CARTA AL DIRECTOR

Lobos

Siempre lo parirá la sierra. Con esa lejana mirada de aviso, de amarga miel. Ha regresado a su refugio de estrellas, con el eterno pecado de aparecerse en la garganta de una oveja. ¿Cabe esperar otra cosa de un animal carnicero? ¿En tu casa dormiría el jilguero en el cubil del gato? ¿No es absurdo o sospechoso poner el grito en el cielo?

¡Ah! ¿Que las estacas y los alambres de los rediles son invisibles, son bardales de viento? ¡Ah! ¿Que el negocio no da para un pastor? ¿Me dices que en aras del beneficio, habría que acabar con el lobo?

Viene con la misericordia de un decreto sobre sus lomos que le vuelva a recortar en el ocaso del horizonte, su silueta. Pero, aún, cuántas camarillas de bar, cuántos sicarios le van dejando por los caminos una dulce carnada de muerte, como si no tuviera derecho a existir en su medio natural, libre. Y es que sólo mata por matar el hombre: ¿El peor animal sobre la tierra?

Venía de amamantar un imperio, y la Caperucita Roja de Perraut y de los hermanos Grimm, le hicieron un flaco favor feroz. Y después, otros, en infinidad de cuentos, novelas y películas, lo van paseando una vez al mes bajo el influjo de la luna llena, de sanguinario licántropo.

¿Sabes que el lobo ama a su hembra hasta la muerte, que son fuertes, nobles, inteligentes, solidarios? ¿Sabes que su manada es una escuela de vida, que los ejemplares más viejos y enfermos van los primeros en su peregrinar para no acabar rezagándose y perderse, que los más fuertes caminan por detrás al ritmo de ese digno y respetado cansancio de sus mayores?

Oh, ya quisiéramos tener para nuestra vida o recuperar, si alguna vez los tuvimos, esos valores eternos del lobo.

Cuando te pidan tus niños que les leas un cuento, donde diga lobo feroz o que viene el lobo, ¿por qué no te atreves a cambiarlo? ¿Qué tal sonaría, político corrupto o ruin banquero?

Sí, ha vuelto el lobo a la sierra riojana, desmitificarlo como animal sanguinario con la leyenda negra y falsa que aún subsiste, es una tarea difícil de ganar.
Dejemos al lobo existir en su estado natural. Dejémosle aullando en la noche, le da igual si no hay plenilunio, su misterio, su pureza.

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