El Rioja

Viña Cerradilla: femenino singular

Si el vino nace en la viña, la Cerradilla es un buen comienzo

Si el vino nace en la viña, la Cerradilla es un buen comienzo. A medio camino entre Fuenmayor y la masa forestal de La Grajera, cubre nuestras espaldas un muro de piedra natural que la protege de cuanto sopla desde la sierra del norte. Allá en nuestro frente no está Estambul, sino Navarrete y, a lo lejos, despuntando entre las nubes, el pico del San Lorenzo.

Bajo nuestros pies, algo más de dos hectáreas y media en ligera pendiente de suelo franco (arena, limo, arcilla y muy poca cal) que nutre las viejas cepas plantadas en vaso: viejos troncos retorcidos al capricho de la naturaleza del que penden lustrosos los racimos de tempranillo, oscuros granos de lenta y larga maduración que en la boca se convierten en puro almíbar. La edad del viñedo, como la de algunas mujeres, es un misterio: escriturada en 1983, para entonces ya estaba en producción. Al llegar a la tolva, la uva ‘canta’ 13,9º en azúcar (14,4º en alcohol) y un PH de 3,3.

Viña Cerradilla cumple los criterios establecidos por el Consejo Regulador para ser considerada Viñedo Singular, apelativo análogo al ‘single vineyard’ de los anglosajones o a los ‘grands crus’ con que, cada uno según su criterio, significan bordeleses y borgoñones a su ‘crème de la crème’: viñedos con más de 35 años cuyos rendimientos no sobrepasan los 5.000 kilos por hectárea. Y el vino al que da nombre también observa las normas de la DOCa: 0,65 litros por kilo de uva (de ahí que el mosto se extraiga por sangrado, vino de lágrima, y no por prensado) y su doble evaluación como ‘excelente’ antes de salir al mercado: la añada de 2019 será la primera en hacerlo tras dormir veinte meses en barrica nueva de roble francés.

Estamos con Rafael y Pablo Pérez, quinta y sexta generación de una familia vitivinícola de Fuenmayor que desde los ochenta etiqueta sus vinos con el marchamo de Vallemayor. Una bodega familiar que produce al año no menos de 750.000 litros de vino y que puede superar el millón, unas cifras nada despreciables. Ambos coinciden en el diagnóstico que sobre la campaña de este extraño año se viene repitiendo en Diario de Vendimia: a pesar de la climatología en ocasiones adversa, a pesar de la aparición de enfermedades en la vid, a pesar de las dificultades económicas, hay mucha uva sana en el campo y de muy buena calidad; incluso «especialmente buenas», favorecidas por una mayor limitación del ‘papel’, de la producción. Y en la Cerradilla, «una viña vieja, muy limpia y saneada por el aire, raro es el año que no es muy bueno».

Estamos con Rafa y con Pablo, decía, que han abierto un ‘Viña Cerradilla’ de 2001 y otro de 2015, vinos fuera de lo común aunque aún no colgara de ellos la medalla de Viñedo Singular: el primero aguanta bien y se irá abriendo con el paso de los minutos; el segundo está en sazón, el catón del Rioja clásico con ese ‘punch’ de modernidad (más complejo, más estructurado) que demandan los consumidores y «los cuatro prescriptores que todos conocemos».

¿Rioja necesitaba ponerse al día ‘dignificando’ con las etiquetas de Vino de Zona, Vino de Municipio y Viñedo Singular sus mejores frutos, que hasta ahora se diluían bajo la genérica del Consejo?

– Como primer análisis, sí -dice Rafa-. Es necesario singularizar y separar algunas de las elaboraciones en una denominación en la que se produce tanto. Pero, al mismo tiempo, me produce algo de temor: Rioja es una denominación de origen en la que en mucha producción hay un altísimo porcentaje de vinos muy buenos. Esto es lo que le ha dado nombre a Rioja. Me da miedo que, al singularizar algunos vinos que no superarán el 10 o el 15 por ciento de la producción, nos olvidemos del resto, que hay que valorar con tanto o mayor ahínco. En Rioja tenemos que seguir defendiendo que incluso los vinos sin ninguna mención especial son grandes vinos, y deben ser defendidos a precios que satisfagan las expectativas del agricultor, del trabajador, del bodeguero y también del consumidor, que quizá es hoy el único que las ve cumplidas, pues el consumidor inteligente sabe la calidad-precio que tienen nuestros vinos.

