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Vía Verde del Cidacos: biodiversidad, historia y un final relajante

En pleno corazón de La Rioja Baja, entre Calahorra y Arnedillo, se encuentra la Vía Verde del Cidacos (34 kilómetros). Transcurre por el antiguo ferrocarril de vía estrecha que unía ambas localidades, reconvertido en camino natural en 1997. Se puede recorrer a pie, en bicicleta o a caballo. Y el trayecto esconde una gran variedad de paisajes, ecosistemas y biodiversidad, siguiendo además los rastros que dejaron los dinosaurios. A través de un desnivel suave, el camino une la fértil vega del Río Ebro (360 metros) con Arnedillo (670 metros). En definitiva, una experiencia apta para todos los públicos.

La salida se produce en el Parque del Cidacos (Calahorra), con abundante vegetación de ribera. Nada más empezar, el camino se bifurca. La primera opción es pasar por el yacimiento arqueológico del Cerro del Sorbán. El otro ramal nos dirige hacia el Embalse del Perdiguero y los crestones arcillosos del Cerro Agudo. Ambos ramales se unen en Autol (km 9,3), donde el asfalto se acaba y comienza la tierra compactada. La ruta no entra al pueblo, famoso por su ‘Picuezo y la Picueza’ y prosigue su recorrido buscando el Túnel del Gollizo, iluminado y con casi 600 metros de longitud.

Pasada esta galería, nos adentramos en el Valle del Cidacos. Tras cruzar la LR-115 y una buena cantidad de huertas, aparece Quel. Una vez ahí, el viaje abandona su recorrido original, se acerca al río y se aproxima a Arnedo (km 19). No se adentra en la ciudad zapatera, sino que la bordea y llega hasta el Santuario de Vico (km 23,9), un lugar de ‘peregrinación’ habitual en toda esta comarca. Camino de Herce, la Vía Verde vuelve a su trazado original y empieza a ascender hacia el valle. A partir de aquí, llega a Préjano, donde un ramal sube hacia las antiguas minas del pueblo, con buenas vistas de Santa Eulalia Somera y Bajera.

Los últimos kilómetros son los más espectaculares de todo el recorrido. El Cañón de Arnedillo es el hogar de una gran cantidad de buitres leonados, hasta el punto de ser catalogado como ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) y contar con un ‘Mirador del Buitre’ con videocámara. También podemos encontrar halcones peregrinos, búhos reales, águilas culebreras o grajillas en una zona de gran belleza paisajística. A poco de terminar el recorrido, un último túnel lleva al destino, Arnedillo, junto a la antigua estación de ferrocarril de la localidad.

Los más refinados pueden optar por el Balneario de Arnedillo, que incluye un servicio completo de hidromasajes y aguas termales. La naturaleza ha regalado a Arnedillo un auténtico tesoro y lo cierto es que son muchos quienes se aprovechan de ello.

La huerta riojana, estrella gastronómica

Más allá de los paraísos naturales que ofrece este entorno de La Rioja más oriental, hay uno que destaca sin lugar a dudas. La huerta riojana es el atractivo gastronómico más importante de la zona que atrae a más turistas, junto con la importante industria del calzado asentada en Arnedo. A pesar de tener su hueco en el mundo vitivinícola, son las verduras y hortalizas las que estimulan el paladar.

«Somos afortunados de tener las mejores semillas de la huerta de toda España a nuestro alcance, y es que el campo nos proporciona más de la mitad de los alimentos», destaca la directora del Hotel Virrey de Arnedo, Yolanda García. En su restaurante, asegura que se apuesta siempre por lo más puro, «interviniendo muy poco en los platos para transmitir el mejor sabor».

Arnedo reivindica sus materias primas con el Festival del ajo asado recién sacado de la huerta y las Jornadas gastronómicas del cerdo ibérico celebradas en febrero. Mientras, desde el Hotel Virrey, la innovación está a la orden del día como paso para seguir satisfaciendo las necesidades de la clientela. García, como tercera generación, asegura que la promoción es una de las calves para que los turistas no dejen de visitarles.

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