados hasta dentro de tres semanas, cuando reciban la segunda dosis. Nuevo reto cumplido para la Atención Primaria, una de las grandes supervivientes de esta pandemia.

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