La Rioja

José Manuel San Juan: «Ya sólo me queda por vivir un ataque extraterrestre»

Si quiere saber por dónde ir a Arnedo, pulse 1. Si quiere saber cómo llegar a su puesto de trabajo en San Adrián, pulse 2. Si quiere poner una queja porque su establecimiento ha quedo fuera del perímetro, pulse 3. Si quiere ponerla porque le ha tocado dentro, pulse 4. Si la queja es porque ha tenido que esperar veinte minutos en el control, pulse 5. Si es para decirnos que nadie le ha parado en todo el día, pulse 6. Si quiere saber cómo hacer trampas y saltarse el control, mejor cuelgue y espere que seguro que algún mensaje de WhatsApp le llega.

Ese ha sido el resumen más o menos de las primeras jornadas de confinamiento de la ciudad en Calahorra. Más de dos días de preparación, decenas de horas de reuniones y cientos de decisiones tomadas. Este camino sí, este camino no. Mejor estos fuera y que sus proveedores no tengan que pasar los controles. La vía del tren que nos sirva de barrera natural… y es que mientras los demás pensamos en nuestro caso concreto, ellos han tenido que pensar de forma generalizada en compaginar dos cosas: la vida más o menos normal con el control de entrada y salida para cortar la trasmisión del virus.

Hablamos con el jefe de la Policía Local de Calahorra, José Manuel San Juan Vega. Lleva tres días complicados, sin casi ver a su familia para preparar todo el dispositivo. Jorge Gabrielli, su mano derecha, no se ha separado de él ni un minuto. El protocolo lleva su sello de identidad.

– Varios días organizando el dispositivo… ¿cuáles han sido los mayores problemas con los que se han encontrado?

– El principal problema era que había que buscar dos accesos con vías ágiles que tuviesen entradas y salidas rápidas y fáciles para el ciudadano. Al principio nos planteamos abrir también Numancia, pero vimos enseguida el problema de la autopista. Se nos iba a colapsar. Por eso se decidió que el acceso fuese por Bebricio y por la catedral, realmente son las dos salidas naturales de la ciudad, lo que siempre hemos llamado la carretera de Logroño. Luego entendimos el problema de las entradas a fábricas en San Adrián y por eso decidimos que, en los momentos de máxima afluencia de entrada y salida, había que tener otra salida que nos agilizase todo y se puso la de Viacampo en la rotonda de la Guardia Civil.

Ese dispositivo sólo puede estar unas horas abierto al día porque lo controla policía local y no hay que olvidar que tenemos que seguir estando en la ciudad, en las entradas y salidas de colegios y en el día a día de los ciudadanos. El fin de semana habrá menos movilidad de salida y de entrada, por eso ese acceso estará cerrado. También otra de las dudas era qué hacer con Neinver. Vimos que la vía del tren nos podía servir de barrera natural y que si cortábamos ahí había que cortar menos caminos rurales. Además entendimos que era mejor que fuesen los trabajadores los que pasasen el control que no los vehículos de gran tonelaje y los proveedores de todas esas empresas que hay allí.

– Estos días son muchas las dudas de los ciudadanos sobre qué podemos hacer y qué no.

– Hemos atendido unas 3.000 llamadas desde que se conoció la medida. Las dudas son las mismas más o menos que en el Estado de Alarma. ¿Puedo ir al huerto? ¿Puedo pasear en bici? Hay que tener en cuenta que estas medidas son para limitar la movilidad de las personas y que tienen efecto dentro del término municipal. La gente tiene que entender que el que tiene un huerto fuera de los límites que se han puesto no puede salir porque quién me dice a mi que no se va a ir realmente a pasar la tarde a Logroño a la Laurel. Sabemos que hay mucha gente muy responsable pero también sabemos que hay mucha gente que busca la vuelta para saltarse las normas. Además del decreto, nosotros tenemos unos criterios de interpretación yeéstos nos dicen qué podemos dejar hacer y qué no.

– El decreto dice que se puede entrar al comercio, pero hay a gente a la que se le está dando la vuelta.

– Ese punto es el que más dudas está creando. Se permite la entrada al comercio, pero hay que utilizar el sentido común. Si el objetivo es reducir la movilidad tienen que ser compras imprescindibles, que no podamos dejar para la semana que viene o que no podamos hacer en nuestros municipios.

– El dispositivo del jueves comenzó a las 8,30 horas. A muchos les sorprendió no ver controles cuando iban a trabajar. ¿Cuál fue el motivo? 

