La Rioja

Intimando con el Ebro: paseo en piragua por Logroño

El Ebro es parte inherente de La Rioja: lo cantan las canciones populares, las jotas, y lo sabe todo logroñés y riojano que se precie. En el área capitalina del río, en sus orillas, pasean los caminantes, corren los ‘runners’, ‘bicicletean’ los ciclistas, meriendan las cuadrillas, se declaran los enamorados… El Ebro es ese mastodonte que cruza la región de este a oeste, pero que a menudo tiene problemas para socializarse con el resto.

Sin embargo, como en la vida, cuando alguien conoce el interior, las relaciones y las percepciones cambian notablemente: a veces para mejor, otras para peor, pero no dejan impasibles. El Ebro es igual. Por eso, cuando en vez de mirarle desde fuera se le disfruta desde dentro ni es tan temible, ni es tan distante, ni es tan verde, ni tan sucio… Para vivir esta experiencia, la de surcar sus aguas, la forma de hacerlo es en piragua.

Casi cada día, especialmente los fines de semana, desde hace más de una década, Rafting Rioja Aventura ofrece paseos en piragua o más bien ‘kayak’, esa diferencia que tanto confunde a los profanos en la materia. Y un buen ejemplo se ha vivido este fin de semana. «Hemos tenido varias despedidas, pero también ha habido grupos familiares», explica Iván, monitor de la actividad, en el embarcadero del Ebro, de donde parten las canoas.

Sentado en el suelo, Luca -de cinco años- está enfadado y temeroso: no quiere meterse en una piragua y navegar por el Ebro. ¿La razón? Las pirañas que amenazan con atacarle. Es lo que tiene la imaginación. Él, junto a su hermana Martina, de tres, son los pequeños del grupo que está a punto de conocer Logroño desde otra perspectiva. El acento de la mayoría les delata: argentinos.

«Llevamos en La Rioja casi veinte años, pero nunca habíamos probado esto y nos apetecía», reconocen Marcela y Daniel. Óscar está en las mismas: «Nos vamos a hacer rafting o kayak en otros lugares, como la bajada del Sella, y no conocíamos el practicarlo en Logroño», añade Óscar.

Por ello, con la intención de probar cosas nuevas, se han lanzado a darle al remo: «Recordad, hay que meter la pala recta», recalca Iván. Es parte de las nociones que se dan al inicio de la actividad: remar hacia delante de una manera, hacia atrás de otra, girar, salir cuando se está encallado…

Y entre palada y palada, buen rollo, recorrer el Ebro hasta el cuarto puente hacia un lado y hasta la isla por el otro… Y disfrutar de las caudalosas aguas del misterioso río que nos recorre que «no tiene remolinos, eso es en el mar, aquí son corrientes y tampoco hay tantas», recalca el monitor Iván. Lo dicho, el Ebro, un desconocido.

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