Firmas

La nueva normalidad, la normalidad de siempre

He aceptado la «nueva normalidad» con resignación y vuelvo a estas líneas para confesarme por enésima vez. He pasado por todos los estadios frente a la pandemia en las últimas semanas. «Es una gripe». Saludos de broma con el codo. Saludos en serio con el codo. Confinamiento. «Menuda la que se ha liado con esto del coronavirus». Bajadita a la compra con vuelta ilegal a la manzana. Mascarilla. Guantes. Distancia social. Y el primer día que se podía hacer deporte, una preparación previa que parecía que iba correr el Giro, el Tour y La Vuelta en la misma temporada. «A bajar esos kilitos». El paso por la peluquería. La primera cerveza en una terraza. Y hace quince días, el primer Pleno en el Parlamento en Fase 0. Este jueves, el segundo. Fase 1. La nueva normalidad. ¡Viva la fiesta!

Me he metido tanto en el papel de la «nueva normalidad» que seguí un ratito la sesión en la bancada del antiguo Convento de La Merced y otro ratito en streaming. Ya lo hacía el año pasado (y hace dos y hace tres), pero ahora sé que me estaba preparando para lo que venía. Así estábamos todos. Preparándonos sin saberlo. Unos más y otros menos. A tenor de lo escuchado a nuestro querido Gobierno, el sector sanitario y la administración eran poco menos que un deportista en año de Juegos Olímpicos. A tenor de lo escuchado a nuestra querida oposición, la sociedad riojana y española es como el Ejército de Pancho Villa si ellos no están al frente para dirigir. Y así, resolver una pandemia de forma unida se antoja un poco complicado.

En este segundo pleno de la «nueva normalidad» me he dado cuenta de que poco se diferencia la «nueva normalidad» de la «normalidad». Ya me pasó lo mismo con eso de la «nueva política» y la «vieja política». Por eso he decidido tomarme el periodismo como una ciencia e ir aprendiendo día a día según me vaya dando baños de realidad. Igual lo aplico también a la vida, pero todavía lo tengo por decidir. Nos movemos estos días en un déjà vu continuo que nos atemoriza por lo desconocido que está por venir. Intentamos llenarnos de certezas que nadie tiene y sólo el futuro nos hará encontrar. Mientras llega, nuestros diputados y consejeros han vuelto a lo de siempre. Y en estos tiempos convulsos, dos clásicos del eje izquierda-derecha para animar a las respectivas aficiones: sanidad y educación.

Los consejeros Sara Alba (Salud) y Luis Cacho (Educación) son la diana de todas las críticas, pero parece que ambos tienen las espaldas más anchas de lo que esperaban al otro lado del hemiciclo por mucho que alborote Carlos Cuevas (PP) el gallinero con continuas interrupciones bajo la mascarilla. Una va a intentar transformar en seis meses lo que le habría llevado toda la legislatura y otro va a acelerar sus planes azuzado por la «consejera en la sombra» (Pablo Baena -C’s- dixit), Henar Moreno (IU). Sea como fuere, con el balance de la primera oleada de COVID-19 aún escribiendo sus penúltimas líneas, el Parlamento de La Rioja ha pasado página y ha entrado en su propia «nueva normalidad», esa que pone relojes caprichosos en marcha.

Recuerda: los tiempos políticos no son los mismos que los tiempos de la ciudadanía. Ahora viene una crisis económica que se debe sortear sin entrar en una nueva crisis sanitaria, «la nueva normalidad». Y para cuando peguemos otro pestañeo, tocará repartirse el liderato de las principales formaciones políticas. Ya hay marejada de fondo. En el PSOE todavía están intentando aclimatar el ritmo del partido (léase aquí Francisco Ocón) al ritmo del Gobierno (léase aquí Concha Andreu). En el PP, Alberto Bretón está adquiriendo ese semblante que te coloca como candidato en 2023. Mientras tanto, los demás intentaremos aprender a usar mascarilla y qué demonios podremos hacer en la Fase 2.

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