UD Logroñés

El Amorebieta apea al Logroñés de la Copa del Rey en la primera ronda

Barro y lluvia. Noche de taco largo. Cielo cerrado sobre Urritxe para darle a la Copa esa atmósfera oscura en la que todo puede pasar. El sueño de los humildes frente a los trámites de los profesionales. Las trampas del fútbol. Las escaramuzas de los guerrilleros más valientes ante las sólidas defensas de acorazados curtidos en mil batallas. El (escaso) público sobre una valla de ladrillo y cemento. Los (pocos) aficionados sobre un montículo detrás de la portería que permite intuir por dónde va el balón. Así comienza el guión de una película de terror escrita en euskera y grabada esta noche en el Duranguesado.

Con cinco derrotas consecutivas en liga llegaba el Logroñés a la primera eliminatoria de la Copa del Rey (Mallorca, Ponferradina, Rayo Vallecano, Girona y Espanyol). En el destino del GPS, Amorebieta. Urritxe. Terreno conocido. Césped familiar y barro aún más cercano. La vuelta a los orígenes. La banda de la navaja regresaba a esos lugares que les vieron partir hacia Segunda División como hija del barro. No hace tanto de eso. Apenas unos meses. Y ya lo cantaba Joaquín Sabina: «Al lugar donde fuiste feliz no debieras tratar de volver».

El Logroñés fue feliz la última vez que jugó en Urritxe. Era octubre de 2019, el conjunto de Sergio Rodríguez ganó 0-1 y sumó su sexta victoria consecutiva en liga (serían siete una semana más tarde). Al verano siguiente fue aún más feliz y tocó el cielo desde Málaga, donde vuelve el próximo domingo. Mismo error que este miércoles para llevarle la contraria a Sabina. Siete jugadores del once titular alineado por Sergio Rodríguez en este partido jugaban la temporada pasada en el Logroñés. Cosas del balompié y sus caprichos, aunque más allá del inescrutable destino está el buen hacer de cada escuadra.

El Amorebieta ha desempeñado su plan a la perfección. Al Logroñés se le ha olvidado muy rápido lo que era el barro y por eso se ha quedado encallado casi nada más salir al césped. Pese a apostar una y otra vez por el juego directo, el conjunto riojano no ha conseguido crear ninguna acción de peligro en la primera parte. Los locales tampoco, aunque eso no quiere decir que no sea suficiente para hacer gol. Media ocasión fabricada por Seguin en un centro lateral desde la izquierda, otra media creada ocasión por un fallo en cadena de la defensa blanquirroja y gol de Mikel Álvaro (1-0). Justo antes del descanso, otro jarro de agua fría que añadirle a la incesante lluvia de esta noche de diciembre.

Tras la reanudación, un querer y no poder del equipo riojano. Precipitación, nervios y dudas. Las prisas por saberse detrás en el marcador y ver a cada segundo cómo el encuentro se te va. De hecho, las dos mejores ocasiones han sido para el Amorebieta. La primera la ha sacado Gorka Pérez in extremis (tiro de Koldo Obieta) y la segunda ha obligado a Dani Giménez a emplearse a fondo tras una volea de Orozko. Pequeño chirimiri sobre el césped. Pequeño chirimiri sobre la meta visitante. Más barro y más negaciones con la cabeza después de haber cometido un error sobre el que advertía Sabina. Ni siquiera los cambios han surtido ese efecto que siempre consigue Sergio Rodríguez sobre su escuadra. Ni Bogusz ni Leo Ruiz ni Paulino han podido revolucionar el choque.

El Logroñés cae así eliminado en la primera ronda de la Copa del Rey. Derrota 1-0 ante el Amorebieta que convierte la negativa racha liguera del conjunto blanquirrojo en su primera pequeñas crisis en el fútbol profesional antes del último partido del 2020. El Málaga espera y la victoria también. No son dos cosas menores. Dicho de otra forma: son dos cosas mayores, como la gesta conseguida bajo la lluvia del norte por el Amorebieta. Sonríe el humilde, llora el profesional. La magia de la Copa. El barro de Urritxe.

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