El Rioja

Santalba afianza su proyecto culmen: «En Haro no existe nada igual»

Con prudencia y certeza, sin prisas. Así avanza el que será el proyecto culmen de Bodegas Santalba. «Mi padre nos dijo que estábamos locos por adentrarnos en esto, pero va a ser un homenaje a su figura, a su esfuerzo y dedicación». Les pusieron la miel en los labios y no supieron rechazar una oportunidad única. Calados de hace doscientos años, pasadizos subterráneos, jardines, … un patrimonio histórico y cultural en el centro de Haro que merece ser explotado.

La oportunidad de adquirir la bodega donde Santiago Ijalba pasó sus primeros 34 años en el mundo de la vinificación, así como los terrenos colindantes, se les planteó entre 2018 y comienzos de 2019. Un espacio comprendido entre las calles Cuevas y Santa Lucía, considerado el núcleo vinícola hasta 1900 cuando la llegada del ferrocarril trasladó las bodegas al histórico Barrio de la Estación, que refleja a la perfección la historia de la ciudad jarrera.

Sin embargo, más de un año después de su puesta en marcha, el proyecto todavía no tiene fecha de inauguración. «El COVID ha trastocado todos nuestros planes, retrasando muchísimo los trámites burocráticos, sobre todo con la modificación del Plan General Urbano de la localidad. La idea inicial era tenerlo listo para las fiestas de Haro de 2020, pero ahora es imposible fijar una fecha a corto plazo. Todo dependerá de la evolución de la pandemia y cuánto tiempo se prolonga el cierre perimetral de La Rioja», apunta Laura Ijalba, una de las responsables de la bodega.

Plano aéreo del perímetro que abarcará el nuevo proyecto de Bodegas Santalba en Haro.

En el transcurso del proceso de ejecución, tras aprobarse la modificación del Plan, se abre un proceso de alegaciones y si alguien se opone, todo se demorará más. «No solo depende de nosotros, sino que influyen más factores». Santalba, una bodega cien por cien familiar que no da pasos en falso, es consciente de la envergadura de este proyecto y la inversión que supone, de ahí que no importe el coste de tiempo: «No vamos a parar, cumpliendo con los trámites conforme podamos ir haciendo las cosas, pero lo vamos a hacer con cabeza porque todo dinero invertido es fruto de nuestro esfuerzo».

Un coste que no importa sufragar si se vislumbra un trabajo «bonito que alberga patrimonio, conocimiento y cultura en torno al mundo del vino para dotarle también de un carácter formativo que conformen un producto enoturístico único», resalta Laura con emoción. Una forma de adentrarse en la zona tradicional de bodegas de Haro con una visión totalmente distinta.

Más allá de los calados y la bodega, los exteriores serán un pilar fundamental para la conformación del plan. En una de las parcelas, que cuenta con un jardín más de 1.500 metros cuadrados, la familia Ijalba valora plantar un viñedo experimental que sirva también como elemento turístico y formativo para poder explicar todo el proceso de la vid, más allá de lo que concierne a la elaboración. «Nos chirría la idea de una bodega sin una viña cerca y aunque estemos en el centro de Haro se puede conseguir», asegura.

La fachada de la bodega (edificio del medio) que da a la calle Cuevas.

El proyecto no se va a quedar solo en preservar el patrimonio cultural de la ciudad jarrera y apostar por su valor formativo. El sello Santalba va ligado a la elaboración vinícola y por ello este espacio no iba a ser diferente. Es más, la familia Ijalba pretende amasar un «vino de muy alta gama, especial y diferente», ya que la bodega que se asienta en Haro no es una propiamente de elaboración, sino que está más enfocada a la crianza.

«Va a ser como cerrar el círculo profesional de mi padre, por eso nos hace tanta ilusión llevarlo a cabo aunque conlleve más tiempo de lo esperado», destaca Laura. La tradición es una de las bases sobre las que se sustenta la filosofía de Santalba y por ello la familia no quiere buscar ideas rupturistas, sino unas que encajen en el patrimonio que le rodea y que haga honor a los orígenes, en este caso, de Santiago, pero que aporten diferenciación.

«En Haro no existe nada igual y como jarreros que somos queríamos que el proyecto se quedase aquí, en la capital del Rioja para ofrecer a los visitantes una oferta transversal y completa aglutinada en un mismo espacio y de la mano de los propios responsables de la bodega. Son detalles que sin duda conforman un lugar de sentimientos que va a estar vivo, como lo está una bodega».

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