El Rioja

Entre piedras y arena se cuecen los vinos de Ortega Ezquerro

David Bastida, director técnico de Bodegas Ortega Ezquerro

Son vinos de pueblo, de esos que pisan fuerte por donde pasan, dejando un aroma a origen, a la tierra de la que se nutren. Suelos arenosos cascajosos poco fértiles se entremezclan con cantos rodados que albergan la humedad para los meses más secos del año sobre los que se erige toda una jurisdicción a más de 500 metros de altura, en las faldas de la Sierra La Hez.

Así se presenta Tudelilla, pueblo de garnachas con un pasado vitivinícola cien por cien donde, curiosamente, se tiene constancia de la que podría ser la bodega más antigua de Rioja (un yacimiento datado del siglo I fue descubierto sobre un viñedo de la familia Vivanco). Sorteando olivos y almendros, pequeños corros al vaso comparten linde con grandes superficies en espaldera.

El enólogo muestra las características cualitativas de los suelos propios de Tudelilla.

Es el propio valor y orgullo al terruño lo que Bodegas Ortega Ezquerro plasma en sus vinos (y también en sus etiquetas) que salen de este enclave. “Los suelos y altitud marcan y definen totalmente la zona sobre la que se asientan las viñas de Tudelilla y es ese elemento diferenciador por lo que tenemos que guiarnos”, señala el director técnico de la bodega, David Bastida.

Tras quince vendimias siendo el enólogo, confiesa que su pasión se encuentra más rodeado de cepas que entre depósitos, así que esta campaña no se ha perdido una visita a viñedo para comprobar la calidad de las uvas con las que luego trabajará. A 580 metros de altura, una cuadrilla de portugueses se enfrenta a una de las últimas parcelas propiedad de la bodega por cosechar con un fuerte ataque de mildiu que ralentiza la tarea y obliga a hacer una profunda selección de los racimos, «pero sus garnachas de gran calidad merecen tanto el esfuerzo personal como el económico».

Una mujer vendimia una viña de garnacha propiedad de la bodega.

Al otro lado del pueblo, dirección Bergasa, la Pedriza se erige como un profundo mar rocoso donde garnachas centenarias sucumben al paso de los años con una calidad “de merecido reconocimiento” plasmada en sus vinos. Una viña plantada al cuadro como las de antes pero adaptada al ahora, donde el suelo y la edad del viñedo son «fundamentales».

Entre barricas de crianza espera quien pone nombre y apellido a esta bodega, tercera generación de viticultores y primera de bodegueros (aunque el origen profundo se remonta a la cuarta, donde el bisabuelo ya tanteó el sector del vino desde sus manos de cubero). Carmelo Ortega Ezquerro se define como un tudelillano que ha creído en su tierra desde un punto de vista comercializador, además de productor. Casi tres décadas hasta alcanzar su objetivo, aunque con un recorrido pedregoso como el que se asienta entre las veinte hectáreas de viñedo en propiedad.

Carmelo Ortega Ezquerro en su bodega más tradicional.

Lo que comenzó con una fórmula de graneles pasó después a conformar un proyecto de varios socios que no llegó a buen puerto y que desencadenó en una andadura en solitario entre dos bodegas, una tradicional con barricas y otra más industrial con una veintena de depósitos de acero inoxidable. Así nace Ortega Ezquerro, tanto la bodega (allá por el 2000), como el bodeguero.

La apuesta fuerte fue hace apenas seis años, cuando fueron conscientes del potencial de las uvas que elaboraban y comenzaron a elaborar sus propios caldos. En honor al terruño, con un garnacha cien por cien; en honor al bisabuelo ‘don Quintín Ortega’, con su versión en tinto y blanco; en honor a su historia. “Lo bonito de crear un producto así, desde cero, es que siempre creces hacia delante”.

Las grandes nos han puesto en el mapa

Unas características orográficas y cualitativas que han saltado a los ojos de las grandes firmas de Rioja, quienes no han querido dejar pasar de largo su potencial. En busca de los viñedos más altos y sus consecuencias cualitativas en los vinos, pasaron de comprar uva a los viticultores de la zona a plantar sus propias viñas. Extensiones que desaparecen en el horizonte o pequeñas parcelas en laderas, como los blancos de El Coto de Rioja en plena sierra.

David posa junto a una de las cepas de garnacha de la finca la Pedriza.

«Tudelilla se ha puesto en el mapa vitivinícola internacional gracias a la presencia de las grandes bodegas que han revalorizado una zona desamparada por otros, lo cual nos enorgullece y agradecemos, además de que asientan población con puestos de empleo. Recuerdo estar en una feria en Nueva York y que un crítico de la prestigiosa revista ‘Wine Spectator’ catara nuestros vinos y reconociera Tudelilla solo porque La Rioja Alta tiene viñas aquí», relata con sorpresa Bastida. Junto a Vivanco, estas tres bodegas aglutinan la mayor parte de la superficie vitícola del municipio.

Y es justamente en ese mercado internacional donde Ortega Ezquerro ve su oportunidad de crecer, «porque el nacional es muy marquista y baratero, además de que cada vez se consume menos vino». Mientras, «fuera del país es mucho más fructífero y fácil de transmitir ese mensaje de diferenciación, de valor por el patrimonio y lo autóctono», sentencia. El enólogo recalca que la bodega apuesta por una línea de comunicación directa con el público final, de ahí que también él sea el encargado de las relaciones comerciales.

Entretanto, sortean la organización ’15-80′ de Rioja, «donde entre quince bodegas comercializan el 80 por ciento de la DO con precios con los que es difícil competir» y afrontan una nueva etapa. «Ahora estamos en una fase en la que hemos hecho muy buen trabajo con los vinos, con el diseño y su presentación, y muy buen trabajo sobre todo en el extranjero. Así que estamos en la línea de salida, esperando que comience (o se retome) la carrera para echar a correr porque tenemos distribución, tenemos los vinos, las ganas, las marcas, la calidad. Hasta que nos dejen», sentencia Ortega Ezquerro.

Subir