El Rioja

Santiago Ijalba, el mago de la innovación vitivinícola sin fronteras

Santiago Ijalba en su bodega de Gimileo

Conocido como «El niño» allá por el 1964, de un día para otro Santiago Ijalba se vio inmerso en la gestión de una bodega con apenas 20 años. Supo hacer de ese imprevisto su modo de vida y su pasión hasta llegar a fundar, en 1998, su propia bodega. Santalba es ahora el reflejo de toda esa experiencia que, junto a su familia, reivindica el valor de lo tradicional sin perder una pizca de innovación.

Y así presenta su último vino, que desde el 2014 ya se mueve por los mercados nacionales, pero sobre todo internacionales, más destacados. Santalba Amaro es el resultado del «dejar hacer», del «confiar en las mentes jóvenes para poder seguir creciendo». La combinación de tradición y modernidad es la esencia de esta bodega que reivindica el carácter familiar desde sus cimientos. «Una manera de diferenciarse dentro de Rioja», asegura Ijalba.

El interés por este caldo llegó a Santalba de la mano de Roberto Ijalba, hijo de Santiago, quién insisitó en el sistema italiano amarone para crear un nuevo vino. «Después de muchas pruebas y errores, al final hemos conseguido algo que representa lo que queríamos desde un principio», asegura Ijalba padre. Un proceso de «aprendizaje común y sobre la marcha para todos» que ha logrado situarse entre los mejores de su categoría y alcanzar la distinción como único amarone en Rioja y estiman que también en España.

En un radio de unos 20 kilómetros se ubica la materia prima de este y otros caldos de Santalba. Unos viñedos con diferentes características que ofrecen resultados adaptados a cada paladar, aunque también hay que satisfacer a aquellos que buscan unos vinos con menor graduación y que requieren de una altitud superior a los 700 metros. Y por si fuera poco, desde hace un par de años la bodega trabaja en el mundo de los cavistas, aunque todavía valorando el aroma final.

Las diferentes crisis que ha sorteado Ijalba durante sus 56 años entre vinos evidencia la evolución de un sector que, a día de hoy, ha logrado situarse en un referente para la región. Con el despertar de España tras el franquismo se sucedieron, primero, la de 1992 y, seis años después, «la de las uvas a 425 pesetas». «La de 2008 fue catastrófica, llegando a facturar al año siguiente el 50 por ciento», apunta el bodeguero.

Pero no la considera más grave que la crisis actual: «Indudablemente es diferente a todas las anteriores, pero creo que es la peor que he vivido hasta ahora. Lo que pasa ahora no es una falta de dinero, sino de consumo, de producción y de confianza. Sin embargo, aunque el mercado nacional parece estar mas ralentizado, la exportación avanza con más agilidad, no dejamos de entregar pedidos, representando este mercado el 75 u 80 por ciento de la facturación de Santalba».

Una constante transformación que también ha afectado al esqueleto de Rioja. «A finales de los sesenta era la época de exportación de los vinos a granel. Era también La Rioja de las 40.000 hectáreas y de las cuarenta bodegas. Ya en los ochenta crecimos el doble y ahora, en 2020, superamos las 600 bodegas y las 60.000 hectáreas de masa vegetal», recuerda Ijalba y añade que las características técnicas de los vinos también han cambiado.

«Es una Rioja diferente, pero no me atrevo a decir si mejor o peor», sentencia. «Lo que tenemos que pensar ahora es hacia dónde queremos ir. Rioja está luchando por crecer en masa vegetal, lo que nos puede convertir en una denominación muy grande, pero creo que tiene que luchar por convertirse en una gran denominación donde se prime la calidad frente a la cantidad y evitar que sus vinos aparezcan en los lineales a 1,80 euros», añade.

La joya de la corona

El valor de la experiencia es lo que otorga fortaleza y, a su vez, ganas de seguir creciendo. Eso justamente es lo que hace apenas dos años encendió la chispa de Ijalba con el interés puesto en retornar a sus orígenes. Así, lo que fue su ‘hogar’ durante sus primeras décadas en el mundo del vino tiene previsto convertirse en el nuevo complejo enoturístico de Bodegas Santalba.

En pleno casco antiguo de Haro, en el centro neurálgico de las bodegas de la localidad hasta el 1900 cuando la llegada del ferrocarril las trasladaron al histórico Barrio de la Estación, se erige una casa con más de dos siglos, un patio y dos calados del siglo XIV. «Una forma de revitalizar el centro de Haro y reflejar la esencia de los antiguos calados verticales», resalta.

La calle Cuevas alberga esta maravilla que ahora Ijalba quiere bautizar como el proyecto de su vida, uno «ambicioso y muy interesante». Sin embargo, el proceso se prevé lento: «Primero hay que modificar el Plan General Urbano del municipio para después pasar a remodelar todo el edificio».

La llegada del COVID-19 tampoco ha favorecido, y si antes se estimaba que fuera un proyecto a medio plazo, ahora no hay fecha prevista. «Se puede decir que está en cartucho, porque la incertidumbre continúa y no sabemos hasta cuándo. Además, el cliente tipo de estos servicios es uno con cierta capacidad adquisitiva y extranjero, mayormente, por lo que si no vienen, difícilmente se va a poder rentabilizar», señala el bodeguero.

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