El Rioja

El padre de las burbujas doradas

Amador Escudero en la bodega familiar.

En su tierra se le reconoce por ser el padre de las burbujas doradas que recuerdan al ‘champagne’, pero con origen riojano, en una época en la que todos se obcecaban en hacer tintos. Un accidente de moto lo alejó de la actividad vitivinícola durante una temporada, pero Benito Escudero regresó con más fuerza y apostando por algo único en su comunidad.

Ahí comenzaba la segunda etapa de Bodegas Escudero, después de que en 1852 su abuelo Juan iniciase la primera en las cuevas del monte de Yerga, comercializando el vino tinto en pellejos de 150 litros entre los pueblos de la Sierra de la Demanda. Ahora, la cuarta generación de la bodega lleva el nombre de Rioja y Cava, a camino entre Grávalos y Pradejón, con tintos, blancos y espumosos con un mismo sello personal impregnado con las palabras tradición e innovación.

A sus 62 años, Amador Escudero ejerce como enólogo con un espíritu emprendedor que, asegura, «caracteriza a toda su familia». Prefiere hablar más de empresa agrícola que de bodega, porque al fin y al cabo son él y sus hermanos (junto a unos 40 trabajadores más) quienes participan de todo el ciclo productivo de los vinos. «Yo también he ido -hace ya muchos años- a quitar hierba a la viña».

Ya no echan mano del ‘hozón’ ni de los mulos para arar la tierra, pero sí se sumergen en el universo sostenible a la hora de tratar sus viñas de la forma más natural: estiércol de las granjas vecinas, convirtiéndose en hummus a través de lombrices californianas… Siempre honrando «de la forma más natural posible» a sus antepasados. «Fuimos de los primeros en emplear feromonas en esta zona para combatir las plagas hace 40 años y en nuestra bodega de Pradejón vamos ya por el doceavo proyecto de I+D+i», explica.

Y sin salirse de la línea, también recuerda otro de los proyectos que impulsaron hace dos décadas y que los situó entre la novedad a nivel nacional. Concretamente con el uso de la gravedad en la elaboración de los vinos mediante un puente grúa para evitar que pepitas y hollejos se rompan. «Tener la bodega en tres alturas favorece poder llevar a cabo este proceso, empleando únicamente las bombas para trabajar con líquido una vez se ha producido la fermentación. Somos tradicionales, pero aplicamos la mayor innovación posible».

Entre cuatro pilares se sustenta la firma Escudero, factor donde Amador hace hincapié como clave para el crecimiento de la bodega. José Mari, al mando de la exportación; Jesús, como cabeza de campo, y María Ángeles, para los números como directora financiera. Y todos ellos con una filosofía muy clara en la optimización de los recursos: «En tiempos de bonanza, mejor ahorrar para que en tiempos de crisis se pueda aguantar». Apunten, jóvenes emprendedores.

A pesar de ser la bodega del cava en Rioja, los números reflejan que la producción de espumosos de Escudero apenas supone el 20 por ciento del total de su producción. Principalmente, en restauración y con gran presencia en el norte del país. «A nivel regional se nos conoce sobre todo por los cavas y eso es lo que más nos demandan, pero fuera triunfa más el Solar de Bécquer. Ya en exportación reinan los vinos de autor más especiales (Arvum, Vinsacro Dioro, Vidau).

Jose Mari Escudero en el degüelle del cava.

¿Ha costado introducir las burbujas entre los consumidores riojanos? «Esa pregunta habría que habérsela hecho a mi padre, quien inició esta andadura viviendo unos comienzos difíciles. Pero desde el principio nos hemos ganado la vida con ello y no podemos estar más agradecidos al consumidor de la región por su acogida a pesar de estar dentro de una zona donde el tinto tiene mejor recepción», reconoce Amador.

La Rioja de antes era conocida por su diversidad de vinos y variedades, «luego tuvo un momento de una Rioja mucho más uniforme, pero ahora regresa a esa distinción con marcas que muestran su propio sello personal, donde se revaloriza la tierra y la materia prima de los vinos recuperando también antiguos métodos de elaboración que nunca debieron haberse abandonado». El consumidor «es quien tiene la sartén por el mango en esta cuestión», se ha pronunciado y ha dado una oportunidad a nuevas visiones de Rioja.

Etiquetas con historia

La carta de vinos no deja indiferente a nadie con unos nombres que evocan a pasajes de la historia y que Amador relata gustosamente (sus escasos ratos libres que no para en bodega los dedica a formarse en una disciplina que le fascina desde joven). «Según cuenta la leyenda, Gustavo Adolfo Bécquer escribió ‘El miserere’ en los montes de Yerga en la época de mis bisabuelos, inspirado en lo que los espíritus de los monjes cistercienses le contaban. Como fan del escritor, quise registrar las marcas Bécquer y Solar de Bécquer».

Para Serna Imperial, una marca cien por cien destinada a vinos de exportación, se evoca a los tiempos de conquista de la Edad Media, mientras que Vinsacro Dioro, como vino sagrado, homenajea a la cultura griega y egipcia como «padres de la elaboración del vino». La presencia de viñas viejas con cepas de tempranillo, garnacha, graciano o monastel, todas ellas entrelazadas en una misma parcela, adquirían antiguamente el nombre coloquial de vidau, un vino que ahora Bodegas Escudero plasma con «las raíces de la tradición que forman parte de la vida».

Luego está el trato al cliente internacional. Con un nivel de exportación superior al setenta por ciento, toca invertir tiempo (y dinero) en adaptarse a las demandas de cada importador con vinos que esconden cada uno de ellos un toque especial, tanto por dentro como por fuera en su diseño.

Lo que guardan todos ellos en común es que son vinos «bastante alcohólicos y potentes» nacidos en viñas de Yerga y Pradejón de suelos pobres y calizos con la garnacha como variedad mayoritaria, que ahora muchas bodegas quieren vestir en sus botellas. «Se intenta plasmar en cada vino un mismo viñedo y método de elaboración, pero cada añada es diferente y no siempre acompaña. De esta cosecha, por ejemplo, no vamos a poder sacar nuestro Arvum (campo de cultivo en latín) de garnacha muy madura acompañada de tempranillo y graciano, el más potente de todos donde hacemos honor a los valores inculcados por nuestros padres».

En camino está ya la quinta generación de Bodegas Escudero. Por el momento, un grupo de cuatro jóvenes cargan sobre sus espaldas títulos de Ingeniería Agrónoma, Enología y Comercio Internacional (que siguen ampliando continuamente) para tomar las riendas del negocio familiar en su momento. «Vienen mejor preparados que nosotros, no hay duda», destaca Amador, pero también vienen con puntos de vista diferentes y necesarios para mantener la marca entre un equilibrio de artesanía y modernidad.

Benito Escudero.

Subir