Pero sí es una manera de potenciar el trabajo del viticultor que tiene una viña más difícil de trabajar, que produce menos rendimiento, y de dar más información al consumidor…

– Sí, pero, como te decía, viñas así hay más de las que entran en los parámetros que permiten la calificación de Viñedo Singular. Siempre hay que elegir dónde ponemos la marca: en este caso, viñas de 35 años. Por supuesto que a la Denominación y a algunas bodegas, incluida la nuestra, les viene bien esa diferenciación. Pero no debemos olvidar que lo que distinguimos no es el gran volumen de lo que vendemos, y eso también debe ponerse en valor.

Ese es el modelo francés…

– Sí. Incluso aquí, cuando hace algunos años se empezó a hablar de ‘vinos de autor’, el concepto no terminó de cuajar. De hecho, a mí ese calificativo nunca me gustó, porque he defendido que los vinos siempre los hace alguien. ¿Qué vino no tiene autor?… Si había algo más parecido, que eran los ‘vinos de alta expresión’, porque llevaban los parámetros expresivos del vino a niveles más altos de lo habitual. Pero parece que eso nunca acabó de asentarse en términos de mercado, mientras que en Francia el ‘terroir’ siempre se ha valorado más que la añada, siempre encontró respuesta en el mercado.

¿Cómo crees que va a responder el mercado a estos Viñedos Singulares?

– Estamos en un año muy j… para hablar de eso (sonríe Rafa). En un mercado en contracción, hablar de un vino que necesariamente va a ser más caro… Pero esto nadie lo podía haber previsto… Yo creo que va a responder bien, pero sin olvidar que en España raramente hemos tenido la capacidad de mercado y de marketing que tiene Francia, así que tampoco nos podemos subir a la parra, nunca mejor dicho. España es lo que es a nivel mundial por la relación calidad-precio de sus vinos. Y es difícil que desde Rioja podamos igualar los precios de un Château Lafite, aunque nos podamos comparar en calidad con cualquier vino del mundo. Nos queda por delante un gran camino de cultivar la imagen de nuestros vinos a nivel internacional.

¿Ese es nuestro lugar?, ¿es esa nuestra guerra, la de la calidad-precio?

– El lugar del Rioja dependerá de dónde lo queramos poner o con quién lo comparemos, si con Burdeos o con California o con La Mancha. Es una pregunta muy compleja. Yo veo al Rioja en muy buena posición si no nos equivocamos, porque yo sigo hablando de porcentajes. Cuando en una denominación un porcentaje alto de la producción son buenos vinos o muy buenos y además los precios son atractivos o muy atractivos, esa denominación tiene cabida en el mercado. Pero ha habido años en que hemos visto en los lineales de los supermercados vinos que no son de una denominación de origen calificada como es Rioja (es decir, que soportamos una legislación mucho más estricta) a precios superiores al Rioja. Sí, se están elaborando buenos vinos en todas partes, pero a ellos no les cuesta lo mismo que a nosotros, y verlos a precios superiores al Rioja me dolía. Pero luego el mercado pone a cada uno en su sitio. ¿Cuánto se vende de esos vinos y cuánto de Rioja? Rioja tiene que saber valorarse, pero en esa ecuación calidad-precio, el factor que debe dominar es el primero. No hacer vinos baratos de buena calidad, sino vinos de primera calidad a precios competitivos.

Viña Cerradilla es el único Viñedo Singular de Fuenmayor, y hay más de un centenar en toda la Denominación. ¿Se ha potenciado aquí más la cantidad que la calidad? Y, a riesgo de que me maten los amigos de la localidad: ¿No es este un pueblo de grandes bodegas pero no de grandes vinos, al modo de las viejas firmas de Haro y algunas otras de Logroño y al otro lado del Ebro?

– El primero que te voy a matar soy yo… Yo creo que en Fuenmayor hay grandísimos vinos, aunque a nivel de mercadotecnia no se haya involucrado en ese tipo de mercado. Piensa que en Fuenmayor hay una bodega que algunos años ha llegado a elaborar por encima del 15 por ciento de la producción de Rioja. En Fuenmayor hay muchas bodegas, y, como decía mi padre, Luis: donde hay mucho vino hay mucho vino bueno. Otras cosa es que se haya hecho el esfuerzo de situar esos vinos en el lugar de aquellos que mencionas. Algo parecido ocurre con la antaño llamada Rioja Baja: cuántas veces Rioja Alta y Rioja Alavesa han tenido que recurrir a la despensa de Rioja, que es la Oriental, y que cuenta además con algunos viñedos que perfectamente podrían entrar en el calificativo de Singulares, con unos parámetros excepcionales…

Y así, sin enterarnos, se nos va terminando el vino. Y con él, este reportaje.

Fotografías: Dani del Castillo

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