Crisis del Coronavirus

«Esto lo hemos salvado los médicos haciendo medicina del siglo XIX»

Fede Castillo: «Esto lo hemos salvado los médicos haciendo medicina del siglo XIX»

Fede Castillo es neurólogo del Hospital San Pedro. Malagueño, con voz dulce y tranquilizadora, se ha vuelto uno de los imprescindibles en twitter para muchos riojanos. Cuenta sus experiencias, reflexiona sobre los datos y, casi sin quererlo, se ha vuelto en uno de los mejores divulgadores sobre la pandemia. En la primera ola estuvo en la planta COVID, en la segunda ha vuelto a estar allí. Ahora regresa a sus consultas de neurología, pero se teme que por poco tiempo.

– De vuelta a su sitio natural.

– Yo me he despedido de la planta COVID hasta enero porque veo muy muy improbable que esto no suba después de la Navidad.

– ¿Cuáles han sido las diferencias entre la primera y la segunda ola?

– Creo que en la primera ola lo que vimos fue el pico del iceberg. Hubo muchos casos que no estuvieron diagnosticados. Sólo veíamos a la gente que estuvo peor y por eso la letalidad fue mayor. Nos llegaban afectados muy mayores y con peores diagnósticos. Además, no sabíamos tratarlos bien. Usábamos fármacos que luego se han demostrado que no servían para nada. Alargábamos muchísimo los ingresos porque no nos atrevíamos a dar de alta. El escenario no tiene nada que ver entre una ola y otra. Muchas personas que ahora hemos ingresado para observar, en esos momentos lo pasaron en su casa. En la segunda ola han sido pacientes mucho más jóvenes porque hemos diagnosticado mucho más. Hemos afinado muchísimo en los diagnósticos y ésto se nota. Hemos sido capaces de ir por delante de la pandemia en el hospital en muchos casos.

– También habrá cambiado mucho la actitud de los sanitarios.

– Estamos mucho más agotados. En la primera ola estábamos frescos. Todos queríamos ayudar. Teníamos esa necesidad de ayudar a los demás porque no teníamos la necesidad de pensar en nosotros. Ahora la sensación ha sido distinta. La gente está muy cansada y en muchos casos no ha disfrutado aún de sus vacaciones.

– Ejemplificaba un día esa sensación de vivir en dos realidades paralelas. Como si traspasase las puertas del Ministerio del Tiempo cada vez que salía del hospital.

– Es que cuando pasas tus ocho horas de trabajo o tus guardias sin parar de ver gente que lo está pasando realmente mal, llevando a enfermos a la UCI y sales y ves a alguien cabreado porque no puede echar una cerveza… te resulta surrealista. O que tengas que estar discutiendo con gente que después de tanto tiempo no se cree ésto. Luego hay otra cosa que no entiende la gente y es que esto es así gracias a las medidas que se han tomado. Es que sin las medidas… no me quiero ni imaginar cuáles hubiesen sido las cifras. La gente no entiende que no es lo mismo ir al supermercado (que hay que comer) que ir a tomarse una cerveza o ir a trabajar que ir a la piscina. Y cuando ves sufrir tanto a la gente, eso duele. De todas formas, lo importante es poner el foco en hacer las cosas bien porque se pueden hacer muchas cosas y hacerlas bien. Si bajo a Málaga sin cinturón probablemente llegue igual de sano que si no me lo pongo, pero a nadie se le ocurre no ponerse el cinturón. Pues con esto, igual.

– Se habla de que llegamos al principio del fin.

– Yo creo que quedan muchos meses y tengo un montón de incertidumbres. Creo que estamos en la senda, que estamos en el camino. Creo en las vacunas y creo que son seguras, pero creo que queda mucho por saber sobre ellas: hasta cuándo van a ser efectivas, si nos libran de la enfermedad o también del contagio… No podemos caer en la sensación de euforia. Si tendría que definirlo, te diría que soy moderadamente optimista. Yo creo que podemos estar en el principio del fin, pero que si nos comportamos como si fuese así llegará más tarde. En los próximos seis meses yo creo que las cosas van a seguir exactamente igual. Cada vez que nos relajemos, esto va a ir para arriba. También te digo esto a pesar de todas las dudas que tengo. Es mejor no ponerse plazos porque quizás esos plazos son los que han hecho que la gente se canse de hacer las cosas bien. Cuando corres una carrera de 10 kilómetros y vas por el kilómetro nueve, te parece que ya no puedes más. Sin embargo, en una maratón, en ese mismo kilómetro, te parece que acabas de empezar. Las sensaciones son así.

– ¿Vacunas sí? ¿Vacunas no?

