Agricultura

Paso firme entre olivos: «Hemos tenido que demostrar más para hacernos valer»

Charo León (a la izquierda) junto a su hija, hermana y madre en el olivar de Alfaro.

El olivo nunca estuvo entre sus planes, pero su padre sintió la llamada de este cultivo en uno de sus viajes a Jaén para plantar espárragos. Enamorado de las aceitunas, tuvo claro que tenía que hacerse a este producto y supo transmitir ese mismo sentimiento a sus hijas que, tras su muerte, han sabido mantener el legado con tesón y diligencia.

Sumergidas desde hace quince años en el oro líquido, Charo y Ana Belén León gestionan las cien hectáreas de olivar asentadas en el término de Alfaro, aunque ellas son oriundas de Cadreita (Navarra), a tan solo quince kilómetros de la localidad riojabajeña. «Comenzamos en los 90 con 104.000 olivos y prácticamente los mantenemos todos, pero desde 2001 estamos dentro de la agricultura ecológica y así lo refleja nuestro aceite», explica Charo.

Sin embargo, no sería hasta 2001 cuando se abrieron paso en la comercialización. Un recorrido «muy duro» para esta ingeniera técnica que decidió adentrarse en el sector agrícola, pero lo hizo por la puerta grande, apostando por su figura y por unas técnicas sostenibles cuando lo ecológico aún no rondaba por las mentes del campo: «Hace veinte años nos tachaban de ‘hippies’, y mi padre se volvía loco al ver la hierba en la finca. Nadie comprendía qué estábamos haciendo, pero fuimos unas verdaderas pioneras».

Charo León en su explotación olivera de Alfaro.

Pero el ritmo fue lento. Primero tocaba conocer bien la finca, entender el olivo como cultivo; después ya vendría el turno del aceite, cómo identificar (y elaborar) un oro líquido de calidad para hacerse un hueco en las estanterías de comercios y despensas. Ahora, Aceite Ecolive ya tiene la categoría que Charo y Ana Belén buscaban. Próxima tarea: abordar una nueva campaña de recolección para la que apenas quedan una veintena de días.

«Este año la oliva está muy sana, no le ha pegado la mosca y apenas hemos tenido que hacer tratamientos con feromonas. Además, gracias a las lluvias de primavera la ligación ha sido buena, justo en el momento de la floración y el cuajado. Pero lo que hace falta ahora es que llueva durante diez días seguidos para terminar la campaña, porque el campo está seco y la oliva se ha quedado ‘pequeñica’. Si no llegará el momento en el que la aceituna, en lugar de ganar nutrientes del árbol, será este quien se los quite», apunta la agricultora.

Tres días intensos de recolección con las cosechadoras a pleno rendimiento y la oliva ya estará dentro de la almazara de Aldeanueva de Ebro donde Charo lleva la producción. En torno a 250 toneladas prevé recoger de sus dos fincas de Alfaro después de que el 2019 le dejara un sabor amargo por la sequía que acompañó y el escaso fruto que se cosechó.

«Mi hija es mujer y es la que manda»

Asegura que ser mujer en el campo tampoco ha sido nada fácil y lanza así una reivindicación a todas esas compañeras que apostaron por aquello que creían, coincidiendo con el mes en el que se celebra el Día Internacional de las Mujeres Rurales (15 de octubre): «Yo gestionaba el trabajo en el campo y eso no a todos los agricultores les parecía bien, así que cogían el teléfono y llamaban a mi padre. Las explicaciones que este les daba eran claras: ‘Mi hija es mujer, sí, y es la que manda en esto’”.

«Aunque lleves la cosechadora y trabajes igual es muy duro que te valoren en este sector porque tienes que demostrar siempre más. Pero mi hermana y yo nos hemos hecho valer, aguantando las risas o desprecios de otros y dejando a la vista que podíamos sacar adelante la explotación a pesar de todo lo que hemos pasado en el campo, que ha sido más malo que bueno», resalta. Piedras en el camino, unas más grandes que otras, pero que Charo ha sabido sortear, a veces también tropezando, saliendo airosa y fortalecida de cada una de ellas y contando con el apoyo y la confianza de quienes nunca la dejaron de lado.

Nuevas ideas en ‘stand by’

Son varios los proyectos que fluyen en el pensamiento de Charo pero que se han visto paralizados por la irrupción de la pandemia: «Con la explotación a plena producción queríamos probar nuevas cosas, como una pequeña plantación experimental. Pero ahora no es tiempo de hacer inversiones, sino de subsistir. El mercado del aceite ha bajado muchísimo, así como sus precios, por lo que toca afrontar una fase de mantenimiento y dejar la de crecimiento para más adelante».

Su apertura a nuevos mercados internacionales también deberá esperar. «Estamos presentes en Francia, sobre todo en el sector cosmético (donde mayores pérdidas han notado), pero nos gustaría abrirnos a países como Alemania o Londres. Pero la incertidumbre económica tanto dentro como fuera del país con los aranceles de Estados Unidos y el Bréxit de Reino Unido obligan a ir despacio», señala.

Pero el COVID-19 apenas ha afectado a su volumen de ventas, principalmente dirigidas a un público particular y grupos de consumo, y no a la hostelería como muchas otras marcas (de ahí que la situación económica no se haya agravado). Unos clientes que se han mantenido estables durante el confinamiento gracias a un servicio a domicilio a pleno rendimiento y unos precios que tampoco han variado. Sin embargo, Charo tiene claro que esta pandemia va a afectar, sobre todo, a las tendencias de consumo.

«Es un producto que permite enmascarar la escasa calidad, por lo que se tiende a escatimar en él. Pones un Gran Reserva sobre la mesa y todo el mundo lo sabe, pero pocos adivinan qué aceite están degustando en la ensalada o en otro plato», apunta la agricultora. Su hija de siete años sale en defensa y se incluye en ese grupo selecto al demostrar que tiene un paladar exquisito. Parece que Charo ha hecho bien las cosas para mantener en pie lo que un día su padre levantó con ilusión.

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