Crisis del Coronavirus

Y la tercera ola, ¿a qué se parece?

Una comparativa entre la tercera ola y las dos anteriores

Cuando nace un bebé, todo el mundo a su alrededor intenta buscar parecidos. Que si los ojos del padre, que si la nariz es de la tía Maite, que si los gestos son del abuelo Faustino… y así es un no parar los primeros días. Luego se demuestra que el pequeño tiene rasgos de casi todos y que en realidad no se parece a ninguno.

Con la tercera ola de COVID-19 está siendo todo un poco similar. Muchos intentan buscar parecidos con la primera o con la segunda y la realidad es que si uno mira bien los datos es probable que no se pueda parecer ni a una ni a otra o que, incluso, pueda ser una mezcla dramática de las dos.

Mucho se ha hablado estos días del muro que se vislumbra de las gráficas que reportan los datos. La consejera de Salud, Sara Alba, era la primera en ponernos a todos la imagen en la cabeza. Una idea mental esclarecedora, como la pared de tantos frontones que inundan los pueblos riojanos. El ascenso de casos durante la última semana en España, en general, y en La Rioja, en particular, hace que las gráficas se disparen hacia arriba y algunos ven en ellas esa inmensa muralla de hielo que se extiende de este a oeste en el norte de Poniente y que separa los Siete Reinos de las tierras salvajes de más allá, como en Juego de Tronos.

La realidad es aplastante. En un mes, los contagios en La Rioja se han multiplicado por cuatro y lo peor es que nuestra comunidad no partía de un dato bajo. Es la suma que se suma a otra suma constante. En la tercera semana de diciembre se registraron en La Rioja 347 casos (recogidos de jueves a jueves porque los viernes posteriores fueron festivos y no se aportan datos concretos de positivos en los días de fiesta).

En la última semana (hasta el pasado jueves), los positivos en La Rioja fueron 1.380 y la situación pinta a peor en la próxima a tenor de los casos activos que van sumándose desde el último jueves y de las incidencias que marcan claramente que vamos directos hacia los 1.000 casos por cada 100.000 habitantes.

Si los expertos vaticinaban esa cifra para finales de enero, es posible que llegue esta misma semana. Este domingo ya se superaba la cifra de los ochocientos, récord en lo que llevamos de pandemia. Nunca había habido tanta gente enferma como hasta ahora. O por lo menos, si lo estuvieron nunca lo supimos.

¿Entonces la tercera ola se parecerá más a la primera? Es impredecible. Y lo es porque en la primera ola prácticamente no hubo test PCR, por lo que las cifras que existen de positivos de aquella época de poco valen. Entonces sólo pudo verse el pico del iceberg y fueron muchos los que pasaron la enfermedad sin enterarse, con síntomas entonces irreconocibles o incluso pasándolo mal en sus casas, sin test mediante y por lo tanto sin cuantificar esos miles de casos, cientos posiblemente en La Rioja.

Ahora se hacen muchos más test, lo que hace que los casos presintomáticos o asintomáticos se encuentren antes. Además, la capacidad de rastreo es mucho más alta, lo que provoca más casos, pero más control de la situación. También es verdad que entonces, con incidencias mucho más bajas, se llevó a cabo un confinamiento estricto que, de momento, se descarta en estos momentos por parte de las autoridades.

En la primera ola, la última semana de abril fue en la que más casos se registraron en La Rioja, un total de 2.587. Sin embargo, la semana con más ingresos fue la última de marzo con 344, de los que 21 tuvieron que entrar en las UCI riojanas. Entonces, la primera semana de abril fue la de mayor mortalidad con ochenta fallecimientos en siete días cuando sabemos que esas cifras suelen registrarse entre tres y cuatro semanas después del pico de casos. ¿Cuántos casos habría en las primeras semanas de marzo? Imposible saberlo, pero está claro que muchos.

Eso en cuanto a casos. ¿Y en cuanto a presión asistencial? Aquí hay varias diferencias con la primera ola. Unas positivas y otras negativas, por lo que puede que las cosas se compliquen más o menos que entonces. Entre las primeras sabemos que se ingresa a un mayor número de personas, pero también que están menos días hospitalizadas. Es decir, la rotación de pacientes es mayor.

El conocimiento de los sanitarios de la enfermedad hace que las estancias en los hospitales no sean tan largas como entonces y que la posibilidad de colapso sea algo menor en este aspecto. Por otra parte, está el cansancio y agotamiento de los sanitarios. Una baza que juega en contra de la situación en la que nos podemos encontrar. Por último, hay que tener en cuenta cómo la sociedad se enfrenta a una tercera ola con cada vez más negacionistas y con la fatiga pandémica de muchos sectores que están cansados ya de medidas, cierres, toques de queda… Además, se une otra clave: la normalización de los datos y, en muchas personas, la pérdida del miedo al virus.

¿La mortalidad podría ser la misma? Pues también hay diferencias sustanciales. La primera y más importante es la del control de las residencias. En esa primera ola más del cincuenta por ciento de los fallecimientos fueron usuarios de las mismas. Ahora, estos centros tienen un mayor control y, lo que es más esperanzador, todas han pasado ya por la primera dosis de la vacuna. En cuestión de poco más de un mes tendrán inmunidad.

Otra de las cuestiones a tener en cuenta es el conocimiento, de nuevo, de la enfermedad por parte de los sanitarios. Cada vez son más personas las que salen de las UCI. Hay que recordar que en marzo la primera persona que salió de una UCI en La Rioja tardó semanas en hacerlo.

