Crisis del Coronavirus

Renovarse o morir: el Mercado de San Blas se suma al servicio a domicilio y por teléfono

El mercado de San Blas, más conocido como la plaza de Abastos es, sin duda, uno de los centros comerciales más tradicionales de la ciudad. Productos frescos, de temporada, de la huerta riojana, pescados o especias, se reparten en este lugar histórico de Logroño.

Puestos que sufren las idas y venidas de la economía y la sociedad. Puestos que reflejan la situación real de la ciudadanía en cada momento y, ahora, puestos que ven cómo sus ventas caen en hasta un noventa por ciento por el «dichoso bicho».

Ante este panorama, el mercado ha puesto en marcha la iniciativa ‘Te ayudamos a hacer tu compra’, con el objetivo de que los clientes puedan hacer sus pedidos por Whatsapp o por teléfono. La idea principal es que los puestos preparen los productos demandados y cuando estén listos avisen al cliente para que los recoja sin la necesidad de esperar.

«La gente todavía no se ha enterado mucho de este proyecto. Nuestra clientela, además, es mayor y le cuesta adaptarse a estos cambios, pero esto nos ha pillado a todos por sorpresa y aclimatarse es lo que toca, tanto a nosotros como a los clientes», explica Ángel, propietario de Bacalaos Alejandra.

Por su parte, David, de Frutas Calahorrano, señala que «nos estamos adaptando. Las ventas han bajado mucho y con lo que estamos viviendo vemos que la gente mayor se ha puesto las pilas y está utilizando el servicio de encargo por teléfono».

Además, David confía en mejorar gracias a la nueva iniciativa que «nos han hecho llegar desde Servicios Sociales. A partir de ahora vamos a colaborar con las personas mayores a través de un carnet que se les va a entregar para poder hacer el pedido y llevárselo a su domicilio».

La cuarentena, el aislamiento y el estado de alarma están haciendo estragos en estos empresarios riojanos. Luis, de carnicería Luis G.Terroba, confiesa estar extremadamente por debajo de su trabajo normal. «Hasta ahora, el mercado era un lugar donde venían a comprar personas de los pueblos, de los barrios más alejados del centro de la ciudad, pero ahora, con las restricciones, mucha de esa gente ya no puede venir a comprar hasta aquí».

Luis confía en este nuevo proyecto de servicio a domicilio y espera, como sus compañeros, que esto pase a ser parte de la historia que en un futuro narraremos a nuestros hijos. Una historia que cuente, además, con una sabia moraleja.

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