– Las medidas entraban en vigor a las doce de la noche, pero no tenía sentido empezar en ese momento. Vimos lo que había pasado en Alfaro el primer día laborable y nos hemos dado cuenta de que nadie sale a las seis de la mañana de su casa y coge su coche para incumplir la medida sino para trabajar. Empezamos con los cortes a las cinco de la mañana y los controles comenzaron a las ocho y media cuando ya prácticamente todo el mundo había salido a sus trabajos.

– Estamos viendo controles aleatorios… ¿son realmente efectivos?

– No son controles puros y duros. Es fácil ver quién va o viene por un motivo justificado y con quién puedes tener dudas. En los momentos de máxima afluencia de vehículos es lo que hacemos. Si tenemos dudas, paramos, pero ya te digo que es muy fácil verlo. Se nos colará alguno, pero seguro que no son tantos como le puede parecer a la gente. Cuando no son momentos de gran afluencia de coches, entonces nos podemos poner más exquisitos y pedir más documentación, pero no podemos tener a gente que viene a comer y tiene que volver después al trabajo una hora en cada uno de los controles. Es más el perjuicio que la rentabilidad que le sacas porque la mayoría de la gente que sale de la ciudad lo hace con su justificación.

– ¿Han visto ya muchos incumplimientos?

– Poca gente incumple en los controles. Sí que nos hemos encontrado con incumplimientos en las vallas que hemos puesto en algunos caminos. La gente se las salta y quizás no son conscientes de que están incumpliendo más que las medidas del confinamiento el respeto a las señales de tráfico. Podíamos haber puesto en esos caminos bloques de hormigón, pero los agricultores tienen que llegar también a sus campos a trabajar. El perjuicio de esos cortes con hormigón hubiese sido enorme. Lo normal es que si tienes justificación para salir utilices los accesos controlados.

– Según los epidemmiólogos, el problema está en las reuniones familiares y de amigos. Ahí hay poco que hacer por vuestra parte.

– Ahí no hay casi nada que hacer. Eso depende de la responsabilidad personal y de entender que nos tenemos que cuidar unos a otros. Hay que ser conscientes de que en estos momentos esas reuniones son peligrosas sanitariamente. Nosotros podemos entrar en una casa si un vecino se queja por ruidos, pero no podemos entrar a ver si hay seis o quince personas.

– También ha habido problemas con los recreos de los centros educativos

– No es cuestión de criminalizarlos porque personas de todas las edades en un momento o en otro incumplen, pero es verdad que a ellos se les ve más. Hace un par de semanas me pasé por todos los institutos para explicarles a los chavales cómo tienen que actuar en la calle y las patrullas están pendientes de los lugares que suelen frecuentar a esas horas, pero no podemos estar en todos los sitios. Se han puesto multas y espero que corra la voz, que sepan que se la juegan cada vez que incumplen.

– ¿Cómo se espera que sea el fin de semana?

– Teniendo en cuenta que las temperaturas van a ser bajas esperamos poca movilidad. A ver si entre todos conseguimos bajar los casos.

– Si hace un año le cuentan lo que iba a vivir este año como jefe de policía…

– Pues pensaría que me estaban vacilando. Cuando cogí este cargo nunca me imaginé que podríamos vivir algo así. Nadie se lo podía imaginar. Sé que somos policías y que a la gente le parece que estamos hechos de otra tela. Y no, estamos hechos de la misma tela que el resto del mundo y esta situación también nos pasa factura. Nos afecta también personalmente, en nuestras relaciones familiares, en nuestra psicología y en nuestro estado anímico.

– Han sido seis meses duros. ¿Cuál ha sido el peor momento?

– Este momento está siendo muy complicado, pero el principio fue durísimo. La llegada del estado de alarma, pensar que nos podíamos contagiar y tener que cerrar la puerta y no poder ayudar al ciudadano y ver que se iba alargando la situación y cómo sufrían algunos sectores. Por otro lado, el miedo a pillarlo y llevarlo a casa. Después de lo que he vivido desde que estoy de Jefe de Policía en Calahorra, creo que sólo me queda una cosa por vivir.

– ¿Cuál?

– Un ataque extraterrestre. Tener que organizarlo todo, pensar en qué armas traen, en cómo los podemos combatir, en cómo podemos proteger a nuestros vecinos… parece una locura, pero visto lo visto en este 2020, no descarto nada.

Y así rebajando la tensión con una sonrisa en la cara, colgamos el teléfono. Se merece el descanso de unas horas después de muchos días de intenso trabajo. Suerte la de los calagurritanos de tener a esta persona al mando de la seguridad de la ciudad, capaz de empatizar con el ciudadano, de encontrar el compromiso férreo de la mayoría de sus agentes y de, con la humildad que le caracteriza, tener claro que está para servir a los calagurritanos.

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