- Vacunas sí, siempre. Ahora se va a hablar de las contraindicaciones que vayan saliendo, pero si no nos vacunamos las consecuencias son mucho peores. Los quince muertos de esta semana, ¿no crees que se hubiesen querido vacunar hace un mes? Hay alergias por amoxicilina. ¿Dejamos de usarla? El otro día leía un tuit que me encantó sobre la responsabilidad de esa pobre mujer de 91 años que se ha puesto la vacuna, Más le vale que no le pase nada en un tiempo porque le pase lo que le pase va a ser culpa de la vacuna. Y no hay que olvidar que tiene 91 años y que eso ya de por sí es un factor de riesgo. La única forma de llegar a la solución de esto es la inmunidad de rebaño natural o artificial. Según el estudio de seroprevalencia, en La Rioja llegar a una inmunidad de rebaño natural nos costaría unas 4.000 muertes más. Hay que vacunarse.

- ¿Cuáles han sido los peores momentos de estos meses?

– Ha habido muchos. La primera vez que acompañas a una persona a la UCI es muy duro. En lo profesional sería ese y el fallecimiento de Gayoso. Fue muy duro perder a una persona joven, sana y fuerte. En casa también ha habido momentos duros. Al principio nos dieron la opción de irnos a vivir a un hotel. Se habló en casa y se decidió que aceptábamos ésto como un riesgo compartido, pero no fue fácil. Tampoco fue fácil mi positivo. Justo fue en los quince días que me había cogido de vacaciones para terminar de preparar la oposición que llevaba preparando todo un año, que llevaba doce años sin salir y que no sabemos si tardará otros doce en repetirse. Además de pensar en la mala suerte que había tenido, cada vez que me auto oscultaba sufría porque he visto casos de personas que de un día para otro se complica todo.

– Que el Hospital San Pedro haya tenido la capacidad de reconvertirse ha sido clave.

- Ha sido muy importante, pero ha habido para mucha gente que no ha sido fácil reconvertirse. Hay gente que tiene más capacidad de adaptarse y otra que tiene menos y hay gente que lo ha pasado realmente mal al tener que dejar de hacer lo que había hecho toda su vida. Para mi fue más fácil porque en mi vida he cambiado muchas veces. Reconvertir gente no es tan fácil.

– ¿Qué nos ha enseñado el virus?

– A mí personalmente me ha dado una cura de humildad tremenda. Nos ha enseñado que creemos que sabemos un montón y no sabemos nada. Que al final esto lo hemos salvado los médicos haciendo medicina del siglo XIX. Medicina a ciegas sin tener fármacos intentando hacer lo que podías con unos conocimientos muy limitados. A mí me ha enseñado que tengo muchísimas carencias. También te digo que estoy orgulloso de cómo hemos reaccionado en muchos aspectos. Hemos tenido una cintura y una capacidad de adaptación tremenda. También me ha confirmado lo que siempre me repetía mi padre y es que el ser humano no es capaz de ver los problemas hasta que no les toca en cabeza propia. Es verdad que son la inmensa minoría, pero también es verdad que hacen mucho ruido. También me gustaría destacar el valor de los jóvenes. Sé que a veces vemos que hacen las cosas muy mal pero la mayoría las están haciendo muy bien teniendo en cuenta la edad que tienen. Tiene mucho mérito. Me ha enseñado la necesidad que tenemos de contacto humano, yo no era tan consciente de esa necesidad. Yo esperaba más de la clase política, pero el virus también nos ha enseñado que nadie nos va a sacar las habichuelas si no somos nosotros. Nos tenemos que salvar entre todos.

– Alertaba hace unos días sobre la subida de la IA a siete días tan cerca de Navidad. ¿Preocupado?

- Pues sí. Me gustaría haber llegado con unas incidencias mucho más bajas porque está claro que hasta las personas que mejor lo hacen van a tener estos días más contactos sociales y sabemos que eso supone que los casos aumenten. A dos semanas de la apertura de Logroño ya se ven incrementos de casos y aún no ha llegado la repercusión del puente.

– ¿Cuatro consejitos para esta Navidad?

– Los cuatros serían restringir las relaciones sociales, restringir las relaciones sociales, restringir las relaciones sociales y restringir las relaciones sociales. Eso es el 98 por ciento de tener una seguridad absoluta y evitar que esto se nos desmadre. Y si no van a cumplir esos cuatro, entonces cumplir las medidas, sobretodo estar en sitios muy ventilados. Para mí, ahora mismo, esa es la clave. Respetar los mínimos que nos han puesto (dando importancia no sólo al número de personas que nos juntamos sino también a los núcleos familiares) y respetar al máximo a los que lo hacen bien porque son los que están haciendo mucho por esta pandemia. Esos serían mis consejos para esta Navidad.

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