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Pasa el Hércules, gana el fútbol riojano

Para los amantes de la equidistancia: la Unión Deportiva Logroñés ha caído eliminada, volverá a jugar en Segunda B, ha fracasado en un nuevo intento tras una importante inversión. La ha pifiado, y no ha sido mejor en 180 minutos al Hércules. Estaba todo tan igualado que la lesión de Miguel ha supuesto un trance que no se supo resolver a tiempo desde el banquillo para tener verdaderas opciones de clasificación. Para los equidistantes: la Unión Deportiva Logroñés suma un nuevo fracaso deportivo.

Los equidistantes son aquellos que han vuelto a aparecer durante este último mes de competición, lo que viene a manifestar que el asunto se está poniendo serio y el sentimiento va calando profundo. Los equidistantes andan preocupados de que el fútbol riojano vuelva a latir, bombee sangre y cobre la respiración, que deja de estar asistida, porque de nuevo el club pasa a ser de la gente. Y no hay ni un solo equidistante entre los que van al fútbol, en Segunda B, en Tercera… Ni uno solo entre ellos.

Los equidistantes se mueven en las sombras, generando una extraña sensación de confusión. Son esos del “que se joda Revuelta que yo no pago y lo veo por la tele”. Son los del “mejor haber comprado la marca del Club Deportivo Logroñés y no haber metido tanta pasta en este proyecto”. Los del “me gusta el fútbol, pero no voy porque ya no juega el Logroñés”.

Los equidistantes son esos que ya le dieron precisamente bien de matarile al histórico cuando peor lo estaba pasando; y ahora, preocupados ellos, vete tú a saber por qué motivos, reaparecen al ver surgir algo nuevo que conquista las calles. Bueno, sí hay un motivo: que el éxito de un equipo evidencie su error.
Así que se agitan nerviosos en el sofá de su casa y mastican piedras al fondo de su bar desde el que pontifican sin darse cuenta de que cada vez menos gente les escucha. Porque están absolutamente fuera. Porque no entienden absolutamente nada.

No entienden que de las derrotas también surgen verdaderas historias de amor. Porque el amor se gestó antes del fracaso. Y al caído con honor solo hay que ayudarle a levantarse para volver intentarlo. No comprenden que hay fiascos deportivos que deben ser vistos como éxitos incuestionables. No serían capaces de entender que lo que ha sucedido en Las Gaunas al término del encuentro es un gesto para la historia. Pasa el Hércules. Y gana el fútbol logroñés.

Gana diez minutos de ovación tras una derrota. Gana a 10.000 personas con el vello erizado. Gana un espacio para la comprensión de que esto no se acaba hasta que la gente diga basta. Al Logroñés se le dio la espalda. Y a la Unión Deportiva Logroñés se la ha gritado “sí se puede” pese a la derrota. La región y la ciudad han ganado una grada que debemos mimar pues está dando sus primeros pasos hacia adelante.

Gana una ovación rotunda de diez minutos, advierte que los caminos de la conexión emocional son incomprensibles, pues se comienzan a caminar cuando uno menos se lo espera. La motivación de una remontada casi imposible ha provocado un movimiento inusitado que debiera acabar con la equidistancia de aquellos que observan un proyecto de muchos desde la frialdad de la distancia, desde el consejo tramposo, desde la lección vacía de contenido, desde la distancia porque se produce desde el más absoluto desconocimiento. No se entiende aquello que no se vive, que no se respira, que no se comparte.

Desde las poltronas de los equidistantes, la vida se detiene en un problema tremendo para una región donde somos cuatro gatos. Ese “que se joda Revuelta que yo no pago” es tan pernicioso, tan fofo, tan manido, tan desacertado que conviene alejarse cuanto más de ello, pues una región debe estar basada en la construcción, porque como aprendimos con el Club Deportivo Logroñés, para destruir lo común siempre hay tiempo si a estos cafres se les deja el bastón de mando.

Y creo comprender la razón del surgimiento feroz de esos que afirman que era mejor “haber comprado la marca del Logroñés” que “apostar por esto”. A nadie le gusta quedar en evidencia cuando el futuro futbolístico gana peso, se ilumina con miles de gargantas, y la gente en blanco y rojo recupera la calle para trasladarse a la grada de su estadio. Y es que los equidistantes siempre han tenido una solución para solucionar lo que ellos mismo califican como “el problema del fútbol en la región”. Lo que pasa es que nunca han estado dispuestos a mojarse el culo. Al contrario lo que han hecho esos 10.754 espectadores que han bajado al río y se han mojado de ilusiones.

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