La Rioja

No habrá paz para los morados: Podemos La Rioja, una hidra de tres cabezas

Desde hace ya algún tiempo se extiende la leyenda de que Matt Groening, además de un genio de la animación, tiene dotes de visionario. «Ya lo predijeron los Simpson», da igual cuándo lo leas y en qué contexto. En realidad no tiene tanto mérito. A poco que uno sea capaz de dar forma a casi setecientos capítulos, malo será que no aciertes con algún hecho futuro o, al menos, te acerques a la realidad.

La auténtica mente preclara fue la que creó la mítica secuencia en la que el Frente Judaico Popular y el Frente Popular de Judea se enzarzan en una absurda discusión en el momento álgido de ‘La vida de Brian’. Pero uno adquiere la certeza de que los Monty Phyton echarían a correr si alguien les pidiera que dramatizaran los últimos acontecimientos en Podemos La Rioja. Porque ojalá todo se pudiera simplificar a dos facciones que niegan la mayor de la contraria a cada paso que dan. La estructura interna del partido no solo está fragmentada, sino que además cada una actúa por libre y -lo que es peor- sin ningún atisbo de estrategia racional como fundamento.

Este jueves, apenas un rato después de que Concha Andreu diera a conocer la estructura de su Gobierno, un comunicado de prensa hacía saltar por los aires la tranquilidad en La Rioja. «Podemos da por roto el acuerdo de Gobierno con el PSOE en La Rioja». ¡Boom! Y por si le faltaba algo de picante a la receta, en unos minutos Podemos La Rioja desmentía por las redes sociales la noticia, que no puede considerarse ni mucho menos una ‘fake news’.

¿Qué Podemos?

Podemos sí da por roto el pacto en La Rioja, pero, ¿qué Podemos? Aquí es donde las cosas se complican y desde estas líneas vamos a intentar exponer todas las piezas de este complejo puzzle: el Podemos que rompe con el PSOE es el representado por la gestora de la formación en La Rioja, que en estos momentos actúa de forma autónoma a su diputada en La Rioja (Raquel Romero), cuyo entorno difunde el desmentido.

En los micrófonos de la Cadena SER, la concejal en el Ayuntamiento de Logroño, Amaya Castro, ha señalado este viernes que ni la gestora de la que forma parte ni la dirección estatal de Podemos respaldan la decisión de Raquel Romero de asumir la Consejería de Participación, Cooperación y Derechos Humanos en el Gobierno de La Rioja, acusándola de «ocupar una postura de poder que no tiene».

Romero, por su parte, ha indicado que sus planes pasan por asumir el cargo de consejera «hasta que se llegue a una asamblea ciudadana que tenga legitimidad», subrayando la ruptura entre su entorno y el equipo técnico que gestiona el partido en la región.

¿Todo claro? Vale, porque las verdaderas curvas aparecen ahora. El control que Podemos Estatal ejerce sobre la gestora en La Rioja es poco menos que inexistente y a todo ello hay que sumar a los purgados por la dirección autonómica, que han abandonado la primera línea estructural pero no su acción política y también juegan su papel en las informaciones que han forzado, entre otras cosas, que Nazaret Martín renunciara a la Consejería cinco días después de haber asumido el cargo.

Tras la renuncia de Nazaret Martín y en un delirio de nombramientos a ‘última hora’, la gestora intentó colocar como consejera en el Gobierno de Andreu a una cuñada política de Jorge Verstrynge, Amalia Revuelta, cuya presencia en la actualidad regional duró apenas unas horas. Raquel Romero deslegitimó su designación en un abrir y cerrar de ojos, indicando que la reunión era «irregular» y que ella no tenía constancia de la misma.

Órdago estéril

Teniendo en cuenta todos estos matices, si se legitima el discurso de la gestora y se considera por roto el pacto entre Podemos y PSOE, ¿qué efectos inmediatos tendrá sobre el futuro político de la región? Pues lo más probable es que ninguno.

Primero, porque en el ámbito regional la formación morada solo puede tomar cartas en un sentido: aplicando un expediente disciplinario a Raquel Romero o, en el peor de los casos, expulsándola del partido. En cualquiera de estos supuestos, el acta de diputada es propiedad de Romero, que podría seguir ejerciendo como tal (y como consejera) en calidad de independiente. El Gobierno de Concha Andreu estaría, por tanto, a salvo.

Y segundo, porque en el ámbito local (el pacto afianza a los alcaldes socialistas de Logroño y Haro) retirar el apoyo al PSOE desembocaría en un ‘harakiri’ estratégico, pues su única opción sería tumbar los presupuestos o dar esas Alcaldías al Partido Popular (PP) gracias, precisamente, a Podemos. ¿Perdonarían eso las bases moradas? Parece improbable. Pero, además de eso, existen otros actores de la confluencia Unidas Podemos que nada quieren saber de los líos internos de sus socios. Sin ir más lejos, el concejal de Medio Ambiente en el Ayuntamiento de Logroño, José Manuel Zúñiga, quien ha salido este viernes al paso para subrayar que Equo no ha roto ningún pacto.

Así están las cosas en Podemos La Rioja, al menos en esta fase del partido. Una estructura completamente fragmentada, cuyos sectores cruzan comunicados con sentidos completamente opuestos y una militancia diezmada por una purga interna que ya incluso duda a quién legitimar como responsable de la formación hasta que la dirección estatal acabe con la eterna interinidad de la gestora a través de un proceso participativo con garantías.

Mientras eso no suceda, no habrá paz para los morados y el partido seguirá convertido una suerte de hidra que, al igual que el ser mitológico, regenera dos cabezas por cada una que se elimina. El equipo de Pablo Iglesias ha mirado hacia otro lado desde que los líos internos de Podemos comenzaron a aflorar en 2o15. Ahora le toca valorar si es mejor tarde que nunca para tomar las riendas de un partido que parece haber tocado fondo en la región, aun teniendo en cuenta su innato talento para sorprender siempre con un nuevo episodio.

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