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Deportes

Volver a la anormalidad

Foto: Eduardo del Campo

Durante el largo proceso de confinamiento hemos aprendido nuevas palabras. Algunas extraordinarias, como petricor, que es ese olor a lluvia que avisa de una buena tormenta. Y hemos aprendido otras palabras más desafortunadas, como desescalada, primero porque no lo estamos haciendo del todo bien si se compara con el confinamiento, y segundo porque somos más de subir y de bajar.

Y desescalar una categoría es algo que ha solventado la Real Federación Española de Fútbol de un plumazo en año electoral. No hay descensos por la ’33’ del factor humano de la perpetuidad en el cargo. Y escalar una categoría es algo que no ha visto adecuado realizar porque quiere mostrarse ‘justo’ con la mayor parte de equipos… en año electoral. Aprueban hasta los peores estudiantes y reválida exprés para los que llevaban matrícula en la tercera y última evaluación, para retorcer su propio reglamento hasta límites insospechados.

Así que mejor quedarnos con petricor en un mes de abril tan lluvioso como triste, porque en todos los análisis que hagamos a partir de ahora, el primer recuerdo debe ser para todas aquellas familias a las que esta epidemia les ha tocado de cerca y les ha arrebatado a un ser querido. Seguro que la anormalidad del fútbol español les parece un exceso innecesario en estos tiempos. Pero es que esto no para, siempre sigue adelante.

Y como sigue y nunca se para, el fútbol, claro, ha vuelto a su habitual anormalidad: a su juego sin pelota, al que deberemos acostumbrarnos si alguna vez se alinean los astros y el fútbol riojano no se encuentra con obstáculos propios y ajenos, para finalmente ser capaz de volver a la élite veinte años después.

Esta feroz epidemia, en términos futbolísticos riojanos, nos ha impedido ver la confirmación de un equipo para la historia de La Rioja. Nos ha impedido ver cómo esta plantilla ganaba en Las Gaunas al Bilbao Athletic y dejaba el asunto de su primer título de liga resuelto para ir luego por ejemplo al Plantío a disfrutar, para ir a Valladolid a decir que no queríamos seguir un año más en este pozo… nos ha impedido visitar el Stadium Gal la semana en la que todo se paró en seco, o cerrar la temporada regular la semana que viene en Zubieta ante la Real Sociedad B. Le ha impedido despedirse de lugares que han sido importantes para este club y sus aficionados en los últimos once años. Nos ha privado de ver cómo el fútbol riojano seguía en ese maravilloso tránsito hacia el perdón definitivo. Volver a Las Gaunas a ver al equipo de tu ciudad, porque hasta el duelo más intenso y el luto más duradero acaban pasando. El fútbol riojano estaba en ese proceso de dejar a un lado el negro para vestirse de nuevo de blanco y rojo.

Foto: Real Unión de Irún (Twitter)

Pero si estás aquí leyendo estas líneas es, imagino, no para analizar lo que ha pasado, sino más bien para saber qué puede pasar de aquí a agosto. ¿Se va a jugar el playoff de ascenso exprés? ¿Habrá ascensos directos? No tengo ni idea. Y creo que tampoco merece la pena consumir esfuerzos en explicar mi opinión, porque ante cualquier argumento surge la contrapregunta de la última quincena: «¿De estar en otra posición pensarías igual?». Pensaría exactamente igual, pero no te lo puedo demostrar. Ascensos y descensos. Pocos clubes muy contentos. Muchos clubes muy enfadados. Duraría un cuarto de hora en la silla de mi despacho. Pero con el 75 por ciento jugado me marcharía con la cabeza alta por haber premiado el trabajo realizado hasta que un virus cambió nuestra forma de ver las cosas, salvo para el fútbol español, que sigue con sus viejas estructuras de siempre, fijadas en multitud de intereses cruzados donde ni la realidad del COVID-19 se hace un espacio como nueva e importante variable en la ecuación de este final de temporada. Y lo entiendo, es el fútbol sin pelota, porque donde hay dinero hay alegría.

