El Rioja

Martínez de Toda: «Si todos nos dedicáramos al mismo vino, las cuentas no saldrían»

Martínez de Toda: «Si todos nos dedicáramos al mismo vino, las cuentas no saldrían»

Se avecina una época de cambios en el sector empresarial vitivinícola, donde las bodegas de reciente creación buscan más la excelencia que una mayor producción. Pero la tierra del Rioja tiene cabida para todas las variedades y las nuevas creaciones. Así lo considera el catedrático y doctor Ingeniero Agrónomo en la Universidad de La Rioja, Fernando Martínez de Toda, quien este viernes ha inaugurado el Curso de Experto en Dirección de Empresas Vitivinícolas. Además de cultivar su conocimiento y el de sus alumnos, la viña tampoco se le ha resistido, aunque ahora la mantenga más como legado familiar mientras delega en otros sus labores.

En este módulo, se va a encargar, junto con otros expertos, de analizar la actividad vitivinícola dentro de su marco institucional, así como la realidad económica y la competencia que existe en el sector. ¿En qué se diferencian estos conocimientos de los que se pueden adquirir, por ejemplo, en el Grado de Enología que ofrece la UR?

Actúa como un alternativa para aquellas personas que no pueden acceder al grado universitario, porque realmente se ofrece un temario general. En este sentido, son cuatro los módulos que se imparten para poder cursar el máster correspondiente: viticultura, enología, dirección de empresas vitivinícolas y análisis sensorial. Además, a diferencia de lo que sucede en la carrera de Enología, en este curso son multitud de profesionales del sector, más de una veintena, los que imparten los módulos, dando la posibilidad a los alumnos de atender a diversas perspectivas.

¿Y en qué estado se encuentran a día de hoy las empresas vitivinícolas? ¿Cómo han evolucionado en los últimos años?

Ahora están surgiendo bodegas nuevas muy pequeñas que ofrecen vinos más caros, más selectos y diferentes para alcanzar una excelencia, en lugar de primar una mayor producción. Suelen estar ligadas a la denominación de ‘viñedos singulares’. Pero en la DOCa debe haber cabida para aquellas empresas que persiguen grandes volúmenes y para las que prefieren una producción más peculiar. Si todos nos dedicáramos al mismo vino, las cuentas no saldrían, no se vendería todo, y la Denominación produce al año cuatrocientas millones de botellas de sus 65 mil hectáreas de uva tinta que la componen.

Una de sus demandas a la DOCa Rioja era, precisamente, esa calificación de viñedos singulares para diferenciar las variedades muy buenas de las no tan buenas.

Claro, porque no se podían distinguir las variedades de altísima calidad del resto. Una vez que adquirimos el término de ‘Calificada’ era necesaria esa diferenciación, porque no es igual un viñedo de 70 años que uno joven de regadío, por lo que tampoco se deberían vender igual.

Recién terminada la cosecha de este año, muchos hablan de una vendimia histórica. ¿Cuál es el balance que realiza? 

Es cierto que en términos de calidad es un año espectacular. La uva ha salido bonita, suelta, sana… excepcional en todos los sentidos. Sin embargo, los precios no van a ser tan generosos, ese es el problema, porque dependen del mercado, las existencias y la producción, no de la calidad. El año pasado, por ejemplo, ocurrió exactamente lo contrario: hubo mayor volumen de producción pero la calidad se vio mermada, y la uva se pagó más cara. Y luego está el asunto de los aranceles estadounidenses, que también van a afectar a un descenso considerable de las ventas.

Un asunto que, junto con el calentamiento global, preocupa verdaderamente a los viticultores y agricultores en general.

Es cierto, pero el cambio climático no afecta a todas las zonas de la DOCa Rioja por igual. Es más, los viñedos de altura, como son los de Rioja Alta o el Valle del Najerilla, se van a ver realmente beneficiados con este aumento de las temperaturas porque se va a asegurar la correcta maduración de la uva de forma escalonada. En el caso de la zona oriental, el efecto no va a ser exactamente positivo, sino que los viticultores tendrán que adaptarse al cambio a través de una serie de técnicas que retrasen esa maduración. Justo ahora estamos trabajando en un proyecto relacionado, donde planteamos acciones como la poda tardía, el recorte de pámpanos para dejar menos superficie foliar, la plantación en altura y la elección de variedades más tardías para combatir esos efectos negativos.

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