Diferencias con la segunda ola

Y si no se parece a la primera ola, ¿se parecerá a la segunda? Pues parece que tampoco. Los casos activos ya a día de hoy superan el pico de la segunda ola. Según los expertos, esto no ha hecho mas que empezar. Si tenemos en cuenta el 1 de septiembre como inicio de la segunda ola en La Rioja con los efectos en muchos municipios de las ‘no fiestas’, la curva de casos fue ascendiendo lentamente hasta la primera semana de noviembre (casi ocho semanas después) cuando se registró el mayor número de positivos en una semana (1.244).

En esta segunda semana de enero ya hemos sobrepasado esa cifra, poniendo como inicio de la tercera ola el 1 de enero. La curva es mucho más inclinada y, por lo tanto, hará falta mucha más fuerza para doblegarla.

Uno de los principales problemas de esta tercera ola es que nunca se llegó a doblar del todo la segunda. La ‘mejor’ semana en cuanto a detección de positivos fue la segunda de diciembre con 292 en siete días (ahora mismo esos se registran en menos de un día), pero nunca se bajó de incidencias que se consideraron normales cuando no lo eran.

Cabe recordar que el objetivo del Gobierno de La Rioja era llegar a una incidencia de treinta casos por cada 100.000 habitantes y nunca se bajó de los doscientos antes de que llegasen las Navidades. No ha habido ni una sola semana sin fallecimientos, aunque la ‘mejor’, sin duda, fue la última de diciembre con un solo fallecimiento en siete días. Para entonces, los primeros casos de la tercera ola ya empezaban a vislumbrarse. Empezar una sin haber acabado la anterior.

Una ola sobre otra y con variantes que además pueden incidir como la posibilidad de la existencia ya de la cepa británica, como ha explicado la doctora en Biología Molecular e investigadora en el CIBIR, María del Toro. En La Rioja aún no se ha reflejado oficialmente ningún caso, pero en las comunidades limítrofes ya está presente aunque de manera muy minoritaria.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que los contagios de la segunda ola fueron en reuniones más distendidas en el tiempo y que las de esta tercera estuvieron concentradas en los días 24, 25, 30, 31 de diciembre y 6 de enero, por lo que podría darse la circunstancia de que los positivos aumenten de forma notable a los quince días de esas reuniones, pero que también bajen en el mismo ritmo pasados esos días. Sólo quedará esperar para ver si esto es así y confiar en que los rastreos estén siendo efectivos para no dejar cabos sueltos que sigan contagiando.

A la vista de los positivos, la presión asistencial sí podría ser mucho mayor y también el perfil de los ingresados diferente: personas mucho más jóvenes que lo que estábamos viendo hasta ahora. «Si no se corta ésto podríamos ver cosas que no hemos visto hasta ahora», adelantaba en Federico Castillo, neurólogo del San Pedro y ya un habitual en las plantas de COVID desde la primera ola.

La tercera semana de octubre registró los mayores ingresos en las UCI riojanas de la segunda ola (26 en siete días). Luego se volverían a repetir cifras importantes de ingresos en las UCI en la primera semana de diciembre, reflejo claro de los máximos picos de casos en las primeras semanas del mes anterior. Cifras muy similares a las que se están registrando ya en las camas de críticos con catorce personas ingresadas esta última semana.

Los casos que terminen en fallecimientos podrían superar los de la segunda ola. A más contagios, más ingresados, más críticos y más fallecidos. Siempre con la esperanza de que en la jornada de hoy ya serán algunos los que hayan recibido la segunda dosis de la vacuna y que en apenas diez días ya estén inmunizados. Con las residencias inmunizadas, es muy probable que los fallecimientos no sean tan alarmantes como en las olas anteriores aunque a más casos, más posibilidades de que estos sigan en aumento. Hay que recordar que la población mayor de 65 años que no vive en residencias aún tardarán meses en ser inmunizadas al completo.

Diferencias con la ola inglesa

La ultima teoría es que la tercera ola sea muy similar a la ola británica. La aparición de una variante que parece demostrarse con más capacidad de contagio y que aunque se está subestimando podría ser la predominante en cuestión de semanas en nuestro país, según lo que vaticinan muchos expertos.

No hay que olvidar que, en un mes, Reino Unido ha pasado de los 1.869.666 casos que tenía el 15 de diciembre a los 3.260.258 que tenía el pasado 15 de enero, duplicando casi los contagios que había sufrido en los nueve meses anteriores. Este último mes se ha saldado con casi 22.000 muertes en Reino Unido teniendo en cuenta que llevan semanas de casi confinamiento absoluto.

Hay novedades en esta tercera ola. La peor, sin duda, es que los casos entre menores de sesenta años se han duplicado y crecen los ingresos de contagiados sin patologías previas. A tenor de las previsiones, las próximas semanas se atisban dramáticas. «La tormenta perfecta», le llaman algunos. «Un tsunami de grandes dimensiones», dicen otros. La principal consecuencia será que, en el escenario más optimista, los contagios se van a triplicar respecto al peor momento de la segunda ola, vaticina la mayoría.

España ya ha registrado jóvenes fallecidos, pero más allá de esas excepciones que salen en los titulares, lo que los especialistas ya ven en los centros sanitarios es una tendencia clara: la edad de los afectados que necesitan asistencia hospitalaria ha bajado de media unos quince años en comparación con la primera ola.

Las medidas flexibles en Navidad, los encuentros familiares y sociales, junto al resto de variantes, nos han sumergido en una tercera ola que acaba de nacer y que nadie sabe muy bien aún a quien se parece. Las medidas y sobretodo la responsabilidad personal dirán a quién se parece la recién nacida.

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