Agricultura

La reconversión de la remolacha riojana: nuevas variedades y tecnología de riego

La Rioja ha llegado a ser potencia mundial en términos de rendimientos de la remolacha azucarera, aunque en los últimos años ha perdido gran parte de su producción. Los agricultores lo achacan a la «falta de rentabilidad del cultivo, porque de no ser por las ayudas sería inviable continuar». Ya a finales de los noventa se perdió bastante superficie por la reconversión a viñedo en zonas de la comarca del Najerilla, pero «en los dos últimos años las hectáreas sembradas se han reducido casi a la mitad».

Los agricultores no quieren hablar de «cultivo en extinción», pero «cada vez son menos las parcelas familiares que quedan». En concreto, desde Azucarera apuntan que en La Rioja Alta –única zona de producción de la región– hay actualmente 655 hectáreas y 95 productores de remolacha. Entre otras cosas, la gran incidencia de la cercospora, «enfermedad ya endémica», es lo que está frenando el desarrollo de este cultivo, por lo que grupos operativos de expertos no dejan de investigar para devolverle su mayor esplendor.

Es el caso de la Asociación de Investigación para la Mejora del Cultivo de la Remolacha Azucarera (AIMCRA) en La Rioja, que trabaja a contrarreloj para sacar al mercado nuevas variedades de remolacha resistentes a la enfermedad y con mayores niveles de producción. Las consideran «súper remolachas» y desde la asociación estiman que para el año que viene ya se podrá comercializar las que tienen ahora entre manos.

Los campos de ensayo están en constante funcionamiento para renovar periódicamente esa lista de variedades más efectivas. «Por el momento, el grupo operativo de enfermedades foliares trabaja en la aplicación de pequeñas instalaciones meteorológicas que, junto al SIAR, busca conocer la humedad relativa de la planta. Además, a nivel genético, ya el pasado año cultivamos unas remolachas tolerantes a la cercospora que han dado unos resultados muy interesantes y los mejores niveles de producción», indica desde AIMCRA José Manuel Omaña.

Otro de los proyectos que este mes verá la luz después de tres meses de desarrollo es optiaqua, la aplicación web que recomienda al productor semana a semana la cantidad de agua que tiene que arrojar a sus cultivos. Se monitoriza así el sistema de riego midiendo las entradas y las salidas de agua, es decir, el consumo de las plantas, para facilitar la toma de decisiones del agricultor y que el cultivo no consuma de más ni de menos. Un proyecto del que forma parte la Comunidad de Regantes de Zarratón.

«Animaría a muchísima gente a no abandonar este cultivo o a replantearse su siembra porque mientras no se pueda atacar la enfermedad la situación no va a cambiar. Por ello creemos que con estas nuevas super variedades la cosa pina muy bien», resalta Omaña. A pesar de los altibajos padecidos, Lola Gómez-Escolar ha dedicado toda su vida a esta planta. Con doce hectáreas sembradas en Cidamón, esta agricultora recibe con buena acogida los avances de AIMCRA: «En aquellos campos en los que han aplicado sus investigaciones se aprecia mucho la diferencia de unas variedades a otras».

Lola Gómez-Escolar.

Desde Hervías a Haro, pasando por Cidamón también, Jaime Urbina tiene en torno a 56 hectáreas de remolacha azucarera, un cultivo que acompaña a su familia desde siempre. «No hay ningún cultivo que haya sufrido la evolución que ha vivido la remolacha en los últimos treinta años. Si antes recogíamos 60 o 70 toneladas, ahora rondamos las 110, además de que gastamos menos insecticidas y fertilizantes. Todo gracias a esos avances por buscar las variedades más rentables y a que La Rioja es una zona privilegiada para la siembra, aunque el cáncer de la cercospora sigue ahí», apunta el agricultor.

Cuestión de precios y pagos

Aunque el futuro no se prevea muy favorable para el desarrollo del cultivo, Urbina es tajante al afirmar que «no va a desaparecer porque se están haciendo muchas cosas por mantenerlo en las mejores condiciones aunque la superficie sea menor». Para Gómez-Escolar, otra cuestión a resolver son los precios que reciben por su trabajo: «La campaña de 2018 fue catastrófica y coincidió además con el anuncio de Azucarera de un recorte de 6 euros por tonelada en el precio. La única forma de salvar la temporada es sacar una alta producción, teniendo en cuenta también las ayudas».

Jaime Urbina en un campo de adormidera.

Esta agricultora añade que «resulta muy complicado competir con otros países que no tienen unos gastos tan elevados», así que están a la espera de que haya un complemento del precio de la azúcar en función del precio mundial. Para Urbina el problema no son tanto los precios, «que no son muy buenos pero tampoco son malos», sino los modos de cobro: «Nunca terminamos de cobrar, los pagos se prorrogan casi durante todo el año. Ya lo hemos puesto en conocimiento de la Consejería pero no obtenemos respuesta».

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