La Rioja

Adiós a Lanas y Labores Angelines, un comercio de los de ‘toda la vida’

Parece una afición antigua, pero la lana se ha vuelto a poner de moda. Entre las nuevas generaciones, el hacer punto se ha convertido en un popular hobby que, en muchas ocasiones, se aprende por tradición familiar. Unos que llegan, los más jóvenes, y otros que se van después de una vida dedicada exclusivamente al mundo de la lana. Es es caso de Angelines, que ha decidió poner punto final a su negocio ‘Lanas y labores Angelines’, situado en la calle Pérez Galdós desde hace más de 44 años.

«Ya llega la hora de jubilarme porque voy a hacer 65 años. Me da mucha pena porque es un negocio en el que se ha vendido bien y me encanta, pero todo llega a su fin». La idea de montar el negocio fue de su marido, ya fallecido, que desde muy joven trabajaba en el negocio familiar, también de lanas. «Estuvo toda la vida con sus padres y antes de casarnos decidimos abrir una tienda en Haro. La tuvimos dos años, la traspasamos y pusimos esta».

Para Angelines era un mundo desconocido pero «no te miento si te digo que ahora me apasiona. Es un negocio que tiene épocas. Igual estas cuatro o cinco años a tope y luego pasas una temporadita más baja, pero aquí, como también vendemos corsetería no hemos tenido problemas. Lo importante es sobrevivir».

Puede parecer para muchos un negocio en decadencia, pero ni mucho menos. «Siempre hemos traído lo mejor de lo mejor en lana. Hemos apostado por la mejor calidad. He traído lana de Italia, Alemania y otros lugares, y ese ha sido muestro secreto. Nunca ha dejado de venir gente. ¡Tenemos doscientas clases diferentes de lanas!».

Angelines sabe de lo que habla y no duda al decir que son infinitas las cosas que se pueden hacer con una buena lana. «Todo lo que te puedas imaginar lo puedes hacer realidad. La típica chaqueta de bebé o abrigos para adultos, chaquetones, capuchas, gorros, colchas, mantas, trajes, vestidos…».

Y si no sabes o no eres muy «manitas», no te preocupes porque «aquí no solo vendemos lana, sino que hacemos prendas de encargo, e, incluso, contamos con una profesional que enseña, de forma gratuita, cómo manejarse con ella. Desde aquí dirigimos y guiamos a la clientela cómo debe hacer la prenda que quiera o se la montamos nosotras, se la cosemos y planchamos.

Toda una vida detrás del mostrador, pero ha llegado la hora. «Al morir mi marido joven abrí los ojos y dije: ‘¿qué?, ¿vas a estar aquí toda la vida, Angelines? Y llegué a la conclusión de que las cosas hay que dejarlas cuando se debe. Pena, toda la del mundo. El día que puse el cartel de traspaso por jubilación se me caían unas lágrimas… pero respiré, cogí fuerzas y me dije: ‘aprovecha que estás bien física y mentalmente y disfruta de la vida que hay más allá de esto’».

El futuro es incierto, pero los deseo son libres y Angelines espera con ganas una llamada que le diga que quiere el local para seguir con el negocio de las lanas. «Yo les dejo el local montado totalmente para salir yo y entrar a vender mañana mismo. Así es como creo que estos negocios tienen más oportunidad de permanecer. Me daría una pena tremenda pasar por Pérez Galdós y después de tantos años verlo cerrado o siendo otra cosa, pero bueno, lo que tenga que ser será».

El mensaje, eso sí, es claro. «Solo puedo dar las gracias a todas y cada una de las personas que han pasado alguna vez por aquí, porque me han demostrado mucho cariño y han pasado de ser clientes a amigos, y eso no es fácil».

‘Lanas y labores Angelines’, un negocio de siempre y, ojalá, aunque sin Agelines, para siempre.

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