Así que como nuestra opinión poco importa porque en nada va a cambiar el curso de las cosas, todos estamos a la espera de lo que le pueda decir el Ministerio de Sanidad y el Consejo Superior de Deportes (CSD) a la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Unos esperan una respuesta afirmativa y otros todo lo contrario. Pero para evitar confusiones, una aclaración: Luis Rubiales le ha remitido a Sanidad y al CSD un protocolo que se fija más a los criterios de estos dos organismos gubernamentales que a los aprobados por la LFP en su vuelta a la competición. El CSD ha dejado claro que no quiere test masivos, que es precisamente lo que está haciendo Javier Tebas. Ahora bien, en esta ecuación hay que integrar también a los futbolistas. ¿Están dispuestos a jugar sin haberse realizado test masivos? ¿La AFE lo va a permitir? David Aganzo está demostrando una vez más que está en la parra o que le encanta aparentar que vive tranquilo encaramado a ella. “O todos juegan o no juega ninguno”. Resumen perfecto del mayor error que está cometiendo el fútbol español en la gestión de esta crisis sanitaria: querer jugar a toda costa sin tener en cuenta la variable más importante, el virus y los ritmos planteados para superar esta primera ola.

Por eso las decisiones chirrían, las declaraciones confunden y la ecuación de la resolución de esta temporada en el fútbol no profesional se ha convertido en cuántica avanzada. Los exabruptos de Pablo Alfaro, entrenador del Ibiza, de Joaquín Parra, presidente del Badajoz, y de hasta un tipo tan cabal como Axel Torres, con mando en plaza en el Sabadell, deberían hacer reflexionar a los que toman las decisiones. La sombra de la sospecha hace imposible seguir adelante. No se puede jugar en un grado de desconfianza tal, que incluso unos llegan a pensar y verbalizar en El Larguero de la SER que los primeros presentarán falsos positivos. Porque al Ibiza, al Badajoz y al Sabadell se les puede acusar de todo lo contrario, de poder ocultar positivos para que se juegue a toda costa porque saben que o hay playoff exprés o el ascenso lo tienen perdido. Y existe una diferencia entre estos tres clubes y todos los demás implicados en la pelea por el ascenso a Segunda: que ellos han pensado mal, mientras el resto ha guardado respetuoso silencio. Parecen dispuestos a cualquier cosa con tal de seguir adelante. Es la anormalidad del fútbol español.

UD Logroñés – Badajoz | Foto: Edu del Campo

Los futbolistas tampoco se van a poner de acuerdo. Unos quieren jugar. Alegan que son trabajadores como otros muchos que ya están en sus puestos de trabajo. Otros no lo quieren hacer, dirán, que por motivos de seguridad, lo primero es la salud. Todo el mundo tiene su cuota de razón. Por eso, en una situación extraordinaria se necesita a líderes dispuestos a tomar decisiones por el bien, en este caso, del fútbol. 100 equipos en Segunda B. Cinco grupos. Unas reglas de playoffs exprés diferentes en Tercera que en Segunda B. Que cada club negocie como prolongar los contratos para jugar más allá del 30 de junio. Que cada uno haga los test que considere oportunos y que pagará de su propio bolsillo. No hay descensos… Esto es lo que hacen, y esto es lo que dicen. Luis Rubiales: “Si finalmente no se puede jugar, habrá que tener en cuenta los méritos deportivos hasta el momento del parón para resolver la temporada”. Alfredo Olivares, director de Competiciones de la RFEF: “En ningún sitio del reglamento pone que si no hay playoffs tuvieran que ascender los primeros”. Jacinto Alonso, presidente de la Federación Riojana (FRF) en Radio Rioja: “No sé por qué no ha habido descensos. Lo preguntaré». Y otra que permite reconocer cómo de importante es saber precisar lo realmente importante a la hora de emitir un voto y defender una propuesta: “Ten en cuenta que si suben los primeros de forma directa, el Varea de mi buen amigo Ángel Aguado, ascendería como uno de los dos mejores segundos de Tercera”. Jacinto Alonso y lo verdaderamente importante para el fútbol riojano. Así que como para saber cómo se va a resolver esta situación…

… por fases, que quizás pueda ser clave para determinar el final de esta temporada, aunque está por ver si con más intensidad que todas esas continuas cortinas de humo electoralistas. La Cultural, de León, en Fase 0. Como el Castellón, como el Sabadell… El Logroñés, el Badajoz, el Yeclano… en Fase 1. Como el Ibiza o el Atlético Baleares, a los que la insularidad les va a beneficiar en este proceso de desescalada hacia una nueva normalidad. O los filiales, que en esto de los protocolos sanitarios, juegan, como en otros aspectos, en otra liga. Esto de las fases de desescalada no garantiza en absoluto la igualdad de oportunidades, tan defendidas estos días por aquellos que quieren jugar a toda costa, tan fijado en la mente de los federativos en periodo preelectoral. El fútbol sigue en su habitual anormalidad.

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