CARTA AL DIRECTOR

‘Ni los niños son robots, ni los profesores héroes’

Parece que se ha convertido en un mantra decir que los colegios van bien, que no hay contagios intraescolares, que son sitios seguros. El viernes 8 de enero el consejero de Educación, y Cultura, Pedro Uruñuela, se mostraba «moderadamente optimista», al presentar los datos del primer trimestre de curso escolar en La Rioja: 1.627 casos positivos en colegios de 38 municipios, el 99,9% de los mismos originados en el ámbito externo del aula.

El BOR de este jueves decretaba el cierre de todos los establecimientos comerciales, menos los de actividades esenciales, suspendiéndose también toda actividad de enseñanza no reglada. Los colegios e institutos siguen abiertos, aunque los casos aumentan en parecida proporción a como avanzan en el resto de la sociedad .

Hasta aquí estoy de acuerdo, por ahora podemos decir los colegios van bien, pero ya es hora de empezar a decir también que los colegios van bien gracias al empeño de los profesores y a la responsabilidad de los alumnos. Y ya es hora de decir que detrás de cada uno de esos positivos y del alto número de confinados en cuarentena preventiva que no pueden seguir el día a día del aula hay un esfuerzo arduo para evitar que se descuelguen y no se vean afectados en su desempeño curricular.

Concretando en un intento de trasladar lo que los profesores estamos viviendo. El desgaste y la radical transformación que tuvimos que asumir e inventar con el confinamiento ya es parte del pasado, aunque como aprendizaje dejó sus frutos, con una mayor familiarización con los medios tecnológicos y una mayor preparación para cualquier posible escenario. Pero el día a día de las aulas sigue suponiendo un reto.

La tensión de saber que estamos expuestos al contagio o el temor a contraer el virus y poder propagarlo. El actuar como enfermeros y policías desde el momento en que entran los alumnos en el centro, les tomamos la temperatura y empezamos a pedirles una y otra vez que se separen, que mantengan la distancia, que se pongan bien la mascarilla… Las ventanas abiertas. El haber tenido que cambiar, en algunos casos totalmente, la manera de dar las clases, cuya preparación nos está ocupando gran parte de las tardes. El mantener el contacto constante con los alumnos confinados y sus familias para evitar que se queden atrás…. Todo lo que subyace a esa imagen de normalidad que parece querer ofrecerse públicamente descansa sobre nuestros hombros.

Ayer en un programa de radio hablaban del agotamiento emocional que estamos sufriendo como sociedad. Aunque para constatarlo basta con preguntar a cualquiera. El cansancio, la tristeza, la falta de estímulos positivos, el exceso de noticias negativas son la norma. Hoy me llegaba información sobre un curso programado por la Consejería, ‘Regulación emocional de los docentes en tiempo de pandemia’, y sólo he sido capaz de pensar una cosa. Si conocen la situación, si saben del trabajo que estamos desempeñando, si saben la cantidad de horas que necesitamos, si saben que atender a nuestros alumnos como necesitan nos está suponiendo mayor implicación que nunca, ¿cómo han sido capaces de convocar oposiciones? ¿Cuándo pretenden qué estudiemos? ¿Con qué humor, con qué fuerza mientras todo alrededor parece se desmorona? No pedimos aplausos a las ocho de la tarde. Visto lo visto, me basta con un poco de consideración y de respeto, me basta con que me dejen dedicarme a mis alumnos como se merecen. Porque ni ellos son robots ni nosotros somos héroes.

*Puedes enviar tu ‘Carta al director’ a través del correo electrónico o al WhatsApp 602262881.

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