San Mateo

El horario del cohete cambia, pero las tradiciones no

Muchos han visto con asombro el cambio de horario del disparo del cohete. La tradición nos tenía acostumbrados a quedar por la mañana con nuestra cuadrilla, tomar algo, atarnos el pañuelo al cuello e ir sin prisa, sobre las 11.30 de la mañana, hacia la plaza del Ayuntamiento para, nerviosos, gritar ¡viva San Mateo! ¡Viva!

Pero este año, con los cambios que ha habido, sobre todo en relación a la jornada lectiva de los colegios, el lanzamiento del cohete que anuncia el inicio de las fiestas va a ser el viernes a las 19.00 horas. Pero que no cunda el pánico. Las tradiciones están para seguirlas y si están acompañadas de diversas actividades, mejor que mejor.

Todo es ponerse, cambiar el chip y salir a la calle, por ejemplo, a la hora del vermut. Vas abriendo boca con unos pinchos, unos cortos o unos vinos al ritmo que, seguro, marcarán algunas charangas por el centro. Tienes todo el tiempo del mundo, así que puedes acercarte al Espacio Peñas 2.0, situado en la fuente de Murrieta para tomarte «un digestivo», marcarte un pasodoble e ir calentando de camino a el Ayuntamiento. Una vez allí, pañuelo en mano y mirando al cielo, volverás a gritar ¡viva San Mateo! ¡Viva!

Los bares, preocupados

El cambio de horario «lo sufrimos todos», pero quizá, donde más se vaya a notar es en el sector de la restauración. Los bares tiene previsto «abrir sin descanso desde las 14.00 horas hasta las 06.00 horas», comenta Álvaro Ruiz-Olalde, dueño de un local de la calle Sagasta. «La idea es que la gente coma fuera de casa y luego, antes del cohete, pase por aquí», indica.

La mayor parte de los bares de copas van a abrir a partir de las dos de la tarde, y los de la calle Bretón, Portales y Espolón «lo harán desde por la mañana con el fin de dar un buen servicio de vermut», explica Eduardo Pérez, presidente de los bares de la Plaza del Mercado.

Muchos de los propietarios de locales de copas de la ciudad coinciden en la «incertidumbre» que está causando este cambio de horario. «No sabemos cómo preparar el día, a qué hora va a haber gente, es complicado prever lo que va a suceder y a qué horas y eso, al final es muy perjudicial para maximizar los recursos», afirma Pérez.

Además prevén que «va a confluir la gente que sale al chupinazo y la de la noche, colapsando los bares y haciendo así difícil dar el perfecto servicio que se daba los pasados años. Antes se podían limpiar las calles y reponer los bares a las nueve de la noche y se comenzaba de nuevo otra vez».

Todo ello, económicamente, va a suponer un «importante descenso de las ventas al disponer de menos horas de trabajo». O al menos, eso creen los hosteleros.

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