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El Rioja

Un brindis por la familia en tiempos de vendimias

Luis Larrea en la última jornada de vendimias

Amanece en Pago de Larrea. Los rayos de sol traspasan con intensidad las hojas amarillentas que ya comienzan a tostarse y del río Ebro emana una neblina suave que baña el pueblo de Elciego y golpea con frío el rostro. Es la última viña. En otros tiempos sería la última, pero también la más esperada de todas las vendimias en la familia Larrea. Toca resignarse, no es momento de hacer tonterías.

Entre quienes sí están presentes este año en la viña se recuerdan años pasados. Ocho hermanos y dieciséis primos, la mejor cuadrilla que se puede tener en el campo. Los pequeños de la casa, a pisar la uva; los que tengan ya práctica, tijera en mano y a cortar racimos. Mientras, algún que otro adulto se escaquea para echar un “vinito” y amenizar la jornada. Pero esta vez la pandemia ha obligado a cambiar las tijeras de dueño y el espíritu festivo brilla por su ausencia mientras un grupo de trabajadores portugueses ultiman la cosecha 2020 con Álex como encargado a pie de campo.

«Lo retomaremos para que nuestros hijos y nietos vivan lo que nosotros vivimos con su edad gracias al empeño de nuestro padre, promotor de todo esto y que por primera vez nos falta en las vendimias de Pago de Larrea». Y lo cierto es que el cabeza de familia dejó huella en la historia vitícola de Elciego desde que en los sesenta comenzara a elaborar vino en ‘El Curita’, un pequeño calado de la localidad, para después pasar a fundar Viña Salceda junto a sus dos hermanos.

Álex, encargado de campo en la bodega.

Esos fueron los primeros pasos, pero su gran proyecto se encontraba a orillas del Ebro, en la Romañíguez, «la viña que encierra todos los secretos de Caecus». Este es el vino que elaboran en Pago de Larrea y que hace honor a la tierra donde nace (ciego en latín). De sus 15 hectáreas de tempranillo y garnacha salen cinco de sus seis vinos gracias a la diversa orografía y orientación de esta finca, con suelos fértiles en la ribera y menos producciones en la somera. Formada por una treintena de pequeñas parcelas, una de ellas (la Casilla) goza de portar la reciente categoría de ‘Viñedo Singular’, nuevo logro de la familia.

Pero el ‘ojito derecho’ de la familia se encuentra a la entrada del pueblo, rodeando la bodega, en la viña conocida como el Olivillo. De apenas tres fanegas salen las 1.800 botellas del Caecus Graciano Selección Familiar, un monovarietal que completa la carta de la bodega y que este año, con o sin la cuadrilla familiar al completo, vuelve a las barricas. «No es un vino para todos los gustos», advierte Luis Larrea, gerente y director comercial, y es que lo habitual es combinar esta variedad con tempranillo para darle más estructura y acidez en boca. Los Larrea, sin embargo, apuestan por los retos y saben que, «bien tratado, sale un vino estupendo».

«Requiere mayores tiempos de maduración y el tratamiento, así como la transformación de uva en vino, son diferentes», apunta Luis. Además, el cuidadoso trato con los racimos es «fundamental» para evitar que se rompan y se adelanten los procesos de fermentación, para lo cual el tener la bodega a dos pasos «favorece y mucho». Tal como la describe, se trata de un espacio «muy funcional», de unos 900 metros cuadrados con su nave de elaboración, la de barricas y la zona de embotellado y almacenaje, para acoger cerca de 90.000 kilos de uva anuales.

Se cierra el trabajo en campo tras un mes de vendimias y se abre en bodega. Y comienzan los remontados. «El tempranillo está casi elaborado, a falta de los trasiegos; ahora toca elaborar el graciano siendo vigilantes en cuanto a su fermentación para lograr esa estructura que queremos en el Selección Familiar», apunta Luis. Cuenta con buena compañía en el proceso: su hermana María, enóloga en CVNE.

Y que no se pierda el hilo familiar. Aquí entra en juego otro miembro Larrea. Encargada del papeleo de la bodega y el enoturismo, Loreto habla del que, según ella, ha sido el verano con más visitas turísticas: «Realmente la gente tenía ganas de salir, pero de hacerlo a espacios abiertos y, a poder ser, naturales. Por ello hemos reforzado las visitas a viñedo con catas en campo y también la terraza de la bodega. Ha sido un éxito para el turismo local y regional». Pero hay más planes en el futuro enoturístico de la firma, como el fomentar las catas guiadas en la nave de depósitos para poder conocer de cerca los procesos de elaboración.

Y entre familia y trabajo siempre hay hueco para un rápido almuerzo antes de proseguir con la labor. Un poco de queso y embutido para no demorarse mucho, que el tiempo apremia. Esta vez han venido más hermanos (no todos), aunque también faltan los ‘peques’, y el vino ya ondea en las copas. Se brinda por el fin de vendimias, por los vinos de esta añada que saldrán al mercado y ya se saborean en las mentes. Se brinda también por mantener el barco a flote en tiempos de tormenta. Se brinda, sobre todo, por una pasión familiar.

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