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Pupilas blanquirrojas

Tengo un muy buen amigo que anda por la vida con las transaminasas bastante jodidas. Ni idea de lo que son. Pero vamos, que anda preocupado con ese asunto. Normal. Y yo le respeto. Le escucho sobre esta dolencia sin reflejo físico, pero que le impide tomarse una copa de vez en cuando. Solo en Nochevieja se arrea una botella de vino. Y ya. El resto del año se marca un Caneda en toda regla, y aún así sus transaminasas no le conceden un respiro. Las tías ahí andan siempre por todo lo alto. Le traen por el camino de la amargura, al pobre. Y Llegados a cierta edad, la empatía sanitaria obliga. Amigos a las duras y a las maduras. Ya os pasará.

Y uno se muestra orgullosamente empático con el tema sanitario. Ley de vida. Y es que uno aguanta casi de todo, pero no lo soporta todo. Lo de las transaminasas, lo de marcarse un Caneda, lo del Real Madrid, lo de Raúl González Blanco, lo de Zidane, lo de su precisión matemática… Amigos para siempre. Un tipo espectacular. Salvo por esa preguntita y su ausencia en Las Gaunas… con esa preguntita y esa ausencia me mata. Lee, escucha, mira, se fija, sigue, entiende, pero no da el paso definitivo. Le gusta el fútbol, tiene sus batallas futbolísticas de cuando las transaminasas no le tenían el cuerpo hecho escombro. En su caso, es tan seguidor que pone en valor, incluso, la virtud de que tengamos la pasión de movernos con determinación por el infrafútbol; atiende a la actualidad de la Segunda B; sigue la Cadena SER con atención; leerá este artículo… Respeto máximo a este buen amigo, hasta que llega la preguntita rutinaria del domingo por culpa de su ausencia constante. Cada domingo, tras cada partido, lo mismo: “Bien, ¿no?”. 3-2, 4-0, 4-0, 3-0, 2-0, 4-1…

Suspirito, empatía en relación a sus transaminasas, y emoticono de aplausitos en el Whatsapp a modo de respuesta. Igual, como mucho, un brazo forzudo, una carita de complicidad, y poco más. 3-2, 4-0, 4-0, 3-0, 2-0, 4-1… 37 puntos, liderato. Pero siempre me remata con su respuesta a mi gesto formal: “Queda mucho, poco a poco”.

¿A mí me lo vas a decir? ¿A los 3.000 fieles de siempre se lo vas a decir? Claro que queda mucho. Un potosí. Queda media vida, porque la otra parte de la vida nos la hemos dejado en estas once temporadas previas y en esta década de altos y bajos, de toparnos por el camino con descreídos, ventajistas y agoreros, de tener que pasar educadamente de largo, con educación, durante estos once años, de aquellos que pregonan el “te lo dije”. Claro que queda mucho, lo más difícil. Pero el aficionado blanquirrojo desconoce tanto el futuro de su equipo como barrunta algo grande más adelante gracias a la acumulación de experiencias de todo tipo durante este largo caminar por la Segunda B.

UD Logroñes – SD Leioa | Foto: Eduardo del Campo

Queda exactamente el mismo trecho que llevamos andado, queda el asunto más importante, saber cómo acabará todo esto. Es como si estuviéramos en el punto de partida. Ni idea de cuándo, ni de dónde, ni de cómo llegará… Pero el aficionado blanquirrojo es tremendamente consciente de todo lo que queda, pues siente que esto acaba de comenzar, y solo desea que lo mejor esté por llegar, porque lo vivido hasta el momento no deja de ser un primer paso hacia el resto del viaje.

Ahora, en estos momentos, tras muchos altibajos, conviene reconocerle al sufrido seguidor blanquirrojo el camino andado, para que se permita el respiro, gracias a este equipo de récord, de festejar cuanto le plazca… al menos hasta el próximo domingo. Porque por si aún no lo sabes, el fútbol, cuando ni lo juegas ni lo diriges, cuando lo vives desde la grada, va única y exclusivamente de vivirlo, sentirlo, lamentarlo y solo de vez en cuando celebrarlo, disfrutarlo, paladearlo. Y es lo que toca ahora mismo. A saber qué pasará a final de temporada, qué pasará en los playoffs de ascenso, qué sucederá en la segunda vuelta, cómo vendrá el 2020, cómo será el primer partido de la segunda vuelta ante la Real Sociedad B… Ni idea de lo que sucederá el domingo que viene en Lasesarre.

Así que para los pupilas blanquirrojas es el momento de dejarse llevar un poquito. Que llevabais seis partidos sin ganar al Leioa. Para los pupilas blanquirrojas es el instante de sacar un poco de pecho, pues nunca antes habíais sido tan líderes en la jornada 17 y durante más de cuatro semanas. Para estos pupilas blanquirrojas de poco sirve advertirles de que todo puede cambiar de aquí a primavera. Ya lo saben. Lo saben mejor que nadie. Llevan en el barro demasiado tiempo como para señalarles que su camino está repleto de trampas: Torrent, Formentera, Iván Aguilar…

Y seguro que te ha pasado. Al mismo tiempo que el amigo te advierte de que no te subas en exceso, que poco a poco, que queda mucho… al mismo tiempo te pregunta: “¿Van a ascender este año?”. Te encoges de hombros, y sigues. Porque eso no lo sabe nadie, absolutamente nadie. Puede ser. Y puede ser también que no sea. Así que la única verdad existente relativa a este ecosistema del fútbol riojano que sigue distante al estado de felicidad blanquirrojo permanente es la siguiente: “Lo mejor de haber llegado hasta aquí es haber recorrido todo este camino, y lo que esté por llegar no puede ser peor ni mejor a lo ya vivido; solo será diferente… y nuevo”.

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