El Rioja

‘Le Rioja nouveau est arrivé!’

Decía De Gaulle que «un pueblo que tiene 365 variedades de queso es ingobernable». Puede que llevase razón, pero de lo que no cabe duda es de su facilidad para venderlos (los quesos, no los franceses). Y quien dice queso, dice vino. Ahí está ese vinagrillo que, al socorrido grito de «Le Beaujolais nouveau est arrivé!», inunda los mercados cada final de noviembre en una fiesta tutelada que alcanza a más de un centenar de países.

Sirva esta digresión, además de para ir llenando el «puto folio» (que decía Umbral), para anunciar que el nuevo Rioja -denominación en constante búsqueda de su lugar en el mercado- ya está aquí. Y para ponerlo de largo, Bodegas Familiares repite en Riojaforum un acto que ya viene siendo habitual: su presentación a los profesionales y una masiva degustación posterior para el público.

La jornada se abría de par de mañana con la cata de más de un centenar de referencias, organizadas en veinte pases temáticos por territorios, variedades y estilos y cuyas producciones se reducían en algunos casos a apenas mil botellas. Como escupir el vino va contra nuestros principios, hemos preferido saltarnos este paso. No así, los alrededor de doscientos invitados que, sin miedo al virus, llenaban las cuatro sesiones programadas.

Sí nos dimos una vuelta por los más de treinta expositores que otras tantas bodegas han instalado en el recibidor de Riojaforum. Ya habíamos probado algunos 2019 de maceración carbónica, del otro lado del Ebro, y esta vez pudimos degustar varios despalillados de diferentes localidades: San Vicente, Badarán, Alfaro, San Asensio… Una buena muestra de los diversos terruños de nuestra DOCa.

Aunque varios de los caldos están aún por afinar, hasta el punto de que incluso hemos llegado a abrir una muestra de depósito, el equilibrio, la armonía, el «ni le falta ni le sobra nada» es la nota común a los vinos paladeados. A expensas de que el Consejo Regulador determine la calificación de la añada (que estará, sin discusión, entre Muy Buena y Excelente), el 2019 dará, ya los da, estupendos vinos del año para su inmediato consumo.

Sin embargo, y en ello coinciden casi todos los productores con los que hemos charlado, la última vendimia no será tan excelsa como se preveía para vinos de guarda. Las extemporáneas lluvias de septiembre y una maloláctica que no habría desembocado en el color y la acidez deseadas estarían detrás de ello. Es el milagro del vino, ese «je ne sais quoi» que ni ingenieros ni enólogos, ni en la viña ni en la bodega se puede domeñar.

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